Trofim Lysenko murió hace cincuenta años, casi olvidado incluso por muchos científicos. Sin embargo, una editorial publicada en 2025 en una revista médica británica considera que es buen momento para recordarlo. No como una curiosidad histórica soviética, sino como advertencia sobre lo que ocurre cuando la ideología ocupa el lugar de la evidencia empírica.
«Lysenkoismo» tiene, de hecho, dos significados distintos. El primero es histórico y concreto: el conjunto de ideas del agrónomo Trofim Lysenko y su dominio sobre la biología soviética entre 1948 y 1965. El segundo es genérico y acusatorio: un término que se usa, dentro y fuera de la ciencia, para denunciar la manipulación política del conocimiento. Los dos sentidos están relacionados, pero conviene no confundirlos.
Quién era Trofim Lysenko
Lysenko nació en 1898 en una familia campesina ucraniana. Aprendió a leer a los 13 años y llegó a una escuela agronómica de segunda fila poco después. Su lealtad bolchevique, más que su formación, le abrió camino en la Unión Soviética de los años veinte, un país que buscaba promover a nuevas generaciones de origen humilde hacia la ciencia oficial.
En 1927 Pravda, el diario oficial del Partido Comunista, publicó un elogioso perfil sobre él. Un año después presentó sus primeros trabajos sobre vernalización, la técnica de exponer semillas al frío y la humedad para alterar su ciclo de cultivo. La práctica no era nueva ni suya, y sus resultados no se sometieron nunca a controles ni análisis estadístico.
De ahí saltó a una teoría mucho más ambiciosa: rechazó por completo la genética mendeliana y sostuvo que los caracteres adquiridos por un organismo durante su vida se transmitían directamente a su descendencia. Con la ayuda del filósofo Isaak Prezent, vistió esta idea con el lenguaje del materialismo dialéctico y la llamó «michurinismo». En la sesión de agosto de 1948 de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas, Lysenko anunció que el Comité Central del Partido había aprobado su informe. Fue el momento en que la genética clásica quedó oficialmente proscrita en la URSS.
Lysenkoismo, sentido histórico: las ideas del agrónomo Trofim Lysenko y su dominio sobre la biología soviética entre 1948 y 1965.
Lysenkoismo, sentido genérico: término acuñado en Estados Unidos a finales de los años cuarenta para acusar a un gobierno de manipular la ciencia por motivos políticos. Se usa siempre como insulto: nadie se declara «lysenkoísta».
El precio: genetistas purgados y cosechas fallidas
Nikolai Vavílov fue, durante años, el gran valedor de Lysenko dentro de la ciencia soviética. Presidente de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas, pionero en genética de poblaciones, apoyó los primeros experimentos del joven agrónomo con la esperanza de que ayudaran a la agricultura del país. Ese respaldo no le protegió. En 1940 fue arrestado durante una expedición a Ucrania, condenado a muerte, y aunque la pena se conmutó, murió de inanición en prisión en 1943.
Durante diecisiete años, la Unión Soviética prohibió oficialmente la investigación en genética clásica. Los científicos que se negaron a plegarse a la nueva ortodoxia perdieron sus puestos, y algunos corrieron una suerte peor. Las técnicas agrícolas de Lysenko, aplicadas a gran escala, produjeron fracasos de cosecha consistentes. La responsabilidad de esos fracasos recayó oficialmente sobre los campesinos más prósperos, nunca sobre la teoría que los había inspirado.
La colectivización forzosa de Stalin fue la causa directa de la gran hambruna soviética de los años treinta, con millones de muertos. La agrobiología de Lysenko no la provocó, pero sí sirvió como distracción propagandística conveniente mientras ocurría, y más tarde entrenchó durante décadas técnicas agrícolas que no funcionaban. Cuando el Partido Comunista Chino adoptó las ideas lysenkoístas a finales de los años cincuenta, el patrón se repitió a una escala aún mayor: decenas de millones de muertos en la Gran Hambruna china.
1929: Lysenko se incorpora al Instituto de Cría y Genética de Odessa.
1935: Stalin le dedica un público «bravo, camarada Lysenko» en un acto oficial.
1940: el genetista Nikolai Vavílov es arrestado; muere de inanición en prisión en 1943.
1948: la sesión de la VASKhNIL declara oficialmente pseudociencia a la genética mendeliana.
1965: Lysenko pierde el control del Instituto de Genética tras la caída de Jrushchov.
1976: muere en Moscú, sin haber sido nunca expulsado de la Academia de Ciencias.
Por qué ocurrió: los historiadores no se ponen de acuerdo
Explicar cómo un país con una tradición científica sólida llegó a proscribir la genética durante diecisiete años ha ocupado a varias generaciones de historiadores, y el debate sigue abierto. El botánico Conway Zirkle culpó al propio marxismo, con su preferencia filosófica por la herencia de caracteres adquiridos frente a la inmutabilidad del gen.
El historiador Loren Graham refutó esa tesis: la física soviética floreció en los mismos años en los que la genética se hundía, invocando el mismo marxismo oficial. Si el materialismo dialéctico fuera el culpable, razonaba, tendría que haber arruinado también la física. El filósofo marxista Dominique Lecourt fue más allá y defendió que el problema no fue el marxismo, sino su traición: la falta de autocrítica que el propio marxismo exige.
Otros historiadores, como David Joravsky, apuntan a una cultura bolchevique proclive al «matonismo administrativo», que abría la puerta a advenedizos sin preparación. Nikolai Krementsov, por su parte, sitúa la decisión de Stalin en el contexto de la Guerra Fría: enfrentado a Estados Unidos en todos los terrenos, el líder soviético también quiso mostrar una ciencia propia, distinta de la occidental. Ninguna de estas explicaciones excluye del todo a las demás, y ese desacuerdo persistente es en sí mismo revelador de la complejidad del caso.
El segundo lysenkoismo: una palabra que se volvió arma
Fuera de la Unión Soviética, «lysenkoismo» se convirtió pronto en munición retórica. El historiador de la ciencia Michael Gordin señala que el término se usa hoy para casi cualquier disputa en la que un gobierno respalda una postura científica frente a otra: creacionismo, vacunas, cambio climático, lluvia ácida, genómica, o el debate sobre inteligencia y raza. Quien pierde ese pulso recurre a la acusación.
Gordin advierte de una trampa en ese uso genérico: da por hecho que ciencia y política son esferas que se pueden separar limpiamente, y que la verdad científica emergería sola si el poder no interviniera. Eso no siempre es así. Los estados respaldan constantemente una postura científica sobre otra —la evolución frente al creacionismo, las vacunas frente a las terapias alternativas— sin que eso sea, por sí mismo, un problema. Lo excepcional en 1948 no fue que el Estado tomara partido, sino que tomó partido por el lado empíricamente equivocado, y silenció con violencia al que tenía razón.
Casos recientes donde se invoca el paralelismo
El psiquiatra Rob Poole, autor de la editorial de 2025 sobre Lysenko en The British Journal of Psychiatry, no se queda en la anécdota histórica. Señala varios episodios recientes en los que, a su juicio, la ideología ha desplazado a la evidencia dentro de su propio campo.
El primero es el fraude de Andrew Wakefield, cuyo artículo de 1998 en The Lancet vinculó falsamente la vacuna triple vírica con el autismo. La revista tardó doce años en retractarlo por completo, y el daño reputacional a las vacunas persiste hoy, incluso en la política sanitaria de algunos gobiernos.
Un caso paralelo, sin relación con las vacunas pero con el mismo patrón de fondo, es la campaña «Got Autism?» de PETA, que vinculó el consumo de leche de vaca con el autismo apoyándose en dos estudios minúsculos —veinte y treinta y seis niños respectivamente—. Asociaciones de autismo, pediatras y divulgadores científicos denunciaron la campaña como una explotación pseudocientífica de un colectivo vulnerable al servicio de una causa —el veganismo— ajena a la evidencia real. La valla publicitaria original se retiró en 2008 tras la presión de la Autistic Self Advocacy Network, pero PETA mantuvo el artículo en su web y relanzó el mensaje varias veces en la década siguiente, sin retractarse nunca del fondo de la afirmación.
El segundo es el Power Threat Meaning Framework, un modelo promovido en la psicología británica que, según Poole, reúne varios rasgos típicos de la pseudociencia: pretende explicarlo todo sin evidencia suficiente, sus conclusiones estaban decididas antes del análisis, y sus defensores responden a la crítica con ataques personales en lugar de revisar sus planteamientos.
El tercero es más incómodo todavía: un ensayo clínico aleatorizado de referencia, el OCTET, demostró que las órdenes de tratamiento comunitario en psiquiatría no reducían las recaídas frente a la atención estándar. Doce años después, la práctica sigue vigente en el Reino Unido, sin que se haya repetido el estudio ni cambiado la política.
Un paralelismo que merece plantearse en la regulación animal
Nada de lo anterior tiene que ver, en apariencia, con la tenencia de fauna. Pero el patrón que describen Gordin y Poole —una autoridad que impone un marco ideológico por encima de la evidencia disponible, y que aparta a quienes la contradicen— no es exclusivo de la genética soviética ni de la psiquiatría británica.
En Mundo Faunista llevamos tiempo señalando cómo ciertos listados positivos y regulaciones sobre fauna exótica se redactan con escasa base etológica y con una opacidad administrativa notable, mientras la experiencia acumulada de criadores y científicos especializados queda fuera del debate. Es una comparación que invita a la cautela, no a la conclusión fácil.
El propio Gordin advierte contra el uso perezoso del término: no toda regulación con la que uno discrepa es «lysenkoismo». Lo que hizo excepcional al caso soviético fue la combinación de tres elementos verificables: una teoría sin respaldo empírico, impuesta por decreto, y disidentes científicos represaliados por señalarlo. Si esos tres elementos concurren también en algún episodio regulatorio actual es una pregunta que merece responderse con datos, no con la etiqueta puesta de antemano.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Gordin, M. D. (2022) «Lysenkoism». Encyclopedia of the History of Science. doi.org/10.34758/d5bq-k368 ·
Poole, R. (2025) «Remembering Lysenko: when ideology and science meet». The British Journal of Psychiatry, 228(4), 297-299. doi.org/10.1192/bjp.2025.10418 ·
Lewontin, R. y Levins, R. (1976) «The Problem of Lysenkoism», en The Radicalisation of Science. doi.org/10.1007/978-1-349-86145-3_2 ·
Association for Science in Autism Treatment. «ASAT Responds to PETA Billboard». asatonline.org ·
Willingham, E. (2014) «PETA: Milk Linked To Scary Autism And Vegan Is Your Only Hope». Forbes. forbes.com