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El lince boreal podría volver a España

Un esqueleto en Cantabria prueba que el lince boreal vivió en España hasta el siglo XIX. Ahora quieren reintroducirlo en el Pirineo. ¿Y si se hibrida con el lince ibérico?

Por Redacción Mundo Faunista mayo 28, 2026 10 min lectura Actualidad
El lince boreal podría volver a España

Lince boreal o euroasiático (Lynx lynx) por Christoph Moning

En el interior de una sima del Parque Nacional de los Picos de Europa, a cien metros de profundidad, un lince entró hace algo más de doscientos años y no encontró la salida. Su esqueleto, prácticamente completo, permaneció allí hasta que en 2020 un equipo de espeleólogos del Grupo Flash lo localizó en la Sima Topinoria, en Cantabria. Lo que parecía un hallazgo paleontológico rutinario resultó ser algo mucho más importante: la datación por radiocarbono lo situó hace unos 210 años, entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

No era un lince ibérico (Lynx pardinus). Era un lince boreal (Lynx lynx), el mayor de los cuatro linces actuales, un animal que hasta ese momento se creía extinguido en la Península siglos antes. El estudio, liderado por la Universidad de A Coruña y publicado en The Holocene en 2026, reescribe la cronología de desaparición de esta especie en el suroeste de Europa.

Ahora, ese hallazgo llega en el peor —o mejor— momento posible: cuando dos entidades del Pirineo catalán acaban de proponer que el lince boreal vuelva a España.

El lobo cerval que nadie encontraba

Durante siglos, los textos históricos del norte de España recogen menciones a un gran felino esquivo al que denominaban «lobo cerval» o «katamotz» en el País Vasco. Las descripciones eran coherentes: un animal de gran tamaño, pelaje moteado, capaz de cazar presas de porte considerable. Pero nunca había aparecido un resto físico que lo confirmara. Los investigadores oscilaban entre atribuirlo al lince ibérico —lo que hacía escasa justicia geográfica, dado que esta especie habitaba el ecosistema mediterráneo— o simplemente descartarlo como leyenda rural.

Un primer estudio de ADN antiguo publicado en Journal of Zoology en 2015, liderado por Cristina Valdiosera y Ricardo Rodríguez Varela del Centro Mixto UCM-ISCIII, confirmó mediante restos fósiles de Asturias, Cantabria, País Vasco y Navarra —con edades entre 11.000 y 400 años— que el lince boreal había habitado la cornisa cantábrica durante todo el Holoceno. La conclusión era clara: el boreal y el ibérico coexistieron en la Península, pero en zonas distintas. El boreal en la franja atlántica montañosa; el ibérico en la zona mediterránea.

El esqueleto de la Sima Topinoria añade ahora el capítulo final: el lince boreal no desapareció en la Edad Media ni en el siglo XVII. Aguantó en la Cordillera Cantábrica hasta fechas históricas muy recientes, probablemente extinguiéndose a causa de la caza directa, las campañas de envenenamiento de la fauna considerada «dañina» y la pérdida progresiva de hábitat durante el siglo XIX.

Ficha de especie — Lince boreal

Nombre científico: Lynx lynx (Linnaeus, 1758)
Familia: Felidae
Peso: 18-36 kg (mayor de los cuatro linces actuales)
Distribución actual: Bosques boreales y templados de Europa y Asia; poblaciones en expansión en los Alpes, Jura, Cárpatos y países escandinavos
Estado IUCN: Preocupación Menor (LC) a nivel global; poblaciones del sur y oeste de Europa consideradas amenazadas localmente
Último registro peninsular confirmado: Cantabria, ca. 1815 (Sima Topinoria); Cataluña, 1930 (Ripollès)
Población más cercana a España: Macizo del Jura (Francia), ~150 ejemplares
Dieta: Principalmente corzo (Capreolus capreolus); también rebeco, muflón, ciervo y ocasionalmente animales domésticos

La propuesta del Pirineo catalán

En octubre de 2025, las entidades Amics del Parc Natural de l’Alt Pirineu y ADLO Pirineo pusieron sobre la mesa una propuesta que nadie esperaba: diseñar un plan piloto para evaluar la viabilidad de liberar ejemplares de lince boreal en el Parque Natural del Alt Pirineu. No era la primera vez que se intentaba —un proyecto similar fracasó en 2016 en el Val d’Aran— pero el contexto científico y político había cambiado.

El planteamiento inicial es cauteloso: liberar únicamente machos castrados, probablemente procedentes de Rumanía, que permitirían estudiar el comportamiento del animal en el ecosistema pirenaico sin riesgo de reproducción. «El objetivo es comprobar cómo su presencia influye en el equilibrio entre depredadores y presas de la zona», explicó Jordi Canut, miembro de la plataforma promotora. El lince boreal se alimenta principalmente de corzos, cuyas poblaciones han crecido de forma notable en los últimos años en el monte catalán.

Sus defensores apuntan además un beneficio indirecto: el lince boreal desplaza a mesodepredadores como zorros, martas y garduñas, que ejercen una presión intensa sobre los polluelos de urogallo (Tetrao urogallus), ave en grave peligro de extinción en los Pirineos. Reducir esa presión podría mejorar el éxito reproductor de la especie.

El proceso administrativo

La propuesta debe recorrer un largo camino burocrático: borrador técnico → Parque Natural del Alt Pirineu → Generalitat de Cataluña → Ministerio para la Transición Ecológica. El Ministerio no actuará sin el aval previo de la comunidad autónoma. El contexto político añade complejidad: el intento paralelo de reintroducir el lince ibérico en las comarcas de Lleida fue bloqueado por la oposición del sector agrícola y sigue paralizado. El lince boreal, que no comparte ecosistema con el ibérico y cuyo impacto sobre la ganadería es mínimo, tiene a priori menor conflictividad social.

La sombra de la hibridación

Hay, sin embargo, un elemento del debate que a menudo se pasa por alto y que los científicos no quieren ignorar: ambas especies de lince se hibridaron en el pasado. Y las condiciones para que vuelva a ocurrir existen.

Un estudio publicado en febrero de 2026 por investigadoras de la Universidad Complutense de Madrid, basado en el análisis de tres restos fósiles de la Sima de Serpenteko (Valle del Erro, Navarra), aportó la evidencia más directa hasta la fecha. Uno de los individuos —denominado SPT-1— presentaba ADN mitocondrial de lince boreal pero rasgos morfológicos compatibles con el lince ibérico. La interpretación más plausible es que se trate de un individuo híbrido: descendiente de madre boreal y padre ibérico. Era, además, el resto más antiguo del yacimiento y había sido hallado en un territorio entonces dominado por el boreal, lo que permite plantear por primera vez la cohabitación de ambas especies en el norte peninsular.

«Hasta ahora no se había identificado ningún resto fósil atribuible a un individuo híbrido», señaló María Teresa Pérez, primera autora del trabajo. Los análisis de ADN nuclear pendientes serán determinantes para confirmar la hipótesis.

Un estudio previo de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), citado por Jara y Sedal, había arrojado conclusiones en la misma dirección: análisis de ADN de linces prehistóricos en Andújar, Alcanar y el Algarve mostraban que los ejemplares más recientes compartían más material genético con el boreal que los más antiguos, indicando intercambios genéticos hace entre 3.000 y 4.000 años. «Los linces modernos compartían más material genético con su especie hermana, el lince euroasiático, que los linces más antiguos», explicó María Lucena, primera autora de ese trabajo.

El dilema de la hibridación

La hibridación documentada en el pasado tuvo un efecto positivo para el lince ibérico: incrementó su variabilidad genética. Hoy, sin embargo, el lince ibérico es una especie que cuenta con unas 1.600 individuos tras décadas de recuperación, y cuyo patrimonio genético está siendo gestionado con enorme precisión en el programa de cría ex situ. Introducir un escenario de hibridación no controlada con el boreal podría alterar irreversiblemente ese acervo genético. Geográficamente, el lince ibérico ocupa actualmente Sierra Morena, el Valle del Guadiana y Doñana —ecosistemas mediterráneos alejados del Pirineo—, por lo que el riesgo de contacto directo es hoy bajo. Pero cualquier plan de expansión del lince ibérico hacia el norte, o del boreal hacia el sur, debería contemplar esta variable.

¿Es el Pirineo un hábitat adecuado?

Los datos históricos y paleontológicos son bastante claros al respecto: sí lo fue. El lince boreal habitó los Pirineos hasta su extinción en Cataluña en 1930 —el último ejemplar documentado fue abatido en el Ripollès y su piel exhibida como trofeo—. La especie colonizaba las zonas de alta montaña que el lince ibérico nunca ocupó, con un rango de presas diferente y una mayor tolerancia al frío y a los ecosistemas forestales de coníferas.

La población del Macizo del Jura, en Francia, se encuentra a menos de 200 kilómetros en línea recta del Alt Pirineu. En Europa, los programas de reintroducción del lince boreal —en los Alpes suizos, Eslovaquia, Bohemia— demuestran que la especie puede recuperarse con éxito cuando el hábitat es adecuado y la presión cinegética está controlada. El Jura tiene actualmente unos 150 individuos.

El propio Zoo de Barcelona alberga desde 2019 un precedente simbólico: ese año nació en cautividad en el centro Món Natura Pirineus un cachorro de lince boreal, la primera cría en un siglo en el Pirineo. El comunicado de la Generalitat lo calificó expresamente de «especie autóctona, aunque extinguida».

Una decisión que no admite prisas

La reintroducción de grandes carnívoros en ecosistemas de los que llevan décadas ausentes no es un proceso que pueda resolverse con entusiasmo conservacionista. Requiere hábitat suficiente, presas abundantes, aceptación social —especialmente de los ganaderos afectados—, un marco legal claro y, en este caso concreto, una evaluación rigurosa del riesgo genético para el lince ibérico.

Los promotores de la propuesta pirenaica son conscientes de ello. No piden una reintroducción inmediata: piden un plan de viabilidad, machos castrados, monitoreo y tiempo. Es exactamente el tipo de proceso que los expertos reclaman para cualquier iniciativa de este calibre, pero no puede olvidar el contexto humano. El polémico precedente del pigargo europeo en el Pirineo (una rapaz piscívora cuya reintroducción requirió años de planificación, y que aun así sigue generando debate) ilustra bien la complejidad de estos procesos incluso con especies de menor impacto trófico que un gran felino depredador de ungulados.

Lo que la ciencia ha dejado claro en los últimos años es que el lince boreal no es un intruso en España. Es, literalmente, un habitante histórico que desapareció hace menos de doscientos años. El lince de la Sima Topinoria era un animal adulto de unos tres años que murió atrapado en una caverna cantábrica mientras la España del siglo XIX comenzaba la transformación del paisaje que lo acabaría borrando del mapa. Lo que ocurra a partir de ahora depende de las decisiones de los seres humanos del siglo XXI y el rumbo que decidan tomar.

Redacción Mundo Faunista

Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.

Fuentes:
Agencia SINC — El lince boreal sobrevivió en la Península hasta el siglo XIX  · 
Agencia SINC — El lince boreal habitó el norte de España hasta hace unos siglos  · 
UCM — Fósiles del Norte de España revelan coexistencia y posible hibridación  · 
Fundación Quebrantahuesos — El Pirineo catalán recupera la propuesta de liberar lince boreal  · 
Jara y Sedal — Ecologistas quieren soltar un felino extinto desde 1930 en el Pirineo

Etiquetas: Cantabriaconservaciónfauna ibéricagrandes carnívoroshibridaciónlince boreallince ibéricoLynx lynxPirineoreintroducciónSima Topinoria
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Equipo editorial de Mundo Faunista, publicación de la Federación FAUNA

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