Tenebrio molitor, el gusano de la harina, es el alimento vivo más habitual en cualquier terrario con un insectívoro dentro. No es técnicamente un gusano, sino la larva de un escarabajo de la familia Tenebrionidae, y no está incluido en ningún apéndice CITES. Es también, desde que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria dio luz verde a su comercialización, el primer insecto oficialmente autorizado para el consumo humano en la Unión Europea.
Este artículo cubre dos cosas por separado: cómo montar una cría completa desde cero, paso a paso, y qué hacer si en vez de criarlos los compras ya hechos, para que te duren el máximo tiempo posible en buen estado.
Qué es y cómo se reconoce en cada fase
La larva mide desde 1 mm recién nacida hasta unos 30 mm en su tamaño máximo, de color amarillo anaranjado, con seis patas en los primeros segmentos y una cabeza pequeña y oscura. El adulto es un escarabajo de 15 a 20 mm, de color marrón rojizo a casi negro, brillante, con el protórax finamente punteado y estrías longitudinales en los élitros. Ni la larva ni el adulto son tóxicos ni muerden. En la naturaleza es una plaga secundaria de graneros y productos de grano almacenado, capaz de alimentarse de casi cualquier resto vegetal o animal.
El ciclo completo, con todo detalle
El ciclo tiene cuatro fases —huevo, larva, pupa, adulto— y su duración depende, sobre todo, de la temperatura: cuanto más calor, más rápido. Las distintas fuentes especializadas no coinciden en cifras exactas, pero sí en el orden de magnitud y en esa misma tendencia.
El huevo es blanco, más pequeño que un grano de arena, con la cáscara fina y pegajosa, cubierta a menudo de restos de comida que lo camuflan. Eclosiona en un plazo de entre una y tres semanas. La larva recién nacida es diminuta y va mudando de color hacia un marrón más claro a medida que crece; atraviesa entre 13 y 16 mudas, y tarda entre seis semanas y cinco meses en alcanzar el tamaño adulto, según la temperatura de cría. Cuanto más grande, más come y más agua necesita, porque se está preparando para pupar.
La larva madura deja de alimentarse unos días antes de pupar. La pupa no come en absoluto, y dura entre cinco días y un mes, aunque en la práctica suele rondar la semana a temperaturas normales, y puede acortarse mucho con calor extremo (35-40 ºC). Al emerger, el adulto es blanco y va oscureciendo hasta adquirir su brillante armadura negra en pocos días. Aquí las fuentes discrepan bastante: unas hablan de un mes de vida adulta, otras de varios meses. Lo que sí coincide es que el apareamiento ocurre a los pocos días de la emergencia, dura poco menos de dos horas, y que las hembras entierran los huevos en el fondo del recipiente. Cada puesta puede rondar entre 50 y 150 huevos, y a lo largo de toda su vida una hembra puede llegar a poner varios cientos.
Cómo montar una cría desde cero, paso a paso
1. Elige el sitio: un lugar cálido, seco, bien ventilado y oscuro. Los tenebrios son fotófobos y buscan refugio ante la luz.
2. Prepara los recipientes: lo ideal es tener varios —uno por fase de crecimiento— para poder separar huevos, larvas pequeñas, larvas grandes y adultos. Vale desde un táper de plástico hasta un acuario de cristal, siempre bien ventilado. Si las paredes son lisas, ni siquiera hace falta tapa: no trepan por superficies lisas. Para un cultivo grande, unos 40x40x40 cm es suficiente; para uno pequeño, con una caja multiusos con agujeros laterales cubiertos de malla fina basta.
3. Prepara el sustrato-alimento: una mezcla de salvado de trigo con harina de avena, un poco de pienso de inicio para pollitos y algo de harina de maíz funciona bien como base. Se reparte en una capa de 4 a 5 cm, y sirve a la vez de sustrato y de comida.
4. Arranca la colonia: basta con una o dos raciones de gusanos comprados a un criador o tienda especializada. Se colocan sobre el sustrato recién preparado.
5. Ajusta la temperatura y la humedad: entre 24 y 28 ºC, con una humedad relativa del 50-60%. Por debajo de estos valores el ciclo se alarga mucho; por encima, aumenta el riesgo de moho y ácaros. Una manta o cable térmico por fuera del recipiente ayuda si hace falta calor extra.
6. Añade humedad con fruta y verdura, no con agua líquida: trozos de manzana, zanahoria, pera, naranja o alguna hoja de lechuga o endivia bastan. Retira lo que no se coman en unas horas, para que no se pudra ni atraiga moscas del vinagre.
7. Separa las fases a medida que crecen: es el paso más importante para evitar el canibalismo (ver más abajo).
8. Cosecha con criterio: usa un colador fino para separar larvas del sustrato gastado y de los excrementos, y repón sustrato-alimento fresco según haga falta.
Evitar el canibalismo: por qué hay que separar las fases
Este es, según coinciden todas las fuentes consultadas, el punto que más se descuida y el que más pérdidas causa. Las larvas grandes se comen los huevos y las larvas pequeñas. Los adultos, a su vez, se comen tanto huevos como larvas. Mantener separados los distintos estadios —huevos en un recipiente, larvas pequeñas en otro, larvas a punto de pupar en otro, adultos reproductores en otro— no es opcional si el objetivo es maximizar la producción. También conviene retirar con cierta regularidad las mudas, los excrementos y los individuos muertos, que degradan la calidad del sustrato y pueden favorecer la aparición de ácaros.
Si los compras: cómo conservarlos para que duren más
El gusano de la harina suele venderse con poca o ninguna comida en el envase, precisamente para minimizar problemas durante el transporte. Pueden pasar varios días sin comer sin morir, pero su valor nutricional como presa depende directamente de lo que hayan comido antes de llegar al terrario: un gusano bien alimentado transmite mucha más nutrición que uno que lleva días en ayunas.
Recipiente: cualquier táper de plástico o cristal sirve. Con paredes lisas no hace falta tapa —no trepan— y sin tapa ventila mejor.
Sustrato: el mismo salvado enriquecido que usarías para criarlos, en una capa de 2-3 cm. Añadir un poco de levadura de cerveza acelera su crecimiento si interesa que engorden antes de usarlos.
Hidratación: mejor con trocitos de zanahoria, patata o manzana una vez al día que con agua líquida, que humedece en exceso el sustrato. Retira lo que sobre para evitar mal olor y moho.
Limpieza: si se acumula mucho excremento, criba el sustrato con un colador fino y repón la comida consumida.
Temperatura: entre 20 y 30 ºC. A más calor, más rápido crecen y antes pupan —lo que no siempre interesa si quieres conservarlos como larvas el mayor tiempo posible—.
El truco para que dupliquen o tripliquen el tiempo que aguantan en estado larvario, sin convertirse en pupa antes de necesitarlos, es guardarlos en la nevera a unos 5 ºC. A esa temperatura su metabolismo se ralentiza tanto que apenas gastan energía. Eso sí, no pueden quedarse ahí indefinidamente: conviene sacarlos una vez por semana, dejar que entren en calor, y darles de comer y de beber durante unas horas antes de devolverlos al frío. Sin esa pausa semanal se debilitan. Con ella, es la forma más sencilla de estirar la vida útil de un lote comprado sin necesidad de montar una cría completa.
Un alimento complementario, no la dieta base
Pese a su comodidad, el gusano de la harina tiene una proporción de calcio y fósforo poco favorable para la mayoría de reptiles y anfibios, y un contenido en grasa notablemente alto —en torno al 16% sobre materia húmeda—. Por eso nunca debería ser la base de la dieta de un insectívoro, sino un complemento ocasional. Sí resulta especialmente útil para animales enfermos, débiles o que necesitan recuperar peso, precisamente por esa densidad calórica.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Franco — La cría del gusano de la harina ·
Mealworm Machine — El método de cría del Tenebrio molitor ·
Dragón Barbudo — Cría y reproducción de gusano de la harina ·
Alimento Vivo Samsa — Cómo mantener el gusano de la harina en casa ·
Mealworm Machine — ¿Cómo se inicia una granja de gusanos de la harina?
