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Leopardus tilcayo: lo que los titulares no contaron

Los medios de todo el mundo han contado que se ha descubierto el primer felino nuevo en más de un siglo. La historia real es bastante más interesante, y también más incómoda. El tilcayo era perfectamente conocido en los Yungas bolivianos: tiene nombre propio en la zona desde hace generaciones, y ese es el nombre que los autores conservaron. Lo nuevo no es el animal, sino la resolución genómica que parte el complejo del gato tigre en cinco especies. Repasamos lo que el trabajo dice de verdad: un holotipo vivo en cautividad, una especie nominal descrita en 1775 sobre un dibujo, ocho genomas rescatados de museos, cinco entidades que quedan sin evaluación de conservación y una segunda novedad taxonómica que casi nadie ha contado, el gato tigre del Antisuyo, cuyos parientes más próximos viven a 3.000 kilómetros.

Por Redacción Mundo Faunista septiembre 20, 2026 21 min lectura Mamíferos
Leopardus tilcayo: lo que los titulares no contaron

Leopardus tilcayo. Alessandro Verniani CC BY-SA

Durante las últimas horas, prácticamente todos los medios generalistas han publicado la misma noticia: se ha descubierto una nueva especie de felino en Bolivia, la primera en más de un siglo. Pequeño, moteado, adorable en las fotografías. Titular perfecto.

El trabajo publicado en Current Biology el 17 de septiembre dice algo bastante más interesante que eso. Y algunos de sus contenidos más relevantes no han aparecido en ninguna parte.

Empecemos por lo obvio: nadie descubrió nada

El animal se llama tilcayo. Se llama así porque ese es el nombre que le dan desde hace generaciones las comunidades de los Yungas bolivianos, donde es —en palabras del propio artículo— «ampliamente conocido». Los autores decidieron conservar ese nombre como epíteto específico y proponerlo también como nombre común en inglés, «preservando la designación local tradicional en reconocimiento de su relevancia cultural y regional».

Es decir: la especie tenía nombre propio antes de tener nombre científico. Lo que ocurrió en 2026 no fue un descubrimiento, sino un reconocimiento formal. La diferencia no es semántica. Hablar de «descubrimiento» presupone que el conocimiento empieza cuando llega el aparato científico occidental, y en este caso el propio equipo investigador se ha molestado explícitamente en señalar lo contrario.

Lo verdaderamente nuevo es de naturaleza técnica: la capacidad de resolver genómicamente un complejo de especies que llevaba 250 años siendo un desastre taxonómico.

Museómica: el hueso del oído como fuente de datos

El complejo del gato tigre llevaba dos siglos sin resolverse por un motivo muy concreto: faltaban datos genéticos justo donde más falta hacían. No existía ninguna secuencia, ni mitocondrial ni nuclear, de gatos tigre del Escudo Guayanés, que es la región de la que procede la especie nominal del grupo. Sin saber qué es genéticamente la población que da nombre a una especie, no hay forma de determinar qué otras poblaciones pertenecen a ella.

La solución llegó por una vía que nos interesa especialmente: las colecciones científicas.

El equipo generó datos de secuenciación de genoma completo a partir de ocho muestras de museo, seis de ellas procedentes de las Guayanas. Esos seis ejemplares aportaron los primeros datos genéticos de la localidad tipo de L. tigrinus. La técnica empleada da idea del nivel de refinamiento alcanzado: en el ejemplar USNM 395090, procedente de Guyana, extrajeron fragmentos de hueso petroso a través del meato auditivo izquierdo del cráneo.

El hueso petroso es la porción más densa del temporal, y precisamente por ello conserva ADN en mejores condiciones que cualquier otro tejido esquelético. Acceder a él por el conducto auditivo permite obtener material sin comprometer visiblemente la integridad del espécimen. Un cráneo de museo de hace décadas, muestreado de forma prácticamente no destructiva, resolvió una pregunta que llevaba siglo y medio abierta.

En total, el estudio analizó 38 genomas completos del género Leopardus: 30 de muestras modernas y 8 de museo.

Un holotipo que sigue vivo

Y llegamos al detalle que más nos llama la atención, que aparece en el apartado de diagnosis del artículo y que no hemos visto reproducido en ninguna cobertura.

Material tipo de Leopardus tilcayo

Holotipo: CBF-11990, macho adulto.

Estado: capturado vivo y mantenido en cautividad.

Secuencias genómicas: NCBI SRA, acceso SRX30196846.

Fecha: septiembre de 2021. Colectores: E. Aliaga-Rosel y P. Nogales-Ascarrunz.

Localidad tipo: cercanías de Arapata, Nor Yungas, La Paz, Bolivia, a 1.570 m de altitud.

El holotipo de la primera especie de felino descrita en más de un siglo no es una piel en un cajón. Es un animal vivo, mantenido bajo cuidado humano, cuyo genoma está depositado en una base de datos pública.

Conviene medir el alcance de esto. La práctica taxonómica tradicional exige un ejemplar físico de referencia, y durante generaciones eso ha significado un animal sacrificado y preparado. Aquí, la referencia de la especie es un individuo que sigue vivo, y lo que se deposita permanentemente no es solo el cuerpo: es la secuencia completa de su genoma, accesible desde cualquier laboratorio del mundo sin necesidad de manipular el espécimen.

Que el animal se encuentre en cautividad no es un detalle accesorio ni una anécdota incómoda. Es la condición que hizo posible obtener material de calidad suficiente para una descripción de este nivel de resolución. Entre las instituciones firmantes del trabajo figura el refugio de animales Senda Verde, en los propios Yungas bolivianos.

Cinco especies donde creíamos que había una

El resultado taxonómico central es la partición del complejo en cinco especies reconocidas, más una subespecie nueva.

El complejo del gato tigre tras la revisión

Leopardus guttulus — gato tigre del sur, Bosque Atlántico.

Leopardus emiliae — gato tigre del este, Caatinga y Cerrado. Reinstaurada como especie válida.

Leopardus pardinoides — gato tigre nuboso, bosques de niebla andinos y de Talamanca.

Leopardus tigrinus — restringido ahora al Escudo Guayanés y Perú, con dos subespecies: la nominal L. t. tigrinus y la nueva L. t. antisuyo, de los Yungas peruanos.

Leopardus tilcayo — Yungas bolivianos. Especie nueva.

A esa segunda novedad taxonómica, la subespecie peruana, le dedicamos un apartado propio más abajo: pese a haber pasado casi inadvertida en la cobertura, esconde el resultado más desconcertante de todo el trabajo.

La divergencia más antigua dentro del complejo se estima en 2,34 millones de años, posterior al Gran Intercambio Biótico Americano. L. tilcayo se separó de la línea tigrinus/pardinoides hace unos 1,43 millones de años, en el Pleistoceno temprano, un periodo de oscilaciones climáticas fuertes que fragmentó repetidamente el bosque montano.

El tilcayo, en concreto

La descripción morfológica es escueta pero precisa: longitud cabeza-cuerpo de 425 a 505 mm y cola de 250 a 265 mm. Dorso pardo claro, más oscuro a lo largo de la línea medio-dorsal y más pálido hacia las extremidades.

El patrón es lo que lo distingue. Rosetas relativamente grandes, irregulares, de pardo oscuro a negro, mayoritariamente abiertas o parcialmente cerradas, sobre fondo pardo claro a beige. Y un detalle diagnóstico: las rosetas no coalescen, no se funden entre sí.

Frente a L. pardinoides se diferencia por el pelaje más corto, el patrón de menor contraste, las rosetas abiertas más expandidas e irregulares, la cola menos poblada y la ausencia de bandas caudales anchas y completas. Frente a L. tigrinus, por las marcas de los flancos más grandes e irregulares, la cola más larga y llena, y las manchas caudales irregulares.

En el plano molecular la separación es rotunda: de los 29.288.951 sitios de transversión analizados en el genoma nuclear, una media de 1.392.646 posiciones diferencian a L. tilcayo de L. t. antisuyo, y 1.491.301 lo separan de L. pardinoides.

La otra novedad: el gato tigre del Antisuyo

El trabajo no describe un taxón nuevo, sino dos. Y el segundo ha pasado prácticamente inadvertido en la cobertura mediática, pese a plantear una pregunta biogeográfica mucho más rara que la del tilcayo.

Se trata de Leopardus tigrinus antisuyo, una subespecie nueva de los Yungas peruanos. El epíteto alude al Antisuyo, una de las cuatro regiones administrativas —suyus— del Imperio inca, que abarcaba buena parte de los Andes centrales y meridionales. En Perú al animal se le llama tigrino, oncilla o gato tigre; los autores proponen «gato tigre del Antisuyo» como nombre común.

Su holotipo sí es convencional: el ejemplar MUSM 9401, piel y cráneo, colectado por Pedro Hocking en febrero de 1995 en San Juan de Cacazú, a 1.000 metros de altitud, en la provincia de Oxapampa, departamento de Pasco.

Conviene detenerse en esa fecha. El ejemplar llevaba treinta y un años en un cajón de museo antes de que alguien determinara qué era realmente. Es el mismo argumento que veíamos con los genomas rescatados del Escudo Guayanés: las colecciones científicas no son archivos muertos, sino infraestructura de investigación cuyo rendimiento depende de las técnicas disponibles en cada momento.

Morfológicamente es un felino pequeño y robusto, de color de fondo pardo amarillento relativamente homogéneo y cola delgada que se afina hasta terminar en punta. Su patrón lo distingue con claridad: manchas estrechas, alargadas a fusiformes, dispuestas en bandas oblicuas desde la región escapular hasta la inguinal, con márgenes oscuros rodeando un centro pardo más intenso. Frente al tilcayo se diferencia por la cola menos poblada, la ausencia de anillos completos en su porción distal y un aspecto general más recio.

Los números que justifican el rango

El criterio que emplean los autores para decidir entre especie y subespecie es cuantitativo, y sus cifras lo explican bien. Sobre los 29.288.951 sitios de transversión del genoma nuclear, los que separan a L. t. antisuyo de la subespecie nominal L. t. tigrinus son 977.804.

Esa cifra es sensiblemente menor que la que lo separa del tilcayo (1.392.646) o de L. pardinoides (1.346.934), que son distancias de nivel específico. La decisión de describirlo como subespecie y no como especie plena no es una impresión: está medida.

El enigma: parientes a 3.000 kilómetros

Y aquí llega el resultado verdaderamente extraño.

Cabría esperar que los gatos tigre de los Yungas peruanos fueran parientes próximos de los de los Yungas bolivianos. Son la misma ecorregión, continua, sin barrera aparente entre ambas. Pues no. Las muestras peruanas se agruparon, en todos los análisis de estructura y en las filogenias mitocondrial y nuclear, con el clado del Escudo Guayanés: con los gatos tigre de Guyana, Surinam y la Guayana Francesa.

Es decir: el gato tigre del Antisuyo está más emparentado con una población situada al otro lado de la cuenca amazónica, a unos 3.000 kilómetros, que con la que vive en la prolongación inmediata de su propia ecorregión. Los autores lo señalan sin rodeos: esta relación no había emergido nunca de los datos morfológicos ni ecológicos, y tampoco resulta evidente desde la biogeografía actual.

Conviene detenerse en quiénes son esos gatos guayaneses, porque tienen una historia notable por sí misma. Son la población que da nombre a todo el grupo: la especie nominal Leopardus tigrinus, descrita por Schreber en 1775. ¿Sobre qué material? Sobre una única ilustración de un animal de Cayena, en la Guayana Francesa.

No hay ejemplar tipo. No hay piel, ni cráneo, ni serie de referencia. La especie que bautiza el complejo entero se fundó sobre un dibujo del siglo XVIII, y durante doscientos cincuenta años nadie obtuvo un solo dato genético de esa población. Los seis genomas rescatados de ejemplares de museo guayaneses son los primeros de la localidad tipo, y son exactamente los que han permitido descubrir este parentesco.

Doscientos cincuenta años de cimientos sin comprobar

Sobre esa población se ha ido levantando todo el edificio taxonómico del grupo: subespecies, elevaciones de rango, sinonimias, revisiones. Y se construyó sin saber qué era genéticamente la referencia sobre la que se apoyaba todo. El trabajo cierra ese vacío y, al hacerlo, descubre que el pariente más próximo del dibujo de Cayena vive en la vertiente andina del Perú.

La divergencia entre ambos linajes se estima en 0,49 millones de años según el genoma nuclear, y algo más, 0,65 millones, según el mitocondrial. Es una separación lo bastante antigua como para que los propios autores admitan que podrían representar especies distintas; si de momento los mantienen dentro de L. tigrinus es porque esa distancia sigue dentro de los niveles de divergencia intraespecífica documentados en otros félidos, como los 0,5-0,6 millones de años que separan linajes de leopardo. Dejan la puerta abierta de forma explícita: no descartan reasignar ambos linajes a rango de especie en futuras revisiones.

El contraste ecológico hace el rompecabezas más llamativo todavía. El gato tigre guayanés habita enclaves de sabana dentro de la matriz de selva tropical —la sabana de Rupununi, la vegetación abierta de Amapá—, aparentemente seleccionando hábitat de transición donde reduce la competencia con el ocelote. El del Antisuyo ocupa los Yungas peruanos, un ecotono de bosque húmedo tropical entre pastizales de montaña y selva amazónica baja. Hábitats distintos, parientes cercanos.

Un patrón que se repite en otros animales

Lo interesante es que esta disyunción entre los Andes y el Escudo Guayanés no es exclusiva de los gatos tigre. El artículo reúne una lista de precedentes que convierte la anomalía en patrón.

Otras especies con la misma distribución imposible

Marmosa de cola corta (Monodelphis reigi): endémica del Escudo Guayanés, su pariente más próximo es una especie andina presente en Ecuador, Perú y Bolivia. Se ha propuesto una extensión de área desde los Andes hacia las tierras altas guayanesas durante el Mioceno.

Armadillo (Dasypus guianensis): descrito recientemente como endémico del Escudo Guayanés; su especie hermana, D. novemcinctus, se distribuye por toda Sudamérica al este de los Andes.

Colibrí pico de lanza frentiazul (Doryfera johannae): dos subespecies, una en bosque montano subandino y otra en tierras bajas guayanesas.

Hormigueros del género Myrmoderus: M. ferrugineus habita las selvas amazónicas del Escudo Guayanés y el interfluvio Madeira-Tapajós; su taxón hermano, M. eowilsoni, está restringido a una única localidad en el piedemonte andino peruano.

Gallito de las rocas andino (Rupicola peruvianus): el ave nacional del Perú. Su especie hermana, R. rupicola, vive en las Guayanas, en un hábitat completamente distinto.

A esto se suman las plantas: la franja de tepuyes andinos de la Depresión de Huancabamba comparte numerosos taxones vegetales disyuntos con las tierras altas guayanesas.

Los gatos tigre rodearon el Amazonas

La hipótesis que propone el artículo para explicar todo esto es elegante, y merece ser el cierre de este apartado.

Los gatos tigre están llamativamente ausentes del interior de la selva amazónica, pero aparecen en prácticamente todos los ecosistemas que la rodean: los Andes, el Cerrado, la Caatinga, el Bosque Atlántico y el Escudo Guayanés. Ese patrón sugiere una colonización ecológica en serie alrededor de una Amazonía que les resulta inhóspita, y no a través de ella.

Los autores plantean dos rutas posibles de conexión entre el linaje peruano y el guayanés. La septentrional discurriría por el bosque de piedemonte andino-amazónico a lo largo de la vertiente oriental de los Andes, un hábitat comparable al de los Yungas del Antisuyo; el problema es que ese paisaje está hoy desconectado del Escudo Guayanés, donde el hábitat equivalente se reduce a fragmentos aislados en las laderas de los tepuyes. La ruta meridional discurriría por el ecotono Amazonia-Cerrado, un mosaico de bosque abierto y sabana no muy distinto de los enclaves de sabana que ocupa hoy el gato tigre guayanés.

Los límites meridionales de L. t. antisuyo tampoco están establecidos. Podrían situarse en los valles interandinos secos al norte de la transición entre los Yungas peruanos y bolivianos, formados por los ríos Mantaro o Apurímac, ambos cabeceras principales del sistema amazónico. Es el mismo problema de delimitación que plantea el pudú de los Yungas peruanos (Pudella carlae), descrito también hace muy poco.

Un último apunte que completa el cuadro: pese a pertenecer a clados distintos y llevar más de un millón de años separados, el tilcayo y el gato tigre del Antisuyo han intercambiado genes. El análisis de redes filogenéticas detecta un 15 % de introgresión entre ambos. Son vecinos geográficos y parientes lejanos que, en algún momento del pasado, se hibridaron.

Rigor taxonómico frente a inflación taxonómica

Este punto merece desarrollarse, porque hay un debate de fondo que a nuestros lectores les concierne directamente.

En 2023 se describió otro felino neotropical, Leopardus narinensis, a partir de una única piel conservada en el Instituto Alexander von Humboldt, procedente del volcán Galeras, en Nariño (Colombia). En julio de 2025, un trabajo publicado en Zoosystematics and Evolution lo declaró sinónimo menor de Leopardus pardinoides, en un artículo cuyo propio título reclamaba «la necesidad de buenas prácticas en las propuestas nomenclaturales y taxonómicas».

Ambos trabajos —la descripción de 2023 y la sinonimización de 2025— figuran en la bibliografía del artículo que ahora describe al tilcayo. El contraste no lo estamos estableciendo nosotros: está dentro del propio paper.

Y la diferencia metodológica es abismal. Una piel aislada frente a 38 genomas completos. Una inferencia sobre material único frente al muestreo genético de la población tipo que llevaba 250 años sin secuenciarse. Reconstrucción filogenética nuclear y mitocondrial, datación molecular, análisis de redes filogenéticas con detección explícita de introgresión, métricas de diversidad genómica y reconstrucción demográfica.

La lección

Describir especies nuevas no es en sí mismo ni bueno ni malo: depende enteramente de la solidez de la evidencia. Cuando la descripción es endeble, el resultado es ruido taxonómico que confunde la planificación de conservación y acaba corregido años después. Cuando es sólida, como aquí, estabiliza un grupo entero y permite por fin evaluar el riesgo de cada unidad. El escepticismo ante una descripción débil y el reconocimiento de una descripción rigurosa son la misma actitud, no actitudes opuestas.

La consecuencia regulatoria: cinco especies sin evaluar

Y aquí llegamos a lo que, desde nuestra perspectiva, es la parte más relevante del trabajo y la que menos atención ha recibido.

Hasta ahora, la Lista Roja de la UICN trataba a todo el complejo como una sola especie, Leopardus tigrinus, catalogada como vulnerable. El artículo lo dice con una claridad que conviene citar: consideradas por separado, cada una de estas poblaciones puede considerarse NE, no evaluada.

Es decir: la mañana del 17 de septiembre había una especie vulnerable. La mañana del 18 hay cinco entidades taxonómicas cuyo estatus formal de conservación está, técnicamente, sin determinar. No porque hayan mejorado, sino porque la unidad de evaluación ha dejado de existir tal como estaba definida.

En el plano del comercio internacional, el artículo precisa que todos los felinos silvestres, sea cual sea su rango taxonómico, tienen su comercio regulado bajo el Apéndice II de CITES. Pero añade un matiz de enorme calado jurídico: el rango de especie sigue siendo la unidad relevante para escalar a la protección más estricta del Apéndice I, que actualmente incluye seis especies de Leopardus, entre ellas L. tigrinus y L. guttulus.

Dicho de otro modo: una revisión taxonómica publicada en una revista científica tiene efectos directos sobre el régimen jurídico aplicable a estos animales. La sistemática no es un debate académico de nomenclatura. Es la infraestructura sobre la que se apoyan CITES, las listas rojas nacionales y las normas de protección de cada país.

Y ese matiz tiene una consecuencia concreta para el gato tigre del Antisuyo. Al haber sido descrito como subespecie y no como especie plena, queda fuera de la unidad taxonómica que permite escalar al Apéndice I, aunque su declive del tamaño efectivo de población sea del 47 % y su heterocigosidad, del 0,17 %, esté entre las más bajas del complejo. Si futuras revisiones lo elevan a especie —algo que los propios autores dejan expresamente abierto—, su situación jurídica cambiará sin que haya cambiado nada en el animal ni en su hábitat.

El propio trabajo señala además dónde falla esa infraestructura: no existe o no está documentada una lista roja nacional en Costa Rica y Panamá para L. pardinoides, ni en Surinam y Guyana para L. tigrinus; y en Bolivia existe una lista roja que no está incorporada a la política nacional.

Erosión genómica: lo que dicen los números

El estudio aporta además una base cuantitativa para esas futuras evaluaciones, midiendo el cambio en el tamaño efectivo de población entre el Pleistoceno y el Holoceno.

Declive del tamaño efectivo de población

L. pardinoides: −80 % (de 43.000 a 8.000)

L. tilcayo: −63 % (de 22.000 a 8.000)

L. emiliae: −61 % (de 13.000 a 5.000)

L. guttulus: −61 % (de 48.000 a 19.000)

L. t. antisuyo: −47 % (de 43.000 a 23.000)

El tilcayo parte además del tamaño poblacional pleistocénico más bajo de todo el complejo: 22.000 individuos efectivos frente a los 43.000-48.000 de sus parientes. Es una especie que nunca fue abundante y que ha perdido casi dos tercios de esa base.

Hay sin embargo un dato positivo que merece señalarse. Su fracción del genoma en tramos de homocigosidad —el indicador estándar de consanguinidad reciente— es de 0,0 %, la más baja de toda la tabla. Su heterocigosidad, del 0,21 %, se sitúa en el rango medio-bajo de los felinos, comparable a la de L. pardinoides en los Andes septentrionales. No hay señal de endogamia reciente detectable.

Los autores advierten con honestidad de la limitación: estas estimaciones proceden de entre uno y cinco individuos por taxón y deben considerarse exploratorias. Lo señalamos porque es exactamente el tipo de cautela que echamos de menos en la cobertura mediática de este tipo de hallazgos.

Lo mismo que vimos con el tritón de Ziegler

Hace unos días contábamos en estas páginas el caso del tritón cocodrilo de Ziegler, y el mecanismo es idéntico. Una especie considerada común y ampliamente distribuida —Tylototriton asperrimus, descrita en 1930— resultó ser, tras la revisión genética, diecinueve especies distintas, cada una con un territorio diminuto.

El razonamiento de conservación es el mismo en ambos casos, y el artículo del tilcayo lo formula con precisión: mientras se creía que una población pertenecía a una especie de área extensa, su pérdida parecía asumible porque quedaban muchas otras poblaciones de respaldo. En cuanto se descubre que esa población era en realidad una especie propia de distribución mínima, la situación de amenaza cambia de golpe, sin que haya cambiado absolutamente nada sobre el terreno.

La genómica no está creando especies amenazadas. Está revelando que llevaban décadas siéndolo sin que lo supiéramos.

Lo que todavía no se sabe

Conviene cerrar con las lagunas, porque son considerables y la cobertura mediática ha tendido a presentar el asunto como un caso cerrado.

Los registros genéticamente confirmados de L. tilcayo se limitan actualmente a los Yungas bolivianos, y el artículo afirma sin rodeos que el área de distribución completa de la especie no se conoce en este momento. Los límites meridionales deben explorarse todavía, posiblemente en los valles andinos secos al norte de la transición de los Yungas peruano-bolivianos. Tampoco se conoce el tamaño poblacional real.

Hay además un problema metodológico que el propio trabajo dedica un apartado a discutir: la identificación errónea de gatos tigre como margays (Leopardus wiedii). Cinco de los ejemplares incluidos en el estudio como margays habían sido previamente catalogados como gatos tigre. Si esa confusión afecta a ejemplares de museo revisados por especialistas, cabe imaginar su efecto sobre los registros de fototrampeo, que son la base de la mayoría de los modelos de distribución publicados.

Y un último apunte que dice bastante sobre las condiciones reales del trabajo de conservación. En los agradecimientos, los autores dedican una mención específica al cuerpo de guardaparques del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Cotapata, en Bolivia, que «pese a numerosas dificultades y limitaciones, desempeñan un papel vital en la salvaguarda de L. tilcayo defendiendo su área de distribución frente a las amenazas que enfrenta».

El genoma se secuenció en Amberes y Santa Cruz de California. El animal sigue vivo porque alguien patrulla un parque nacional boliviano con medios insuficientes.

Fuente: Lescroart, J., Nogales-Ascarrunz, P., Cassatt-Johnstone, M., Bonilla-Sánchez, A., Charão Sartor, C., Angulo, F., Ramirez, J.L., Rosa de Oliveira, L., Gomes de Oliveira, T., Shapiro, B., Aliaga-Rossel, E., Svardal, H. & Eizirik, E. (2026). Phylogenomics and museomics reveal five distinct species of tiger cats in South America. Current Biology 36, 1-15. https://doi.org/10.1016/j.cub.2026.08.059

Los datos de secuenciación están depositados en el NCBI Sequence Read Archive (BioProject PRJNA1176476) y los actos nomenclaturales registrados en ZooBank (LSID de la publicación: urn:lsid:zoobank.org:pub:8E5AF32C-3976-43FE-B4AE-FBC39D8A0C9F).

Redacción Mundo Faunista

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