Un aviario no cierra por vacaciones. Francisco Javier Rodríguez Penedo cría entre 60 y 70 parejas —más de 120 ejemplares fuera de la temporada de cría, entre ellos varios guacamayos— en Galicia, y lo cuenta en el vídeo de arriba: en verano hay tanto o más trabajo diario que en invierno, y el agua se convierte en el recurso que más hay que vigilar.
El agua, el recurso que no puede fallar
Rodríguez usa bebederos automáticos con el agua en circulación constante, precisamente para que el calor no la caliente ni la estanque. A eso suma duchas con aspersores, que puede activar de forma manual o programada, para que las aves puedan refrescarse cuando lo necesiten.
El matiz importante, y que sorprende a quien no vive en Galicia, es que allí también existen restricciones de agua en pleno verano. Gestionar bien ese recurso no es solo una cuestión de bienestar animal: es también una cuestión de uso responsable en una región con sequía estacional. Rodríguez señala además un problema muy concreto de sus loros: son lo bastante astutos como para meter la pata en el bebedero y activarlo a modo de ducha improvisada, lo que dispara el consumo si nadie lo controla.
Ventilación sin corrientes de aire
El aviario de Rodríguez ocupa unos 290 metros cuadrados y está prácticamente cerrado en su totalidad, con una excepción: las jaulas exteriores de los guacamayos, que combinan aproximadamente metro y medio cubierto con metro y medio al aire libre. Pese a estar cerrado, el diseño permite que el aire circule de forma constante.
Ese es, para Rodríguez, el punto más delicado del diseño: que el aire entre y circule, pero sin generar corrientes directas sobre las aves. Junto al agua fresca y la comida diaria, la observación regular para detectar cualquier síntoma de golpe de calor completa la rutina veraniega del aviario.
Cuando el criador se va de vacaciones
La cría de pájaros es, en su caso, una afición de toda la familia, aunque él se encarga del día a día casi en exclusiva durante todo el año. Cuando le toca ausentarse —unas vacaciones, o simplemente un fin de semana fuera— son sus hijos quienes se quedan al cargo del aviario.
Rodríguez es honesto sobre lo que eso implica: el bienestar de los animales nunca corre peligro, pero el consumo de comida sí se dispara. Cuando él está presente, controla la cantidad con precisión; cuando se quedan sus hijos, un saco de pienso que a él le dura varios días apenas les llega para tres. Es, según lo cuenta, un problema económico, no de cuidado.
Detrás de esta rutina hay una reflexión que Rodríguez comparte con otros sectores: la de los ganaderos, la de los agricultores. Es una faceta del cuidado animal que rara vez se ve desde fuera, pero que exige encontrar soluciones sencillas y prácticas para cubrir el bienestar de los animales los 365 días del año, también cuando el criador no está físicamente presente. Siempre, dice, tiene que haber alguien vigilando el agua, la comida y el estado general de las aves.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuente: Francisco Javier Rodríguez Penedo, vídeo «Cuidados veraniegos del aviario (Parte I)», canal de Federación FAUNA
[…] Enlace al articulo – Enlace al video […]