En 1963, el herpetólogo estadounidense William E. Duellman describió una rana nueva para la ciencia en las tierras altas de Costa Rica. Le dio un nombre que rendía homenaje a alguien muy concreto: Agalychnis annae, la rana de Anna, en honor a su esposa. Fue un gesto cariñoso hacia un animal que, de noche, resulta prácticamente irreal: ojos de un naranja intenso, flancos de un azul brillante, dorso verde esmeralda y toques rosados en las axilas y la garganta. De día, en cambio, se pliega bajo una hoja grande, esconde los ojos y se convierte en un simple bulto verde, invisible a cualquiera que no sepa exactamente dónde mirar.
Esa misma rana, tan espectacular como esquiva, protagoniza una de las historias de conservación más desconcertantes de Centroamérica: desapareció donde debía estar a salvo, y reapareció donde nadie esperaba encontrarla.
Un fantasma del bosque
Durante los años ochenta, Agalychnis annae era un animal relativamente común en las selvas nubosas del centro de Costa Rica, incluida la célebre Reserva de Monteverde. Y entonces, sin previo aviso, empezó a desaparecer. No de zonas taladas ni degradadas, sino de bosques bien conservados y oficialmente protegidos. El hábitat seguía intacto. La rana, simplemente, ya no estaba.
No fue la única especie afectada. Un buen número de anfibios centroamericanos sufrió el mismo destino por la misma época, incluido el mítico sapo dorado de Monteverde, hoy extinto. La causa, que tardó años en identificarse, fue la expansión de un hongo letal para los anfibios, Batrachochytrium dendrobatidis (conocido como Bd o quitridio), posiblemente favorecida por el cambio climático. De dónde vino exactamente ese hongo y cómo llegó a Centroamérica sigue sin estar del todo claro.
2004, 2008 y 2014: catalogada «En Peligro» (EN) por la UICN, tras su desaparición de gran parte de su área de distribución histórica.
2020: rebajada a «Vulnerable» (VU) al confirmarse la recuperación de las poblaciones urbanas del Valle Central costarricense.
El misterio de la ciudad
Con el tiempo, los herpetólogos hicieron un descubrimiento tan alentador como extraño. La especie no se había extinguido: sobrevivía, y en algunos puntos incluso se había recuperado. Pero no en los bosques protegidos de donde había desaparecido —de los que sigue ausente casi por completo—, sino en el entorno urbano y agrícola del área metropolitana de San José: jardines, parques, cafetales, estanques ornamentales y canales de drenaje.
Nadie sabe con certeza por qué. Una hipótesis es que las ranas urbanas han aprendido a convivir con el hongo. Otra, más intrigante, apunta a que la propia contaminación humana del Valle Central podría perjudicar más al patógeno que a las propias ranas. Sea cual sea la explicación, el patrón es tan real como paradójico: la especie prospera precisamente en los hábitats más alterados por el ser humano, y sigue ausente de las reservas naturales mejor conservadas —con la única excepción del sector Zurquí, en el Parque Nacional Braulio Carrillo.
La distribución actual se estima en algo más de 16.000 km², profundamente fragmentada. A la amenaza del hongo se suman hoy la contaminación del agua, los pesticidas agrícolas y un pez introducido, el espada (Xiphophorus helleri), que se alimenta de los renacuajos.
Por qué es una especie de Citizen Conservation
La historia que ha llevado a esta rana hasta los terrarios europeos empieza, como tantas veces, con un decomiso. En 2024, las autoridades aduaneras suizas interceptaron en el aeropuerto de Zúrich un envío ilegal de huevos y renacuajos de Agalychnis annae. Los animales fueron entregados al Zoo de Zúrich, que los crió inicialmente para poder identificar la especie con certeza.
Lo que ocurrió después sorprendió a los propios cuidadores. En agosto de 2025, con apenas un año de vida, esas ranas se reprodujeron por primera vez en las instalaciones del zoo. Las nuevas puestas también se criaron con éxito, y pronto quedó claro que había base suficiente para arrancar un programa de conservación ex situ coordinado.
El 27 de marzo de 2026 se organizó lo que en Citizen Conservation ya se conoce como la «cadena de ranas»: cerca de 200 ejemplares viajaron desde Zúrich hasta el Zoo de Karlsruhe, en Alemania, y desde allí se repartieron en apenas 48 horas entre 14 criadores particulares e instituciones zoológicas de Alemania, Austria y Francia. Todo el operativo, seguido por un equipo de televisión de la cadena pública SWR, es un ejemplo poco frecuente de colaboración fluida entre autoridades aduaneras, zoológicos y aficionados a la terrariofilia.
Origen: huevos y renacuajos decomisados en el aeropuerto de Zúrich en 2024
Primera reproducción: agosto de 2025, en el Zoo de Zúrich, con animales de menos de un año
Reparto fundacional: unos 200 ejemplares distribuidos entre 14 criadores el 27 de marzo de 2026
Objetivo fijado por el comité científico de CC: 225 ejemplares repartidos en 32 grupos reproductores
No existía hasta ahora ningún programa de conservación ex situ para esta especie fuera de Costa Rica. Su presencia en Europa siempre fue testimonial: se exportó de forma oficial en los años setenta y ochenta, y ha sobrevivido en pequeño número entre algunos criadores privados y en el Manchester Museum, en el Reino Unido, pero sin que esas líneas llegaran nunca a consolidarse. El decomiso de Zúrich, paradójicamente, ha dado a la especie la primera oportunidad real de contar con una población de reserva genéticamente sana fuera de su país de origen.
Ficha de la especie
Nombres comunes: rana de flancos azules, rana de ojos naranjas; en Costa Rica, rana azul, rana de los cafetales, rana de café
Familia: Phyllomedusidae (filomedúsidos), 8 géneros y 67 especies; el género Agalychnis agrupa 14 especies, entre ellas la conocida rana de ojos rojos (A. callidryas)
Tamaño: machos 55-74 mm; hembras, más robustas, 65-85 mm
Esperanza de vida: en torno a 10 años
Distribución: tierras altas del centro de Costa Rica, entre 600 y 1.650 m de altitud
Estado de conservación (UICN): Vulnerable (VU)
Categoría CITES: Apéndice II
Normativa UE: Anexo B del Reglamento de especies protegidas
Categoría en Citizen Conservation: Categoría I, bajo gestión especial, solo para criadores con experiencia
Machos y hembras se distinguen, además del tamaño, por una callosidad nupcial parduzca que se forma en la base del primer dedo del macho durante la época reproductiva, y por el perfil de la boca: más suave y continuo en los machos, más anguloso en las hembras.
Cómo se cuida en terrario
Es una especie recomendada únicamente para personas con experiencia previa en anfibios arborícolas. Tolera bien la vida en grupo —no muestra territorialidad— por lo que Citizen Conservation recomienda mantenerla en grupos de un mínimo de diez ejemplares, aunque también puede mantenerse en parejas o ejemplares individuales sin problemas de bienestar.
Terrario para grupo de hasta 10 ejemplares: 60-80 × 60 × 100-120 cm (largo × ancho × alto)
Temperatura diurna: 24-26 °C · Temperatura nocturna: 17-20 °C · Máximo puntual tolerado: 30 °C
Humedad: nebulización regular; las hojas deben secarse en unas dos horas tras cada pulverización
Sustrato: no es necesario ni recomendable, por razones de higiene
Decoración: ramas trepadoras robustas, plantas de hoja ancha, un recipiente con agua para el baño
Alimentación adultos: grillos, moscas domésticas, cucarachas, cochinillas y saltamontes, 2-3 veces por semana
Cría de renacuajos: acuarios independientes; alimentación diaria con comida para peces u otros preparados
El terrario debe permitir una buena ventilación —los filomedúsidos son sensibles al aire viciado y al encharcamiento— combinada con zonas de mayor humedad. Un sistema de ventilación tipo «chimenea», con una abertura baja y otra más amplia en la tapa, ambas cubiertas con malla fina, suele funcionar bien. Una base ligeramente inclinada, más alta en la parte trasera, facilita que el agua escurra hacia el frente y mantiene el terrario más limpio.
Conviene manipular los animales lo menos posible y, cuando sea imprescindible, usar guantes de nitrilo para proteger la piel de la rana. Son animales estrictamente nocturnos: durante el día permanecen dormidos y pueden reaccionar con pánico si se les molesta en ese estado, dejándose caer hacia atrás y fingiéndose muertas brevemente antes de huir a saltos.
La reproducción en cautividad
Para estimular la puesta, se recomienda simular una estación seca de unos tres meses reduciendo el riego, seguida de un periodo de nebulización intensiva con agua a 20-22 °C y un descenso de la temperatura diurna a unos 18 °C, imitando la llegada de las lluvias. En esas condiciones, los machos empiezan a cantar y los amplexos se producen a los pocos días.
Cada puesta puede contener entre 45 y 126 huevos, buena parte de ellos huevos «abortivos» —una masa gelatinosa sin embrión que protege al resto de la puesta frente a la desecación—. Los renacuajos eclosionan a los 5-7 días y caen directamente al agua situada bajo las hojas donde se depositó la puesta. El desarrollo larvario es relativamente largo, con la metamorfosis completándose, en condiciones de terrario, en torno a los tres meses.
La madurez sexual se alcanza entre los 10 y los 12 meses. Es importante no mezclar sin criterio a los progenitores con su descendencia ya madura, precisamente para preservar la trazabilidad genética que da sentido a un programa de cría coordinado como el de Citizen Conservation.
Una historia que ya conocemos bien
Hay algo familiar en esta historia para cualquier lector habitual de Mundo Faunista. Una especie amenazada, un decomiso fortuito, un zoológico que hace de puente y una red de aficionados particulares que termina sosteniendo, con su conocimiento y su dedicación, una población que ninguna institución podría mantener en solitario. Es el mismo patrón que ya vimos con el cíclido de Mangarahara, con la tortuga de caja vietnamita o con el gecko de Guimbeau.
Agalychnis annae añade un matiz propio a esa historia: la de una especie que desafió las expectativas de la propia ciencia de la conservación, desapareciendo de la naturaleza protegida y sobreviviendo, contra todo pronóstico, en el paisaje más transformado por el ser humano. Que ahora cuente además con una reserva genética coordinada en terrarios europeos es, sencillamente, una capa adicional de seguridad para una rana que ya ha demostrado, dos veces, que sabe sorprender a quienes creían conocerla bien.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Citizen Conservation — Blue-sided Leaf Frog ·
Citizen Conservation, Basic Information and Care Guidelines for Agalychnis annae (abril de 2026), con datos de Duellman (1963, 1970, 2001), Proy (1993, 2000), Eisenberg & Kaesling (2012), Huber (2011-2013) y Hertz et al. (2011, 2012, 2020)
