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Historia de la terrariofilia: Alemania inventó el terrario, y la prueba estuvo perdida 150 años

En 1856, acuariofilia y terrariofilia modernas nacieron en el mismo año, en la misma revista, en alemán. El primer libro de terrariofilia se publicó en Leipzig en 1859, casi cuarenta años antes que el primero en inglés. Y durante 150 años nadie lo sabía.

Por Redacción Mundo Faunista junio 9, 2026 9 min lectura Terrarios
Historia de la terrariofilia: Alemania inventó el terrario, y la prueba estuvo perdida 150 años

El Terrario o la Vida Animal y Vegetal en la Habitación, con un epílogo del Prof. Dr. Manfred Niekisch y un ensayo introductorio de Frank Fritzlen

Historia de la terrariofilia — Parte 2 de 2

Este artículo es la continuación de «Historia de la terrariofilia: el cajón de Ward». Está basado en las investigaciones del anticuario e historiador Frank Fritzlen, recogidas en el Museum of Aquatic and Pet History (MOAPH) y en su conferencia disponible en YouTube.

Si el primer artículo de esta serie contaba cómo un accidente en el East End de Londres en 1829 dio origen a una revolución silenciosa en el transporte de plantas, en la acuariofilia y en la forma en que la burguesía victoriana se relacionaba con la naturaleza, este segundo artículo plantea una pregunta diferente: ¿cómo llegamos de esa botella sellada al terrario con reptiles y anfibios que hoy conocemos? Y la respuesta tiene un protagonista inesperado. No es Inglaterra. Es Alemania.

Una prehistoria más larga de lo que parece

Antes de entrar en esa historia, Frank Fritzlen —el anticuario e historiador que ha dedicado más de tres décadas a reconstruir la bibliografía histórica de la acuariofilia y la terrariofilia— señala un problema metodológico que conviene tener presente. La tentación de buscar el origen de una afición lo más atrás posible lleva con frecuencia a confundir la mera tenencia de animales en vidrio con la aparición de una disciplina como tal.

El Estrasburgo del siglo XVII nos dejó el manuscrito de Leonard Baldner, pescador aficionado a la investigación natural que describía ya la observación de peces y anfibios en recipientes de vidrio. Su obra nunca se imprimió y se conocen apenas seis copias manuscritas en todo el mundo, todas distintas en algún detalle. El naturalista y pintor August Johann Rösel von Rosenhof, en su Historia Naturalis Ranarum del siglo XVIII, llegó a representar una rana arborícola dentro de lo que podría describirse como un frasco de conserva, y mencionaba el mantenimiento de ranas en vidrio para su estudio. Y Johann Matthäus Bechstein publicó entre 1797 y 1807 tres ediciones de su Naturgeschichte der Stubentiere, con un segundo volumen dedicado al mantenimiento doméstico de siete especies: la culebra de collar, el tritón, la rana arborícola, la tortuga de estanque europea, la lagartija verde y algunas especies de salamandras.

Fritzlen reconoce el valor de todos estos precedentes pero se niega a identificarlos con el comienzo de la terrariofilia en sentido moderno. La diferencia es de concepto: lo que Baldner, Rösel y Bechstein describen es el mantenimiento de animales vivos en recipientes improvisados, generalmente durante períodos breves, con fines de observación o curiosidad. La terrariofilia tal como hoy la entendemos implica algo cualitativamente distinto: un sistema diseñado para replicar las condiciones del hábitat natural, con la voluntad de mantener a los animales indefinidamente en condiciones que reproduzcan su biología. Y eso, en opinión de Fritzlen, no aparece hasta mediados del siglo XIX.

1856: el año en que todo empezó en Alemania

Si Inglaterra es la cuna indiscutible de la acuariofilia moderna, Alemania es la cuna de la terrariofilia. Esta afirmación se sostiene sobre un dato concreto: el primer libro de terrariofilia tal como hoy la entendemos se publicó en Leipzig, en alemán, en 1859. El primer libro equivalente en inglés no aparecería hasta 1897. Casi cuatro décadas de diferencia.

El momento de arranque tiene una fecha precisa y un escenario llamativo. En 1856, la revista Die Gartenlaube —una publicación ilustrada para la familia editada en Leipzig desde 1853 que alcanzaría tiradas de cientos de miles de ejemplares y se convertiría en una de las revistas más leídas de la historia de la prensa alemana— publicó en el mismo volumen anual dos artículos que, vistos desde hoy, anuncian el nacimiento simultáneo de dos aficiones.

El primero era Der See im Glase —«El lago en un vaso»—, firmado por Emil Adolf Rossmässler, el naturalista y divulgador que más influiría en la acuariofilia alemana del siglo XIX. El segundo era, según Fritzlen, el primer artículo terrariístico que conoce: la descripción de un «ofidario» —un recinto para serpientes— instalado en un establecimiento hostelero de Leipzig. Dos artículos, el mismo volumen, la misma revista. El acuario y el terrario modernos nacieron en alemán, en el mismo año, en las mismas páginas.

Durante décadas, sin embargo, la historia oficial de la terrariofilia ignoró ese arranque. El título de primer libro de terrariofilia recayó durante mucho tiempo en la obra del barón Johann von Fischer, Das Terrarium, seine Bepflanzung und Bevölkerung, publicada en Frankfurt en 1884. La propia Sociedad Alemana de Herpetología y Terrariofilia (DGHT) editó un facsímil de ese libro en 1989, con motivo de su 25º aniversario, convencida de estar reproduciendo el texto fundacional de la disciplina. Esa convicción se mantendría durante veinticinco años más, hasta que Frank Fritzlen encontró algo que nadie esperaba.

1856 — La Gartenlaube y el doble nacimiento

En el volumen de 1856 de la revista Die Gartenlaube de Leipzig coexisten el artículo fundacional de la acuariofilia alemana —Der See im Glase, de Rossmässler— y el primer artículo terrariístico conocido, sobre un ofidario (recinto para serpientes) en un establecimiento hostelero de la misma ciudad. Acuariofilia y terrariofilia modernas nacieron en el mismo año, en la misma revista, en alemán.

La brecha y Düringen: veinticinco años sin libros pero con lectores

La brecha entre el primer libro de terrariofilia (1859) y el de von Fischer (1884) no fue un desierto. Fritzlen documenta que en ese cuarto de siglo la terrariofilia fue construyendo su bibliografía a través de las revistas: la Gartenlaube primero, luego Der Zoologische Garten (que empezó a publicarse en Frankfurt en 1859), después Isis (lanzada en 1874 por Bruno Düringen y Karl Ruß como revista de ciencias naturales para aficionados) y desde 1890 las Blätter, la primera publicación dedicada en exclusiva a la vivariofilia. No había libros, pero había artículos, debates y una comunidad que se estaba formando.

El puente más importante entre el libro de 1859 y el de von Fischer fue un capítulo. En 1882, Bruno Düringen publicó dentro del monumental tercer tomo de la Praxis der Naturgeschichte de Philipp Leopold Martin un capítulo extenso y detallado sobre el mantenimiento de reptiles y anfibios en cautividad, con una relación de especies que resulta sorprendente por su amplitud para la época. El capítulo apareció dos años antes que el libro de von Fischer, y su importancia ha quedado por debajo de lo que merece, en parte porque quedó sepultado dentro de una obra de propósito general que los terrariófilos no tenían razón para buscar.

Johann von Fischer publicó su Das Terrarium en Frankfurt en 1884, con más de trescientas páginas y una voluntad de sistematización que lo convirtió en texto de referencia durante décadas. Era —o eso se creía— el primer libro serio de terrariofilia. Hasta 2014.

El libro que nadie conocía — Leipzig, 1859

En 2014, durante una investigación bibliográfica, Frank Fritzlen encontró en la Bibliotheca Zoologica II de Otto Taschenberg una entrada completamente desconocida para él: un libro publicado en Leipzig por la editorial Dyk, con siete láminas coloreadas a mano y numerosos grabados en madera, titulado «Das Terrarium oder das Thier- und Pflanzenleben im Zimmer» —en español: El Terrario o la Vida Animal y Vegetal en la Habitación—. Taschenberg daba 1860 como año de publicación; una reseña en la revista Die Natur confirmó que fue en 1859.

El libro no aparecía en ninguna bibliografía especializada. Ningún coleccionista lo había tenido en las manos. Una búsqueda exhaustiva localizó únicamente tres ejemplares en bibliotecas de todo el mundo: uno en Basilea, uno en Estrasburgo y uno en la Sächsische Landesbibliothek de Dresde. Fritzlen obtuvo acceso a una copia digital y publicó un facsímil ese mismo año.

El libro ya usa el término «Terrarium», describe distintos tipos de recintos, incluye instrucciones de construcción y detalles técnicos —entre ellos un sistema de fuente de agua—. Sus siete láminas coloreadas muestran plantas y animales ya presentes en los terrarios descritos. Su existencia sitúa el primer libro de terrariofilia casi un cuarto de siglo antes de lo que se creía. La identidad del autor sigue siendo desconocida.

El facsímil se publicó con el título completo: El Terrario o la Vida Animal y Vegetal en la Habitación, con un epílogo del Prof. Dr. Manfred Niekisch y un ensayo introductorio de Frank Fritzlen. Disponible en el Antiquariat Castellum, Gabelsbergerstraße 11, 60389 Frankfurt am Main.

Leer un ejemplar de la época — HathiTrust Digital Library

Das Terrarium: seine Einrichtung, Bepflanzung und Bevölkerung, de Hermann Lachmann, es uno de los primeros libros de terrariofilia de la historia y forma parte de esa bibliografía pionera que Fritzlen ha documentado. Puedes consultarlo directamente aquí o abrirlo en HathiTrust si el lector no carga en tu navegador.

El cristal y la naturaleza: una relación que no ha terminado

La historia que va de la botella olvidada de Ward al libro anónimo de Leipzig no es solo la historia de un hobby. Es también la historia de una cultura que aprendió a relacionarse con la naturaleza a través del cristal: protegiéndola, conteniéndola, contemplándola desde una distancia controlada. Una relación que no ha cambiado tanto en doscientos años: el terrario moderno, con su iluminación UV calculada al milímetro y su sustrato calibrado para replicar la humedad de un bosque tropical, es el descendiente directo de aquella botella que Ward no vació porque tenía otras cosas en que pensar.

Nathaniel Ward no pretendía fundar ninguna afición. Robert Warington no pretendía ser el padre de la acuariofilia. Johann von Fischer no sabía que existía un predecesor de su libro. Y el autor anónimo del texto de Leipzig no imaginaba que su obra quedaría sepultada durante ciento cincuenta años para reaparecer en una búsqueda de catálogo en el siglo XXI. La naturaleza de los orígenes es siempre esa: nadie sabe exactamente lo que está empezando.

Redacción Mundo Faunista

Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.

Fuentes:
MOAPH — «From the Wardian Case to the Terrarium», trad. Alex Haro  · 
Frank Fritzlen — conferencia sobre historia de la literatura terrariística  · 
Martin, P.L. (1872–1882). Praxis der Naturgeschichte. 3 vols.  · 
Lachmann, H. Das Terrarium: seine Einrichtung, Bepflanzung und Bevölkerung. HathiTrust Digital Library  · 
von Fischer, J. (1884). Das Terrarium, seine Bepflanzung und Bevölkerung. Frankfurt

Etiquetas: Bruno DüringenFrank FritzlenGartenlaubehistoria acuariohistoria terrarioJohann von FischerNathaniel WardRobert WaringtonRossmässlerterrariofilia
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Equipo editorial de Mundo Faunista, publicación de la Federación FAUNA

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