El kākāpō (Strigops habroptilus) es, en muchos sentidos, un loro que rompe todas las reglas del grupo al que pertenece: no vuela, es nocturno, puede vivir décadas y solo se reproduce cuando ciertos árboles neozelandeses fructifican de forma masiva, algo que no ocurre todos los años. Esa reproducción tan poco predecible es precisamente lo que hace tan significativo el anuncio que el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda (DOC) hizo público el 1 de septiembre de 2026: la población oficial de la especie ha alcanzado los 325 ejemplares, la cifra más alta desde que arrancó el programa de recuperación en 1995.
Noventa pollos tras cuatro años de espera
La cifra se hizo oficial en cuanto el pollo superviviente más joven de la temporada 2026 cumplió 150 días de edad, el umbral a partir del cual los jóvenes kākāpō se consideran ya independientes y pueden sumarse al recuento oficial de la especie. Ese día, noventa pollos nacidos esta temporada entraron de golpe en las estadísticas.
Deidre Vercoe, responsable de operaciones del Kākāpō Recovery Programme del DOC, subrayó lo inusual del contexto: la especie llevaba cuatro años sin criar, y la última vez que la población pudo haber superado los 300 ejemplares fue, probablemente, hace unos 75 años. Vercoe destacó además el propio volumen del logro: «noventa pollos en una sola temporada es un récord; en los primeros años de recuperación, conseguir esa cifra costó dieciséis años».
1995: el programa arranca con solo 51 ejemplares (31 machos y 20 hembras)
2026: población oficial de 325 ejemplares, tras 13 temporadas de cría
Temporada 2026: 90 pollos nacidos, la cifra más alta de una sola temporada en la historia del programa
Tres poblaciones reproductoras: Whenua Hou/Codfish Island, cerca de Rakiura; y las islas Pukenui/Anchor y Te Kāhaku/Chalky, en Fiordland
Menos intervención, más naturalidad
Uno de los aspectos más interesantes de esta temporada no aparece en las cifras de población, sino en cómo se ha gestionado la cría. Tāne Davis, representante de Te Rūnanga o Ngāi Tahu en el Kākāpō Recovery Group, explicó que el programa ha empezado a probar fórmulas de manejo menos intensivo: menos revisiones directas de huevos y pollos, apoyándose en su lugar en tecnología de monitorización remota de nidos, y una reducción de la alimentación suplementaria que hasta ahora se ofrecía a las hembras.
Según Davis, el objetivo ya no es solo maximizar cada cría, sino identificar en qué puntos la intervención humana sigue siendo imprescindible y en cuáles la especie puede empezar a criar en condiciones más parecidas a las naturales. Es un cambio de filosofía relevante para un programa que, durante décadas, ha dependido de un control casi milimétrico de cada huevo y cada polluelo para compensar la baja diversidad genética de la especie —consecuencia directa de haber partido de una población fundadora tan reducida— y los problemas de infertilidad y baja eclosión que esa diversidad genética limitada arrastra consigo.
El sueño de un Rakiura libre de depredadores
Davis también apuntó a un objetivo a más largo plazo que trasciende esta temporada: la creación de más hábitat libre de depredadores para la especie, con la vista puesta en conseguir que toda la isla de Rakiura (Stewart Island) quede libre de mamíferos depredadores introducidos. La aspiración tiene una carga simbólica muy concreta, ya que todos los fundadores de la población actual, salvo uno, proceden originalmente de esa isla. Que su territorio ancestral vuelva a ser seguro para ellos sigue siendo, en palabras de Davis, una meta central del programa.
Pollos sin nombre, por primera vez
Cada kākāpō nacido en el programa recibe tradicionalmente un nombre propio en el aniversario de su eclosión, algo previsto para febrero y marzo del año próximo en el caso de la generación de 2026. Pero esta vez habrá una novedad histórica: un pequeño número de pollos de esta temporada se quedará sin nombre, los primeros en toda la historia moderna del programa de recuperación. Para el equipo del DOC, ese gesto simboliza el giro gradual hacia un futuro más natural para la especie, en el que no todos los individuos necesiten ya un seguimiento tan personalizado como hasta ahora.
Cada ave, en cualquier caso, sigue llevando una pequeña mochila con transmisor de radio que permite conocer su ubicación y su nivel de actividad en todo momento, una herramienta de seguimiento imprescindible en un programa que trabaja con una población todavía tan reducida y genéticamente sensible.
Una recuperación sostenida por alianzas
Vercoe fue explícita sobre algo que en Mundo Faunista solemos subrayar en historias de conservación: nada de esto sería posible sin la suma de voluntariado, financiación externa y trabajo de campo constante. «La recuperación del kākāpō es un trabajo de equipo», señaló, agradeciendo el apoyo de socios, voluntarios y colaboradores de todo el mundo.
Uno de esos socios es la eléctrica Meridian Energy, patrocinador nacional del programa desde 2016, que aporta financiación, desarrollo de infraestructura, apoyo técnico en ingeniería y voluntariado. Su consejero delegado, Mike Roan, destacó que desde que comenzó esa colaboración la población ha crecido en más de 200 ejemplares, y expresó su satisfacción por formar parte de una evolución del programa orientada a un futuro en el que el kākāpō pueda prosperar en más zonas de Nueva Zelanda.
La vista puesta en 2028
El propio DOC ya mira hacia la próxima temporada de cría. Según explicó Vercoe, los modelos actuales sugieren que el próximo episodio reproductivo podría producirse ya en 2028, un intervalo de solo dos años frente a los cuatro que acaban de pasar. Es una noticia relevante para una especie cuya reproducción depende de ciclos naturales de fructificación forestal que el propio equipo no puede controlar, solo anticipar y aprovechar cuando llegan.
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Fuente:
Department of Conservation Te Papa Atawhai (2026) Kākāpō population reaches new milestone. Nota de prensa, 1 de septiembre de 2026.
