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Gecko de Guimbeau: la especie de Mauricio que sí puede salvarse

Mauricio es la isla del dodo: el símbolo mundial de lo rápido que una especie puede desaparecer para siempre. Pero no todas las historias de esta isla terminan en extinción. El gecko de Guimbeau, un pequeño lagarto diurno de colores vivos, se enfrenta a las mismas amenazas que acabaron con el dodo —depredadores introducidos, pérdida de hábitat y ahora un pariente invasor que le dobla en tamaño—, pero todavía tiene una vía de escape: la cría coordinada en cautividad a través del programa Citizen Conservation.

Por Sociedad Herpetológica Valenciana SOHEVA julio 13, 2026 7 min lectura Terrarios
Gecko de Guimbeau: la especie de Mauricio que sí puede salvarse

Phelsuma guimbeaui en Isla Mauricio. By Ben Dymond - https://www.inaturalist.org/photos/114269055, CC BY 4.0

Proyecto destacado — Citizen Conservation

Este artículo describe el caso del gecko de Guimbeau (Phelsuma guimbeaui) y su programa de conservación en cautividad gestionado por Citizen Conservation, organización de referencia internacional en la implicación de aficionados a la terrariofilia en la conservación de especies amenazadas.

Mauricio es, para muchos, sinónimo de playas de postal. Para la biología de la conservación, es la isla del dodo: el ejemplo por antonomasia de lo rápido que el ser humano puede borrar del mapa una especie entera. Aquella paloma gigante, de hasta 17 kilos y pico descomunal, no tenía depredadores naturales hasta la llegada de los europeos en 1598. Bastaron unas pocas décadas —menos de un siglo— para que desapareciera para siempre. Hoy solo sobrevive en dibujos, en el escudo nacional de Mauricio y en alguna que otra aparición de cine.

El dodo no fue el único. Detrás de él desaparecieron también las tortugas gigantes de la isla, el periquito gris de Mauricio o, más recientemente, estuvieron a punto de seguirle el cernícalo de Mauricio (reducido a solo seis ejemplares) y la paloma rosa (apenas diez individuos). Estas dos últimas se salvaron gracias a programas de cría en cautividad y reintroducción, hoy con poblaciones que se cuentan por cientos. Es precisamente ese patrón —extinción fulminante o rescate en el último momento— el que hace de Mauricio un caso de estudio tan valioso para la conservación moderna.

El gecko de Guimbeau (Phelsuma guimbeaui) es el protagonista más reciente de esta historia. Y, a diferencia del dodo, todavía está a tiempo de tener un final distinto.

Un gecko diurno hecho para llamar la atención

El gecko de Guimbeau es una especie de tamaño mediano dentro del género Phelsuma: los machos alcanzan como máximo 15 centímetros de longitud total, mientras que las hembras se quedan en 11-12 centímetros. Su coloración es la típica de las phelsumas más vistosas: un verde esmeralda brillante en la parte superior del cuerpo, salpicado de manchas rojas o anaranjadas intensas, con el cuello de tono azulado. Los ejemplares pueden aclarar u oscurecer su color en cuestión de minutos según su estado de ánimo, llegando casi al negro cuando están alterados.

Es un animal estrictamente arborícola y diurno, endémico del oeste de la isla Mauricio, donde originalmente ocupaba las zonas bajas desde Port Louis hasta Baie du Cap. A diferencia de lo que se pensaba hasta hace poco, no se limita al bosque de tierras bajas: se ha encontrado hasta los 540 metros de altitud, en la cima del Piton du Canot, y tolera tanto zonas húmedas como los rincones más secos y calurosos de la isla.

El mismo guion que acabó con el dodo

Las amenazas que hoy pesan sobre el gecko de Guimbeau son, en esencia, una repetición del patrón que ya acabó con el dodo: destrucción de hábitat y especies introducidas por el ser humano.

Mauricio tiene una densidad de población altísima —más de 600 habitantes por kilómetro cuadrado— y buena parte del área de distribución original del gecko ha sido urbanizada o convertida en plantaciones de caña de azúcar. Los últimos refugios suelen ser las estrechas franjas de vegetación arbórea que bordean ríos y arroyos, y que ahora, ante la caída de rentabilidad de esos cultivos, empiezan a convertirse a su vez en suelo urbanizable.

A esto se suma una lista ya larga de depredadores introducidos: ratas capaces de trepar a los árboles y arrasar puestas enteras, la culebra lobo india (Lycodon aulicus), especializada en cazar reptiles durante la noche, y la agama de jardín o «chupasangre» (Calotes versicolor), que caza activamente a los juveniles durante el día.

El enemigo final: un pariente el doble de grande

Desde los años noventa, un competidor mucho más problemático ha entrado en escena: el gecko diurno gigante de Madagascar (Phelsuma grandis), introducido por particulares para controlar geckos domésticos no deseados. Es más del doble de grande que el gecko de Guimbeau y se alimenta activamente de él. Un estudio de campo encontró un 89 % menos de presencia de phelsumas endémicas en hábitats donde ya se había establecido P. grandis; en cuatro de cada diez de esos hábitats, la especie nativa había desaparecido por completo.

El resultado de todos estos factores combinados: de las poblaciones remanentes de gecko de Guimbeau, hoy fragmentadas en unos 30 núcleos aislados entre sí, solo unos 12 se consideran viables a largo plazo. El resto son demasiado pequeños o están demasiado aislados genéticamente para sobrevivir por sí solos con el paso de las generaciones.

Por qué esta especie sí tiene una salida

A diferencia del dodo —que nunca pudo criarse en cautividad ni recuperarse—, el gecko de Guimbeau lleva décadas reproduciéndose con éxito en manos de aficionados a la terrariofilia. Es precisamente esa base de conocimiento acumulado, junto con un tamaño manejable y un carácter poco esquivo, lo que ha convertido a esta especie en una candidata idónea para un programa de conservación ex situ coordinado.

Solo dentro de la asociación alemana de especialistas en el género (IG Phelsuma), la estadística de cría de 2023 registró 23 criadores activos, 17 de los cuales lograron reproducir la especie ese mismo año, con 53 crías obtenidas. Desde 1993, esa misma organización acumula más de 2.300 nachzuchten (crías registradas) de gecko de Guimbeau. Hay motivos para pensar que existen bastantes más criadores exitosos fuera de esa asociación concreta.

Ese acervo de ejemplares en manos privadas es, según Citizen Conservation, una auténtica «población de reserva» para la especie. Pero una reserva dispersa y sin coordinar corre sus propios riesgos: pérdida de diversidad genética por cruces poco meditados entre parientes cercanos, o la desaparición silenciosa del stock si con el tiempo dejan de quedar suficientes criadores activos. Para evitarlo, el comité científico de Citizen Conservation ha fijado como objetivo una población de 110 ejemplares repartidos entre 55 criadores, gestionada como un programa de cría coordinado a 40 años vista, con seguimiento genealógico entre las distintas colecciones participantes.

El precedente que da esperanza: Round Island

La idea de que este tipo de rescate funciona no es solo teórica. En la vecina Round Island, un islote frente a la costa de Mauricio, los geckos diurnos nativos —junto con serpientes y otros lagartos endémicos— también estuvieron a punto de desaparecer por culpa de especies invasoras. Allí, un trabajo minucioso de erradicación de esas especies permitió liberar buena parte del hábitat original, en el que después se reintrodujeron ejemplares criados en cautividad. Hoy esa población reintroducida crece de forma sostenida.

Es exactamente el modelo que Citizen Conservation quiere replicar con el gecko de Guimbeau: mantener y coordinar una reserva genética sólida en terrarios mientras se dan las condiciones —control de depredadores introducidos, recuperación de hábitat— para plantear, algún día, una reintroducción similar en la propia isla de Mauricio.

¿Quieres participar en la cría de especies amenazadas? Citizen Conservation coordina programas de cría en cautividad para particulares en toda Europa. Más información en citizen-conservation.org/participation/becoming-a-breeder

El propio programa lo resume con una frase que conviene no olvidar: el dodo demostró lo rápido que una especie puede desaparecer —no hicieron falta ni cien años—. El gecko de Guimbeau todavía tiene la oportunidad de escribir un final distinto al de su vecino más famoso.

Redacción Mundo Faunista

Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.

Fuentes:
Citizen Conservation — Guimbeau’s Day Gecko  · 
Citizen Conservation, Basis-Informationen und Haltungsempfehlungen zu Phelsuma guimbeaui (octubre de 2025), basado en Budzinski (2024), con datos de Buckland et al. (2014a, 2014b, 2014c) y Cole & Buckland (2021, IUCN Red List)

Etiquetas: Citizen Conservationconservación de reptilescría en cautividaddodoespecies invasorasgecko de GuimbeauMauricioPhelsuma grandisPhelsuma guimbeauiterrariofilia
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