lunes, 21 de septiembre de 2026 Órgano de la Federación FAUNA
Federación FAUNA
Publicación de Federación FAUNA
Iniciativa Faunista Visitar Faunism.org →
Un sitio de la Federación FAUNA | Criadores · Aficionados · Especialistas | www.faunism.org →
Última hora
Avicultura

Keston, 1967: la misma granja, otro periquito distinto

Ya contamos la historia de la Keston Foreign Bird Farm en 1934, cuando un noticiario de British Pathé la retrató como un escaparate de especies raras recién adaptadas al clima inglés. También contamos la historia de Rosemary Upton y su aviario abierto al cielo de Essex. Un tercer noticiario, rodado en la misma granja de Kent treinta y tres años después de aquel primero, cierra el círculo: la instalación que en 1934 presumía de diversidad aparece en 1967 desbordada por un solo fenómeno comercial, el periquito ondulado, en un país que ya tenía cuatro millones de ejemplares en sus casas y seguía sin poder criar suficientes.

Por Redacción Mundo Faunista septiembre 18, 2026 8 min lectura Avicultura
Keston, 1967: la misma granja, otro periquito distinto

La terapia con animales no es un invento reciente.

Ya contamos en un artículo anterior la historia de Rosemary Upton, la criadora de Essex que a finales de los años cincuenta dejaba salir cada mañana a casi trescientos periquitos por una trampilla en el tejado de su aviario, y los veía volver cada tarde sin perder ni uno. También contamos, en otro artículo, los orígenes de la Keston Foreign Bird Farm, la granja de Kent fundada en 1927 por Edward Boosey y Alec Brooksbank, y cómo un noticiario de British Pathé de 1934 la retrató como un catálogo viviente de periquitos, diamantes de Gould, cotorras de la Princesa de Gales y ninfas, todos criados con éxito bajo el cielo gris inglés.

Un segundo noticiario, rodado treinta y tres años después de aquel, en 1967, nos devuelve al mismo lugar. Y lo que muestra es una granja transformada: ya no es el escaparate diverso de especies raras que fascinaba al locutor de 1934, sino una instalación desbordada por un solo fenómeno, el más comercialmente exitoso de todos los que allí se habían criado: el periquito ondulado.

Cuarenta años después de Boosey y Brooksbank

Merece la pena detenerse en ese contraste. La Keston que retrató British Pathé en 1934 era, ante todo, un proyecto de diversidad: su director, W.D. Cummings, hablaba de adaptar y reproducir loros, periquitos, faisanes, insectívoros y granívoros poco comunes para toda la avicultura británica. El periquito era una especie más del catálogo, eso sí, ya entonces con varias mutaciones de color en producción, pero compartía protagonismo con la viuda del paraíso, la cotorra de Stanley o la rarísima cotorra de la Princesa de Gales.

En 1967, cuatro décadas después de su fundación, esa misma granja aparece en el noticiario centrada casi por completo en un único negocio: producir periquitos al ritmo que le exige un país entero. Es la mejor ilustración posible de lo que había ocurrido en la avicultura británica entre un noticiario y otro. El periquito, que en 1934 era una rareza más entre las rarezas de Keston, se había convertido en algo tan colosalmente popular que amenazaba con devorar la capacidad productiva de la granja que lo había ayudado a popularizar.

Una granja que no daba abasto

El reportaje arranca con una estampa que hoy resulta casi difícil de imaginar: hileras e hileras de jaulas, cientos de periquitos revoloteando a la vez, y la voz del narrador recordando que eso era solo una fracción minúscula de los cuatro millones de periquitos que convivían entonces en los hogares británicos, convertidos ya en la mascota más popular del país. La Keston Foreign Bird Farm, en el condado de Kent, era uno de los muchos criaderos que intentaban seguir el ritmo de esa demanda. Según el propio reportaje, ni siquiera esa granja lograba producir suficientes aves para cubrir los pedidos que recibía. Gran Bretaña, literalmente, se había quedado corta de periquitos.

«Los mejores periquitos del mundo»

El reportaje recoge algo más que una simple escasez de oferta: recoge orgullo nacional. Se daba entonces por sentado que los periquitos británicos eran los mejores del planeta, y se hacían esfuerzos deliberados para mantener esa reputación. Con ese objetivo se había creado una organización, la Budgerigar Information Bureau, cuya misión era fomentar la cría de aves de calidad para abastecer un mercado que no dejaba de crecer.

Es el mismo espíritu que ya describimos al hablar de la Budgerigar Society y sus más de cuarenta mil socios en la década anterior: un hobby tan extendido que había generado su propia infraestructura institucional, con organismos dedicados exclusivamente a sostener sus estándares de calidad frente a una demanda que amenazaba con desbordarlos.

Entre los treinta chelines y las mil libras

El propio narrador del reportaje ofrece un dato que retrata bien la doble vida económica del periquito en la Gran Bretaña de 1967. Un aficionado con ambiciones de campeonato podía llegar a pagar hasta mil libras por un ejemplar realmente excepcional —una cifra astronómica para la época—, mientras que el precio habitual de un periquito corriente rondaba los treinta chelines, al alcance de cualquier familia. Es la misma tensión entre el pájaro de exposición y el pájaro de compañía que, décadas más tarde, acabaría derivando en el debate sobre el estándar de exhibición que ya analizamos en nuestro artículo anterior. En 1967, esa tensión todavía era saludable: convivían perfectamente el periquito de mil libras y el de treinta chelines, sin que el primero hubiera empezado aún a alejarse tanto del pájaro silvestre.

El periquito como terapia, antes de que existiera esa palabra

Uno de los pasajes más llamativos del reportaje no tiene nada que ver con la cría, sino con el bienestar humano. Se cuenta que en el hospital de Kingston había un periquito instalado en la planta infantil, y que el personal médico estaba convencido de que ayudaba a la recuperación de los niños ingresados, lejos de sus padres. Lo mismo ocurría en el hospital infantil de Great Ormond Street, donde se señalaba que un niño puede sentirse solo incluso rodeado de otros niños, y que la compañía de un periquito amistoso contribuía notablemente a su bienestar emocional.

El reportaje extiende esa misma idea a las personas mayores, muchas de las cuales —según se explica— habían encontrado un nuevo propósito vital gracias al cariño de un periquito, aunque el propio narrador reconoce que no todos los mayores tenían la fortuna de vivir en un entorno que les permitiera disfrutar de esa compañía. Es una observación que hoy reconoceríamos sin dificultad dentro del campo, ya consolidado, de la terapia asistida con animales. En 1967, sin ese vocabulario todavía disponible, un noticiario de divulgación general ya intuía exactamente el mismo fenómeno.

Ciento treinta años de domesticación

El propio reportaje sitúa el origen de esta historia ciento treinta años atrás, cuando llegaron a Gran Bretaña los primeros ejemplares procedentes de Australia. La cifra encaja con precisión con lo que ya contamos en nuestro artículo anterior: los primeros periquitos vivos llegaron de la mano de John y Elizabeth Gould en torno a 1840. En 1967, la afición llevaba más de un siglo criando esta especie en cautividad, generación tras generación, sin necesidad de recurrir jamás a un solo ejemplar capturado en libertad.

Una mascota de siglo y medio, «silvestre en cautividad» sobre el papel

Ese último dato no es un simple adorno histórico. Tiene una relevancia directa y muy actual en España. El borrador de Real Decreto que desarrolla el Listado Positivo de la Ley 7/2023, sometido a información pública este mismo año, no reconoce automáticamente al periquito ondulado como especie doméstica de compañía. El motivo tiene que ver, en parte, con que la especie figura en los anexos del Real Decreto 570/2020 —la norma que regula la importación de fauna exótica a través de puertos y aeropuertos españoles—, cuya sola presencia puede excluir a una especie del listado de especies domésticas conforme a los criterios recogidos en el borrador. Y tiene que ver también con un vacío de fondo: el periquito nunca ha sido objeto de una diferenciación taxonómica formal en forma de subespecie o raza doméstica reconocida, algo que si tienen especies como el perro (Canis lupus familiaris) o el gato doméstico, y que el borrador parece exigir para dar por acreditada la domesticación de una especie.

El resultado es una paradoja incómoda. El mismo pájaro que un reportaje británico de 1967 presentaba como la mascota más extendida del país, con más de un siglo de cría ininterrumpida en cautividad a sus espaldas, podría terminar clasificado en España como fauna silvestre en cautividad, sujeto a un régimen jurídico pensado para especies que nunca han dejado de depender de poblaciones salvajes. Como ya advirtió -en declaraciones a COPE- José María López, secretario de la Federación FAUNA, ahora mismo no hay certeza de qué especies de origen silvestre acabarán reconocidas como animales de compañía cuando se apruebe el listado definitivo, y esa incertidumbre alcanza a un pájaro que lleva conviviendo con nosotros, sin interrupción, desde antes de que existieran la fotografía o el teléfono.

Entre el noticiario de 1934 y el de 1967 hay treinta y tres años de historia de una misma granja de Kent. Entre el de 1967 y este artículo hay casi sesenta más. En ese tiempo, el periquito ondulado no ha dejado nunca de reproducirse en manos humanas, generación tras generación, sin necesidad de un solo ejemplar recogido del medio natural. Es difícil encontrar un ejemplo más claro de lo que significa, en la práctica, una especie domesticada.

Redacción Mundo Faunista

Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.

Fuentes:
Vídeo: Keston Foreign Bird Farm, Kent (1967)  · 
Mundo Faunista — El periquito que conquistó el mundo: de curiosidad victoriana a mascota del siglo XX  · 
Mundo Faunista — El film de 1934 que nos hizo tirar del hilo: la Keston Foreign Bird Farm  · 
Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 — Proyecto de Real Decreto por el que se desarrolla el Listado Positivo de Especies Domésticas de Compañía y el Listado Positivo de Animales de Compañía (información pública, 2026)  · 
Real Decreto 570/2020, de 16 de junio, por el que se regula la lista de especies exóticas invasoras y otros aspectos de importación de fauna exótica  · 
COPE, «Los periquitos, canarios o conejos dejan de ser reconocidos como animales domésticos en el nuevo real decreto» (mayo 2026)  · 

Etiquetas: aviculturaBudgerigar SocietyEdward Booseyespecies domésticashistoria mascotasKeston Foreign Bird Farmlistado positivoMelopsittacus undulatusperiquito onduladoRD 570/2020Reino Unido
¿Te ha resultado útil? Compártelo: Twitter / X Facebook WhatsApp
Sobre el autor

Equipo editorial de Mundo Faunista, publicación de la Federación FAUNA

También te puede interesar