domingo, 26 de julio de 2026 Órgano de la Federación FAUNA
Federación FAUNA
Publicación de Federación FAUNA
Iniciativa Faunista Visitar Faunism.org →
Un sitio de la Federación FAUNA | Criadores · Aficionados · Especialistas | www.faunism.org →
Última hora
Terrarios

El gecko leopardo aprende y recuerda: qué dice la ciencia

El gecko leopardo lleva décadas en laboratorios de todo el mundo como organismo modelo para estudiar fisiología, regeneración y determinación sexual. Ahora el mismo grupo de la Universidad Carolina de Praga que estudió sus cruces interespecíficos ha vuelto con una pregunta diferente: ¿cuánto aprende y cuánto recuerda? La respuesta, publicada en julio de 2025 en la revista Animals, es que aprende con eficacia en 20 ensayos, que recuerda lo aprendido durante al menos dos meses, y que la pérdida de memoria a los seis meses no es un déficit cognitivo sino probablemente una adaptación a los ciclos estacionales de su hábitat natural.

Por Sociedad Herpetológica Valenciana SOHEVA julio 5, 2026 11 min lectura Terrarios
El gecko leopardo aprende y recuerda: qué dice la ciencia

Gecko leopardo - CC BY-SA Matt Reynolds

Fuente científica — Animals, 2025

Este artículo está basado en el estudio de Landová et al. (2025), publicado el 8 de julio de 2025 en la revista Animals (DOI: 10.3390/ani15142014). El trabajo procede del Departamento de Zoología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Carolina de Praga, el mismo equipo responsable de los estudios de hibridación y crecimiento comparativo de Eublepharis publicados en 2015 y 2018.

Hay una pregunta que cualquier propietario de gecko leopardo se ha planteado alguna vez: ¿cuánto entiende este animal lo que ocurre a su alrededor? ¿Reconoce su terrario, aprende la posición de los escondites, recuerda dónde encontró comida la última vez? La intuición del aficionado veterano dice que sí, que estos geckos muestran algo parecido a la memoria. La ciencia, hasta hace poco, no había respondido esa pregunta con rigor experimental sobre plazos concretos.

Un equipo de la Universidad Carolina de Praga acaba de hacerlo. El estudio, publicado en julio de 2025 en la revista Animals, sometió a 56 individuos de Eublepharis macularius a una versión adaptada del laberinto acuático de Morris —la prueba de referencia para estudiar la memoria espacial en vertebrados— y registró su rendimiento durante la fase de entrenamiento y en dos retests separados por varios meses. El resultado desmiente la imagen popular de los reptiles como animales cognitivamente simples.

El estudio de 2023: cómo navegan, no cuánto recuerdan

Este no es el primer estudio del grupo de Praga sobre el gecko leopardo en el laberinto de Morris. En 2023, el mismo equipo publicó en Acta Societatis Zoologicae Bohemicae un análisis sobre las estrategias de orientación espacial de la especie: qué tipo de señales usa el gecko para navegar, cómo cambia su estrategia cuando se eliminan algunas señales, y qué variabilidad existe entre individuos. El diseño de aquel trabajo fue considerablemente más complejo que el del paper de 2025.

Tras una fase de entrenamiento idéntica a la del paper posterior, los 42 geckos que completaron el entrenamiento se dividieron en dos grupos. El primer grupo (Arena cues removed) recibió la eliminación progresiva de las cuatro señales del borde del tanque, una a una, hasta dejarles solo señales distales de la sala. El segundo grupo (Arena moved) mantuvo todas las señales del tanque, pero el propio tanque se desplazó de posición, haciendo que las señales proximales ya no indicaran correctamente la ubicación de la plataforma —que sí seguía en el mismo lugar respecto a la sala—. Ambos grupos pasaron también por un test en completa oscuridad.

Los resultados mostraron orientación alotética: los geckos combinan señales del borde del tanque y señales distales de la sala, y cuando las primeras dejan de ser fiables, son capaces de cambiar a las segundas. Sin embargo, la manipulación de señales no afectó al grupo en conjunto de forma consistente —el efecto fue fundamentalmente individual. Algunos geckos dependían de una señal concreta como el foco de luz de la sala; cuando se movió ese foco, esos individuos fallaron. Otros se adaptaron sin problema. En el test en oscuridad, los geckos encontraron la plataforma más rápido pero recorriendo una trayectoria más larga, lo que sugiere una estrategia motora alternativa —nadar en patrones sistemáticos— cuando la orientación visual no estaba disponible.

La conclusión central de 2023 fue que la variabilidad individual en estrategias de navegación es muy alta, tanto en qué señales prefieren como en la calidad de la información espacial que aprenden. El paper de 2025 parte de esa base para hacer la pregunta siguiente: una vez que el gecko aprende, ¿durante cuánto tiempo retiene lo que aprendió?

El laberinto: diseño adaptado para reptiles pequeños

El laberinto de Morris fue diseñado en 1981 por el neurocientífico Richard Morris para evaluar la memoria espacial en ratas. Consiste en un tanque circular con agua en el que hay una plataforma sumergida no visible desde la superficie. El animal debe aprender, a lo largo de varios ensayos, a localizar la plataforma usando referencias visuales externas y recordar su posición en pruebas posteriores.

Para el gecko, el equipo adaptó el aparato a las dimensiones y necesidades del animal. El tanque era de plástico negro, 51 cm de diámetro —la mitad del que se usa habitualmente con ratones—, con agua calentada a 28 ± 1 ºC para mantener la temperatura corporal óptima del gecko. La plataforma, un cilindro transparente de 9 cm de diámetro, estaba sumergida 2 cm bajo la superficie, invisible para el animal pero accesible cuando lo encontraba. Cuatro marcadores geométricos monocromos colocados en el borde del tanque indicaban los puntos cardinales; además, los animales podían usar referencias más lejanas de la propia sala —paredes, puertas, objetos— como señales distales de orientación. Todos los ensayos se grabaron con cámara fija en el techo, y las trayectorias se analizaron con el software Ethovision.

Una ventaja clave de usar agua como medio es que elimina la posibilidad de que el gecko use señales químicas, que en condiciones naturales son el canal sensorial dominante de la especie. Forzando la orientación visual, el experimento aísla la capacidad de memoria espacial basada en referencias visuales.

La flotación: el problema de la motivación

De los 56 geckos que empezaron el experimento, algunos adoptaron una estrategia de flotación pasiva: permanecían inmóviles en la superficie del agua en lugar de nadar activamente. Este comportamiento —que puede reflejar pérdida de motivación o ahorro de energía— se corrigió estimulando suavemente al animal con un bastón en la base de la cola para simular la presencia de un depredador. El número de estímulos necesarios por ensayo fue registrado como variable covariante en todos los análisis estadísticos. Al final de la fase de entrenamiento, 42 individuos (41 hembras y 1 macho) completaron el protocolo con suficiente actividad como para incluirlos en el análisis.

La fase de aprendizaje: 20 ensayos, un ensayo por semana

El protocolo de entrenamiento consistió en 20 ensayos, con un máximo de uno por semana y un tiempo máximo de 8 minutos por ensayo. Los geckos fueron introducidos en el tanque desde cuatro posiciones de salida diferentes —norte, sur, este y oeste, cinco veces cada una— para asegurar que el aprendizaje no dependiera de una única trayectoria memorizada.

El criterio de aprendizaje exitoso fue una diferencia estadísticamente significativa entre los tres primeros ensayos (S-training) y los tres últimos (F-training) en longitud del recorrido o tiempo hasta encontrar la plataforma. Ambas métricas mejoraron a lo largo del entrenamiento: la longitud media del recorrido fue significativamente menor al final que al principio (p < 0,0001). El tiempo de latencia también tendió a reducirse, aunque de forma menos limpia porque la latencia, como señalan los propios autores, refleja tanto la memoria como la motivación del animal —un gecko poco motivado tarda más aunque recuerde perfectamente dónde está la plataforma.

Dos meses después: la memoria se mantiene intacta

El primer retest (Memory test 1) se realizó dos meses después de terminar el entrenamiento, con 42 individuos y solo 3 ensayos. El resultado fue claro: la longitud del recorrido en el retest no fue significativamente diferente de la del final del entrenamiento (F-training). Los geckos encontraron la plataforma con una trayectoria tan eficiente como la de los mejores ensayos del entrenamiento, sin haber practicado durante dos meses. La memoria espacial se había conservado de forma robusta dentro de ese intervalo.

Seis meses después: hay que volver a aprender

El segundo retest (Memory test 2) se realizó cuatro meses después del primero —seis meses desde el final del entrenamiento— con una submuestra de 28 individuos. En lugar de tres ensayos, este test incluyó 30 ensayos completos de reentrenamiento, porque los autores anticipaban que la memoria podría haberse degradado.

Y así fue. Los primeros tres ensayos del retest 2 (S-Memory test 2) mostraron recorridos no significativamente diferentes de los del inicio del entrenamiento original. La información espacial se había perdido. Sin embargo, a lo largo de los 30 ensayos del retest 2, los geckos volvieron a aprender: los últimos tres ensayos (F-Memory test 2) mostraron recorridos significativamente más cortos que el inicio del reentrenamiento (p < 0,0001). Lo que sí cambió respecto al entrenamiento original fue la velocidad: al final del retest 2, los geckos se movían significativamente más despacio que en cualquier fase anterior, dato que los autores interpretan como una disminución de la motivación acumulada a lo largo de un experimento muy prolongado, no como deterioro cognitivo.

El diseño en cifras

Fase de entrenamiento: 56 geckos iniciales → 42 completaron · 20 ensayos · 1 ensayo/semana · duración máx. 8 min/ensayo

Memory test 1: 42 individuos · 3 ensayos · 2 meses tras el entrenamiento → memoria conservada

Memory test 2: 28 individuos · 30 ensayos · 6 meses tras el entrenamiento (4 meses tras el test 1) → reentrenamiento necesario, pero reaprendizaje exitoso

Por qué olvidan a los seis meses: una hipótesis ecológica

La interpretación más interesante del estudio no es que los geckos recuerden, sino que la duración de esa memoria parece ajustarse a la escala temporal de los cambios en su hábitat natural. Eublepharis macularius vive en zonas semiáridas de Pakistán, Afganistán, India e Irán, donde las lluvias estacionales transforman el paisaje de forma relevante entre temporadas, pero dentro de cada temporada —la de cría abarca aproximadamente dos meses— los recursos, refugios y referencias visuales se mantienen relativamente estables.

En ese contexto, recordar información espacial durante dos meses tiene valor adaptativo claro. Retener esa información durante seis meses, a través del cambio de estación y del periodo invernal de baja actividad, puede ser contraproducente: el mapa mental almacenado ya no describe correctamente el territorio actual. Un gecko que en primavera usa el recuerdo de dónde encontró agua en el otoño anterior puede estar siguiendo una información obsoleta.

Hay además un factor de consolidación: durante el invierno, los geckos reducen drásticamente su actividad. Un animal que apenas sale a explorar no practica su memoria espacial, no recibe refuerzos que consoliden los recuerdos existentes. Los autores hipotetizan que la pérdida de memoria tras seis meses refleja, al menos en parte, ese bajo nivel de «ejercicio mnémico» durante la temporada fría. La hipótesis es ecológicamente coherente, pero los propios autores reconocen que necesitaría confirmación en condiciones naturales.

El gecko leopardo en el contexto de los reptiles cognitivos

El paper sitúa los resultados en el paisaje más amplio de la cognición en reptiles. Las tortugas son el grupo mejor estudiado y el de mejor memoria registrada: las tortugas de Florida (Pseudemys nelsoni) recuerdan tareas aprendidas durante 36 meses; las tortugas de Aldabra y las de Galápagos, durante 9 años —aunque con reentrenamiento parcial. Los lagartos monitor y el lagarto abalorios (Heloderma charlesbogerti) recuerdan tareas de resolución de problemas durante 20 meses. El gecko leopardo queda por debajo de todos estos en durabilidad de la memoria espacial, lo que los autores vinculan al tamaño corporal: las especies más grandes tienen mayor número absoluto de neuronas en el cerebro terminal, y ese número parece correlacionar con la capacidad de memoria a largo plazo. No es que el gecko sea cognitivamente deficiente: es que sus capacidades se ajustan a su tamaño y a las demandas de su ecología.

También hay que tener en cuenta las diferencias individuales, que el propio equipo había documentado en detalle en el estudio de 2023: solo aproximadamente un tercio de los geckos con orientación alotética confirmada usaban estrategias claramente basadas en múltiples señales; los demás mostraron patrones muy distintos, incluyendo algunos que dependían de una única señal prominente y otros que combinaban estrategias cognitivas y motoras no cognitivas. Esa variabilidad individual en la calidad de la información espacial aprendida puede influir directamente en la durabilidad de la memoria: un gecko que construyó un mapa espacial robusto basado en múltiples señales probablemente lo retiene mejor que uno que aprendió solo a seguir una única referencia.

Qué significa esto para el terrariófilo

Si el gecko leopardo es capaz de aprender la posición de una plataforma en un tanque de agua y recordarla durante meses, también es capaz de construir un mapa mental de su terrario: la posición de los escondites, el punto donde aparece el alimento, el rincón más cálido, el recorrido del cuidador. No reacciona solo a estímulos inmediatos: trabaja con información acumulada.

Eso respalda el valor del enriquecimiento ambiental basado en la estabilidad espacial. Un terrario con escondites en posiciones fijas, zonas térmicas predecibles y rutinas de manejo consistentes permite que el gecko construya y consolide un mapa espacial funcional. Cambiar la disposición del terrario con mucha frecuencia puede dificultar ese proceso sin aportar ningún beneficio real al animal. El enriquecimiento más eficaz no es la novedad constante: es la complejidad estable que el gecko puede aprender y explotar.

Redacción Mundo Faunista

Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.

Fuentes:
Landová E, Chomik A, Vobrubová B, Hruška Hášová T, Voňavková M, Frynta D, Frýdlová P (2025) Memory in Leopard Geckos (Eublepharis macularius) in a Morris Water Maze Task. Animals 15(14): 2014. https://doi.org/10.3390/ani15142014  · 
Landová E, Chomik A, Vobrubová B, Hruška-Hášová T, Voňavková M, Frynta D, Frýdlová P (2023) Spatial orientation of Eublepharis macularius (Reptilia: Squamata) in a Morris Water Maze task. Acta Societatis Zoologicae Bohemicae 86: 97–117.

Etiquetas: AnimalsaprendizajecognicióncomportamientoEublepharis maculariusgecko leopardolaberinto de Morrismemoriaorientación espacialterrariofiliaUniversidad Carolina de Praga
¿Te ha resultado útil? Compártelo: Twitter / X Facebook WhatsApp

También te puede interesar