Mucho tiempo antes de los primeros procesos de domesticación y sedentarismo que transformarían la humanidad sentando las bases de las primeras civilizaciones, los seres humanos ya mantenían una relación extraordinariamente estrecha con el mundo animal.
Durante milenios los observaron, aprendieron de su comportamiento y fueron representados con detalle sorprendente en su arte rupestre.
Las teorías sobre el arte de las cuevas
La teoría de la «magia simpática» propuesta por Henri Breuil explicaba cómo a través de las pinturas, los seres humanos buscaban facilitar la caza y con ella la supervivencia del clan mediante rituales de encantamiento.
Desde finales del siglo XX, numerosos investigadores reformularon la interpretación del arte paleolítico por considerarla sesgada e incompleta.
La teoría del Estructuralismo de André Leroi-Gourhan proponía las cuevas como espacios sagrados donde los animales representaban un código binario de principios masculinos y femeninos.
Jean Clottes propuso el Chamanismo en los años 90; las cuevas eran escenarios de trances chamánicos y las pinturas plasmaban visiones alteradas de la conciencia.
Y el Totemismo vinculaba a los grupos humanos con especies animales sagradas; el animal pintado simbolizaba el ancestro místico del clan.
Las primeras herramientas inspiradas en los animales
Los fuertes vínculos y la fascinación que los seres humanos mantenían con los animales en la Prehistoria no se limitaba exclusivamente al ámbito espiritual. Muchos investigadores proponen la hipótesis de que la estrecha observación de los animales supuso un punto de inflexión para nuestro desarrollo tecnológico como especie.
Dicha observación pudo inspirar a nuestros antepasados en el desarrollo de algunas de sus primeras armas y herramientas:
Lanzas, anzuelos y cuchillas a semejanza de picos, aguijones, garras y colmillos.
Vestimentas, cestas y canastas inspiradas en nidos y telas de araña.
De los barcos a la inteligencia artificial
Más adelante, los primeros constructores de barcos se inspiraron intuitivamente en las formas hidrodinámicas de animales marinos.
Leonardo da Vinci, considerado por muchos el antecedente directo de la biométrica moderna, estudió obsesivamente el vuelo de murciélagos y aves planeadoras. Y pese a que sus máquinas voladoras nunca llegaron a funcionar correctamente, sí lo lograron los padres de la aviación moderna; los hermanos Wright.
Nuestra historia reciente está plagada de ejemplos que nos demuestran hasta qué punto los animales han influido en nuestro desarrollo:
Trenes bala inspirados en el martín pescador.
Submarinos y torpedos inspirados en delfines.
Aletas de ballenas que inspiraron la creación de hélices y turbinas aeronáuticas avanzadas, influyendo también en la producción de energía eólica.
Sistemas de sonar y ecolocalización inspirados en delfines y murciélagos.
Los microfilamentos de las patas de los geckos y las ventosas de los pulpos inspiraron la fabricación de adhesivos reutilizables, robots trepadores, herramientas quirúrgicas y sistemas de agarre espacial para robots.
Sistemas de ventilación y refrigeración inspirados en termiteros aplicados a la arquitectura.
El comportamiento colectivo de las abejas y las hormigas inspiraron la creación de robots cooperativos, algoritmos de inteligencia colectiva aplicados también a la inteligencia artificial, sistemas logísticos y drones coordinados.
El estudio del veneno de algunas víboras permitió desarrollar los primeros inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), una familia de fármacos muy utilizada para tratar la hipertensión arterial y la insuficiencia cardíaca.
Son solo algunos ejemplos, pero ninguno de estos avances se habría producido de no haber existido previamente el impulso ancestral de fascinación por los animales. El descubrimiento de patrones y la generación del conocimiento son el resultado de esa admiración.
Un vínculo que ninguna ideología podrá romper
Quienes no somos científicos y no buscamos aplicar nuestra pasión por los animales al avance de la humanidad, mantenemos intacto nuestro vínculo emocional y espiritual con los animales, muy a pesar de las nuevas corrientes ideológicas que pretenden mancillar, en un alarde de ignorancia desconcertante, una relación milenaria y sagrada tachándola de utilitarista.
Estas corrientes buscan desesperadamente trazar una línea divisoria entre el mundo animal y el mundo humano con la intención de despojarnos de una parte de nosotros mismos.
Estas personas, tristemente desconectadas de su propia esencia y de la Madre Naturaleza, no terminan de comprender que la relación entre los seres humanos y los animales es inexorable e indivisible a todos los niveles. El camino que han emprendido será infructuoso pues va contra natura.
Las ideologías, por muy desnortadas que sean y por más poderosos que sean quienes las impulsan, no podrán jamás extirpar del alma del ser humano su amor y su fascinación por los animales.
Las motivaciones que llevan a muchos a compartir sus vidas con perros y gatos son las mismas que las de aquellos que deciden vivir en el cuidado de otros mamíferos, aves, reptiles, peces o insectos.
Unos establecen sus relaciones con los animales basadas exclusivamente en el afecto, otros solo buscan su observación desde la admiración y otros hallan una combinación entre ambos basados en la responsabilidad y el respeto.
Todas las opciones son lícitas y responden a ese impulso vital que forma parte de nosotros mismos.
Podrán redactar desde sus aquelarres y despachos institucionales listados positivos donde los inquisidores nos dirán con qué animales podemos convivir y con cuáles no, pero siempre, SIEMPRE, encontraremos el modo de mantener vivo ese impulso vital que nos arrastra indefectiblemente hacia ellos.
Lo que es antinatural es la imposición, la prohibición injustificada, la incautación, el sufrimiento y la muerte que generan estas políticas que promueven todo lo contrario al bienestar animal en lugar de regular para proteger.
Les auguro que no lo van a conseguir.
Sus carencias emocionales, su falta de empatía y su incapacidad de sentirse parte de un todo indivisible no va a ser capaz de castrar la naturaleza humana.
Lo que es no puede dejar de ser, porque puede haber un ellos sin nosotros, pero no puede haber un nosotros sin ellos.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.