Este artículo está basado en el estudio de Heys et al. (2026), publicado el 31 de mayo de 2026 en la revista Ecology and Evolution (DOI: 10.1002/ece3.73693). El trabajo procede de la Universidad de Lancashire, la Universidad de Liverpool, la Universidad de Swansea y la Universidad de Oxford.
Quien haya convivido con un loro, un periquito o una cacatúa lo habrá visto alguna vez. El ave se frota contra una rama, un juguete, el borde del bebedero o incluso contra la mano del propietario, con movimientos que no dejan lugar a dudas sobre su naturaleza. La reacción habitual -entre la incomodidad y la preocupación- ha sido consultar al veterinario. Y la respuesta veterinaria habitual ha sido tratarlo como un problema: algo provocado por el estrés del cautiverio, por la dieta, por el vínculo demasiado estrecho con el humano. Algo que corregir.
Un equipo de investigadores de cuatro universidades británicas acaba de publicar el primer estudio sistemático sobre la masturbación en aves, y sus conclusiones apuntan en una dirección diferente: no es un problema. Es un comportamiento natural, extendido en la mayor parte del árbol evolutivo de las aves, y más frecuente en silvestres que en cautivas.
El primer atlas del comportamiento en 120 especies
El estudio, liderado por Chloe Heys de la Universidad de Lancashire y coautorizado por investigadores de Swansea, Oxford y Liverpool, combinó dos fuentes de datos: la literatura científica publicada y encuestas directas a criadores y propietarios de aves a través de comunidades en línea. El resultado fue un conjunto de datos sobre presencia o ausencia del comportamiento en 120 especies pertenecientes a 22 grandes grupos de aves, tanto en condiciones silvestres como en cautividad.
La conclusión más relevante es que la masturbación está ampliamente distribuida entre las aves, pero sigue un patrón filogenéticamente conservado: tiende a estar presente o ausente de forma consistente dentro de clados amplios, lo que indica que no es un comportamiento adquirido por circunstancias individuales sino una característica evolutivamente estable de los linajes que la exhiben.
Más frecuente en silvestres que en cautivas
El hallazgo que más directamente contradice la narrativa veterinaria dominante es este: los pájaros silvestres masturbaban con más frecuencia que los cautivos, no al revés. Si el comportamiento fuera una consecuencia del estrés del cautiverio o de condiciones de vida artificiales, cabría esperar la distribución inversa. Los datos no la muestran.
Tampoco hay diferencias significativas entre juveniles y adultos: el 100% de los registros juveniles y el 97% de los adultos incluyeron el comportamiento, lo que sugiere que no se trata de una disfunción vinculada a la madurez sexual ni a la ausencia de pareja reproductiva. Aparece desde etapas tempranas y se mantiene a lo largo de toda la vida del individuo.
Especies analizadas: 120, pertenecientes a 22 grandes grupos de aves · El comportamiento es más frecuente en machos (55% de los registros masculinos) que en hembras (36%), aunque ambos sexos lo exhiben · Aves silvestres: mayor frecuencia que cautivas · Juveniles vs. adultos: sin diferencias significativas (100% y 97% respectivamente) · Aves criadas por sus progenitores mostraron mayor frecuencia que las criadas a mano por humanos
El enigma darwiniano que el estudio intenta resolver
La pregunta evolutiva de fondo es incómoda: ¿por qué destinaría un individuo tiempo, energía y,en los machos, esperma a un comportamiento que no produce descendencia? Desde una perspectiva puramente adaptativa, la masturbación parece un desperdicio de recursos. Y sin embargo, está presente en cientos de especies de vertebrados, desde primates hasta insectos.
El estudio pone a prueba varias hipótesis explicativas. La más conocida en el caso de los machos es la del «vaciado del esperma viejo»: masturbarse periódicamente renovaría el pool espermático, mejorando la calidad del semen disponible para la cópula. Pero esta hipótesis no explica la presencia del comportamiento en hembras, que también lo muestran con frecuencia significativa. El estudio concluye que mantener el esperma fresco en los testículos no puede ser la única explicación.
La alternativa que más apoyo encuentran los datos es que la masturbación forma parte de un repertorio más amplio de comportamientos sexuales con función de práctica o de regulación del estado reproductivo, sin que sea necesario atribuirle una función única y estrictamente adaptativa. En otras palabras: es parte de la biología sexual normal de muchas especies de aves, igual que los rituales de cortejo o las vocalizaciones reproductivas.
Implicaciones directas para criadores y propietarios
Las consecuencias prácticas del estudio son claras. Las intervenciones veterinarias destinadas a eliminar el comportamiento (restricciones dietéticas, terapia hormonal, modificación del entorno o, en los casos más extremos, cirugía) parten de la premisa de que se trata de una patología que hay que tratar. Si el comportamiento es natural y más frecuente en silvestres que en cautivas, esa premisa es incorrecta, y las intervenciones destinadas a suprimirlo pueden estar causando daño innecesario al animal.
Chloe Heys lo señala sin ambigüedad en la nota de prensa del estudio: las intervenciones veterinarias que intentan detener este comportamiento pueden estar causando más perjuicio que beneficio. La veterinaria Ana Basto, de la misma universidad, añade que la investigación abre el camino hacia una comprensión más completa del comportamiento de las aves en consulta.
Para los criadores de aves en pajarera o aviario, el mensaje es tranquilizador. Ver este comportamiento en un ave no es señal de estrés, de enfermedad ni de un vínculo patológico con el humano. El hecho de que sea más frecuente en aves criadas por sus progenitores que en las criadas a mano refuerza además la idea de que la cría natural -con contacto con congéneres desde el nacimiento- produce individuos con un repertorio conductual más completo y saludable.
Una lectura desde el bienestar animal
El estudio tiene una dimensión de bienestar animal que va más allá de la anécdota. Si el comportamiento es natural y los intentos de suprimirlo generan estrés adicional, entonces el consejo tradicional de «desalentar» o «corregir» la masturbación en aves cautivas no solo es científicamente infundado: es contrario al bienestar del animal.
Matilda Brindle, de la Universidad de Oxford, lo enmarca en un contexto más amplio: este trabajo se suma a un cuerpo creciente de investigación que muestra que los comportamientos sexuales no reproductivos son habituales en todo el reino animal, no solo en humanos. Normalizar ese conocimiento en la práctica veterinaria y en la avicultura aficionada es el siguiente paso. El estudio de Heys et al. ofrece la base empírica para darlo.
Si tu loro, periquito, cacatúa o cualquier otra ave muestra este comportamiento, no es señal de enfermedad ni de problemas de adaptación al cautiverio. No requiere intervención veterinaria salvo que vaya acompañado de otros síntomas como plumaje deteriorado, pérdida de peso, aislamiento o cambios en la alimentación. La masturbación es parte del repertorio conductual normal de muchas especies de aves, en libertad y en cautividad.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Heys C, Arbuckle K, Brindle M, Price TAR (2026) The Evolution of Masturbation in Birds. Ecology and Evolution 16: e73693. https://doi.org/10.1002/ece3.73693 ·
Universidad de Oxford — nota de prensa
