Este artículo describe el caso del sapito de vientre de fuego (Bombina orientalis) y su programa de cría coordinada gestionado por Citizen Conservation, con datos de sus directrices técnicas de cría de julio de 2023.
En alemán, comparar a alguien con una Unke -el nombre de este género de anfibios- no es ningún cumplido. El verbo unken significa, coloquialmente, ver siempre el lado negro de las cosas, ser agorero. La expresión viene del canto grave y quejumbroso de la unka de vientre rojo europea (Bombina bombina), que a oídos humanos suena a lamento. El propio Günter Grass tituló una de sus novelas «Unkenrufe» («cantos de unka»), asociándolos a la muerte y los entierros.
Pero el sapito de vientre de fuego, Bombina orientalis, tiene poco de pesimista. Es una de las especies de anfibio más activas, vistosas y fáciles de criar en cautividad que existen, y Citizen Conservation (CC) la ha convertido en una pieza central de su estrategia: no porque esté en peligro de extinción, sino precisamente porque no lo está.
Un anfibio con pupilas en forma de corazón
El sapito de vientre de fuego pertenece a la pequeña familia Bombinatoridae, limitada a Eurasia y con solo dos géneros: Barbourula, con dos especies, y Bombina, con siete u ocho según el criterio taxonómico. En Europa viven dos o tres parientes cercanos: la unka de vientre rojo (Bombina bombina), la unka de vientre amarillo (Bombina variegata) y la unka apenina (Bombina pachypus).
Mide entre 5 y 6 centímetros, con un cuerpo aplanado poco habitual entre los anuros y una cabeza redondeada. Sus ojos, grandes y prominentes, esconden una de las señas de identidad del género: pupilas con forma de corazón o triángulo. El dorso es verde o pardo, salpicado de manchas negras dispuestas de forma tan variable que funcionan casi como una huella dactilar individual. El vientre, en cambio, es de un rojo o naranja intenso también moteado de negro -el rasgo que le da nombre-. Ocasionalmente aparecen ejemplares con variantes de color: azules (axánticos), muy oscuros (melánicos) o albinos, apodados «unkas doradas»; Citizen Conservation cría solo ejemplares de coloración natural y pide expresamente no cruzarlos con estas variantes.
De los arrozales de Corea al terrario europeo
Boulenger describió la especie en 1890 a partir de ejemplares de Yantai Shi, en el noreste de China, de donde procede su nombre común. Su distribución real es mucho más amplia: toda la península coreana y el sureste de Rusia, en las regiones de Jabárovsk y Primorie. Vive desde tierras bajas hasta los 500 metros de altitud, ocasionalmente hasta 1.100, y coloniza con facilidad charcas temporales en bosques mixtos, prados, matorrales y zonas pantanosas, además de arrozales, zanjas y hasta roderas de camino llenas de agua de lluvia.
Es una especie semiacuática: pasa buena parte del año en el agua o en su orilla, flotando en la superficie o sobre alfombras de plantas acuáticas, y solo se vuelve más terrestre para invernar o cuando el agua se seca. Como los peces, cuenta con un órgano de línea lateral que le permite detectar corrientes de agua producidas por congéneres, depredadores o presas.
La defensa que solo se ve al revés
Cuando un sapito de vientre de fuego se siente amenazado en tierra y no puede escapar de un salto al agua, recurre a un despliegue muy particular conocido como reflejo de unka: arquea la espalda, pega las patas al cuerpo y levanta la cabeza y la zona trasera, mostrando de golpe todo el vientre rojo de advertencia a quien lo mire desde abajo -justo la perspectiva de un depredador que acaba de morderlo-. Es un compromiso perfecto entre camuflaje y aviso: visto desde arriba pasa desapercibido; visto desde el ángulo de un atacante, es imposible no ver el color de alarma. La piel segrega además un cóctel de toxinas -entre ellas la bombinina, que da nombre al género- de sabor y olor desagradables, aunque inofensivas para las personas más allá de una irritación pasajera si entran en contacto con mucosas.
Su forma de llamar es igual de singular. Casi todos los anuros cantan al expulsar el aire por la laringe; las unkas hacen justo lo contrario, cantan inspirando, usando los propios pulmones como caja de resonancia, lo que le da al macho en pleno reclamo el aspecto de un fuelle que se hincha y deshincha. Con buenos cuidados, un sapito de vientre de fuego puede superar ampliamente los diez años de vida, y hay registros de ejemplares que han llegado a los treinta.
Por qué una especie que no está en peligro forma parte de un programa de conservación
Bombina orientalis figura como preocupación menor en la Lista Roja de la UICN. Entonces, ¿qué hace en un programa de cría para la conservación? Citizen Conservation da tres razones.
La primera es pedagógica: casi la mitad de las especies de anfibios del planeta podría extinguirse en las próximas décadas, y muy poca gente lo sabe. Un animal tan vistoso, activo de día y fácil de observar es el embajador perfecto tanto para explicar esa crisis como para mostrar la ex situ como parte de la solución -de hecho, el proyecto de terrariofilia del Rudolf-Diesel-Gymnasium de Augsburgo, en Alemania, lo cría precisamente con fines educativos-.
La segunda es formativa: CC necesita más terrariófilos capaces de asumir en el futuro especies amenazadas y mucho más exigentes. Quien ha criado con éxito sapitos de vientre de fuego durante un tiempo adquiere la soltura necesaria para responsabilizarse después de especies más delicadas. Es, en palabras del propio programa, el animal ideal para formar a esos futuros criadores.
La tercera razón es sanitaria, y es la que más pesa: los hongos quítridos Bd y Bsal -este último, letal para salamandras y tritones como la salamandra común- parecen originarios de Asia oriental, la misma región de la que hasta hace poco se importaban miles de sapitos de vientre de fuego silvestres al año para el mercado europeo. Cada importación desde esa zona es una oportunidad más para que entren en Europa nuevas cepas de estos patógenos. Criar la especie aquí, bajo control veterinario, permite abastecer la demanda del sector sin asumir ese riesgo. Es la misma lógica de fondo -sustituir la importación silvestre por cría local coordinada- que ya contamos en estas páginas a propósito del achoque de Pátzcuaro.
Todas las especies del género Bombina son interfértiles entre sí, e incluso los híbridos resultantes pueden ser fértiles a su vez. Por eso nunca debe mantenerse Bombina orientalis junto a otra especie de unka, ni en el mismo terrario ni en la misma sala si existe riesgo de contacto. Y por la misma razón, bajo ningún concepto debe permitirse que un ejemplar escape o sea liberado al medio natural.
El terrario, paso a paso
El acuaterrario se construye separando la zona seca de la húmeda con un cristal pegado en el interior -de 5 a 16 cm de altura, según la lámina de agua deseada- o delimitando la parte terrestre con piedras grandes y trozos de corcho. La zona seca se monta con una capa de drenaje de grava o arcilla expandida, cubierta de tierra sin abonar y, encima, musgo, hojarasca, raíces y piedras que formen escondites. Las plantas vivas -helechos, musgo de Java, Ficus, Scindapsus, Dracaena– no son solo decorativas: mejoran el clima del terrario y suavizan la transición entre agua y tierra cuando trepan hacia ella. La parte acuática se completa con grava o arena, alguna raíz o corteza a modo de isla, y plantas sumergidas y flotantes, sin que llegue a faltar una zona de agua libre. Conviene evitar los acuarios convencionales como alojamiento principal: al carecer de ventilación lateral y tener su única apertura por arriba -algo que estas ranas asocian con el peligro-, generan más estrés que un terrario pensado para ellas.
La iluminación de base puede resolverse con un tubo fluorescente o una barra LED, reforzada con un foco puntual que cree una zona de calor. Un aporte moderado de rayos UV resulta beneficioso para su salud. La propia iluminación suele bastar para mantener el aire entre 25 y 30 °C en verano; si la ubicación del terrario no lo permite, se recurre a una esterilla o cable calefactor en un lateral o bajo una parte -nunca la totalidad- de la base. Un temporizador que sostenga unas 14 horas de luz diaria en verano, reducidas gradualmente en las estaciones de transición, ayuda a marcar un ciclo estable.
En la alimentación no todo vale por igual. Los gusanos de la harina deben ser solo un recurso ocasional -grasos y de bajo valor nutricional, aunque útiles para recuperar ejemplares debilitados-, y conviene evitar directamente las larvas de mosca: suelen atravesar el tubo digestivo sin digerirse y existe la sospecha de que puedan causar lesiones internas si se tragan vivas. El tubifex y las pulgas de agua silvestres solo deben ofrecerse bien lavados y de procedencia de confianza, por el riesgo de introducir el hongo Bd. La técnica más eficaz es el «gut loading»: alimentar bien a los propios insectos antes de ofrecerlos, para que la presa transporte un buen aporte nutricional, y espolvorearlos con un preparado vitamínico-mineral cada dos o tres tomas. Los adultos comen de dos a tres veces por semana; las crías, a diario. Como cazan por movimiento -localizan a la presa, se acercan y la atrapan de un salto, ayudándose de las patas delanteras para meterla en la boca-, no aceptan comida muerta que no se mueva por sí sola.
De la invernación a las crías
La reproducción exige, sin excepción, una invernación previa de dos a tres meses entre 3 y 6 °C, precedida de una reducción gradual de temperatura, luz y alimentación durante el otoño, para que los animales vacíen el tubo digestivo antes de entrar en reposo. Terminada la invernación, se les reintroduce primero en un recipiente a temperatura ambiente con muy poca agua; en dos o tres días recuperan el apetito y pueden volver a su acuaterrario habitual, con luz y calor restablecidos poco a poco. Los machos ya muestran durante la invernación los primeros callos nupciales que usarán para sujetar a las hembras; estas llegan a la primavera visiblemente más redondeadas por los huevos que ya están formando. La bajada de presión atmosférica que anuncia una tormenta suele disparar el celo; en interior, un cambio de agua más fría y una pulverización simulando lluvia consiguen el mismo efecto.
Tras el amplexo, que puede prolongarse varios días, la hembra libera los huevos en pequeños grupos, normalmente adheridos a plantas acuáticas, y el macho los fecunda de inmediato. Una hembra bien alimentada puede realizar entre dos y ocho puestas a lo largo de la temporada, con un número de huevos que disminuye en cada puesta sucesiva. Es imprescindible trasladar los huevos a un acuario de cría aparte -o inducir la puesta directamente allí-, porque los progenitores no dudan en comerse a sus propios renacuajos.
Las larvas nacen de 5 a 10 mm y pasan una primera fase con branquias externas y un órgano adhesivo que les permite fijarse a plantas y piedras, apenas nadan. En una segunda fase pierden ese órgano, las branquias se internalizan y empiezan a nadar libremente con la típica forma de renacuajo. Conviene calcular entre 1 y 2 litros de agua por renacuajo: a mayor densidad liberan sustancias que frenan el crecimiento de sus hermanos, e incluso pueden volverse caníbales entre ellos. Se alimentan a diario, varias veces si es posible, con escamas para peces, hierbas silvestres escaldadas -ortiga, diente de león-, lechuga y finas rodajas de fruta o verdura. Cuanto más fría se mantenga el agua dentro del rango de 15 a 25 °C, más lento pero más robusto será el desarrollo hasta la metamorfosis.
Las crías recién metamorfoseadas conservan unos días un resto de cola que reabsorben como reserva de energía antes de cazar por sí mismas. Durante el primer mes conviene que «vivan rodeadas de comida» -moscas de la fruta, colémbolos, grillos en miniatura- en densidad alta, porque todavía no son cazadoras hábiles. Es la etapa más sensible frente a carencias nutricionales: sin calcio y vitamina D3 suficientes corren riesgo de raquitismo, y sin carotenoides suficientes en la dieta -aportados de forma natural por artemia y gammarus- el vientre no llegará a desarrollar el rojo característico de la especie. Con seis meses alcanzan entre 3 y 4 cm; con un año son sexualmente maduras, aunque no llegan al tamaño adulto de 5-6 cm hasta los dos o tres años de edad.
Cuadro de condiciones para su cuidado
Alojamiento: acuaterrario de al menos 60-80 x 50 x 40 cm para un grupo de 4 a 8 ejemplares; 1/3 de parte terrestre y 2/3 de parte acuática, con 5-15 cm de altura de agua
Iluminación: tubo fluorescente o barra LED de base, más un foco puntual para crear una zona de calor; un aporte moderado de UV resulta beneficioso
Temperatura: aire entre 25-30 °C de día en verano; el agua se estabiliza sola en torno a 18-22 °C
Invernación: obligatoria para la reproducción, 2-3 meses a 3-6 °C, con reducción gradual previa de temperatura, fotoperiodo y alimentación
Alimentación: grillos, saltamontes, lombrices, pececillos de plata, cochinillas y moscas de tamaño adecuado, siempre en movimiento y espolvoreados con un preparado vitamínico-mineral; los renacuajos son omnívoros (algas, microorganismos, lechuga, pienso para peces)
Reproducción: amplexo inguinal; puestas en pequeños grupos de huevos adheridos a plantas, varias veces por temporada (hasta 350 huevos por hembra en una buena temporada); cría de renacuajos siempre en un acuario aparte, ya que los adultos son caníbales de su propia puesta
La coloración roja del vientre depende directamente de la dieta: sin carotenoides suficientes en las presas -zanahoria, pimiento rojo, escaramujo, entre otros-, las crías desarrollan un vientre amarillento en lugar del rojo típico de la especie. No es un problema de salud, solo estético, y puede corregirse con una alimentación adecuada incluso en ejemplares ya adultos.
¿Quieres participar en la cría de esta especie? Citizen Conservation coordina la cría de Bombina orientalis en toda Europa, con un objetivo de 60 criadores activos manteniendo 225 ejemplares. Más información en citizen-conservation.org/en/portfolio/oriental-fire-bellied-toad
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Citizen Conservation (2023) Basis-Informationen und Haltungsempfehlungen zu Bombina orientalis, Chinesische Rotbauchunke. Stand: 15.7.2023. ·
Citizen Conservation — Oriental fire-bellied toad
