Llegamos al país de referencia. Después de revisar Italia, Malta, Chipre, Luxemburgo, Croacia y Lituania, toca Bélgica.
Bélgica es el ejemplo que citan todas las campañas. Fue el primer país europeo en aplicar un listado positivo de animales de compañía, en 2001. Y de un recurso contra esa lista salió la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que hoy se invoca para justificar los listados positivos en toda Europa, también en España. Pero la realidad belga es bastante más complicada, y bastante menos ejemplar, de lo que se cuenta.
2001: la primera lista de mamíferos
El 7 de diciembre de 2001, el Gobierno federal belga aprobó un real decreto que prohibía tener mamíferos no destinados a la producción, salvo los incluidos en una lista. Era el primer listado positivo de animales de compañía de Europa.
Dos asociaciones del sector, la Nationale Raad van Dierenkwekers en Liefhebbers, que agrupaba a criadores y aficionados, y Andibel, que agrupaba a los comerciantes del sector de las aves, los animales de compañía y sus accesorios, lo recurrieron ante el Consejo de Estado belga. Su argumento era que la lista restringía el comercio de animales que se podían tener legalmente en otros Estados miembros, en contra de la libre circulación de mercancías.
El Consejo de Estado preguntó al Tribunal de Justicia de la Unión Europea si una lista así era compatible con el Derecho europeo.
La sentencia Andibel
El Tribunal de Justicia respondió el 19 de junio de 2008, en el asunto C-219/07. Su respuesta es la que hoy invocan las campañas animalistas: el Derecho europeo no se opone, en principio, a una lista positiva. Lo que suelen omitir es la frase que viene a continuación en el propio fallo.
Según el Tribunal, una lista así solo es compatible con la libre circulación de mercancías si la protección de los intereses en juego, como el bienestar animal o la salud pública, «no puede garantizarse con la misma eficacia mediante medidas que obstaculicen en menor medida el comercio intracomunitario». Es decir, el listado positivo solo es admisible si no existe una alternativa menos restrictiva igual de eficaz. Y una lista negra de especies peligrosas, basada en análisis de riesgos, es precisamente esa alternativa.
El Tribunal añadió cuatro condiciones más, que encargó verificar al juez nacional.
Las condiciones de la sentencia Andibel (apartados 33 a 43 y fallo):
Criterios: la elaboración de la lista y sus modificaciones deben basarse en criterios objetivos y no discriminatorios.
Procedimiento: debe existir un procedimiento que permita a los interesados obtener la inclusión de nuevas especies, previsto expresamente en una norma de alcance general, fácilmente accesible y que pueda concluir en un plazo razonable.
Recurso: la denegación debe motivarse y poder recurrirse ante los tribunales.
Riesgo real: la inclusión de una especie, o las autorizaciones individuales para tener especies no incluidas, solo pueden denegarse si su tenencia supone un riesgo real, apreciado mediante una evaluación completa basada en los datos científicos más fiables y en los resultados más recientes de la investigación internacional.
Proporcionalidad: las condiciones impuestas a quien tenga especies no incluidas deben estar objetivamente justificadas y no ir más allá de lo necesario.
Para ser justos, la sentencia también admite que, cuando los datos científicos no permitan determinar con certeza un riesgo pero persista la probabilidad de un daño real, el principio de precaución puede justificar medidas restrictivas. Pero esa excepción no autoriza a prohibir por defecto miles de especies sin ningún estudio: exige al menos una evaluación que apunte a un daño real.
La sentencia Andibel, por tanto, no es un aval incondicional del listado positivo. Es un límite. Una lista que no supere la prueba de la medida menos restrictiva, que deje fuera especies sin justificación científica o que no ofrezca una vía real para ampliarla, es contraria a la libre circulación de mercancías. Y el Tribunal no dio por buena la lista belga: devolvió al juez nacional la tarea de comprobar si cumplía esas condiciones.
En 2009, Bélgica sustituyó su lista por un nuevo real decreto, de 16 de julio de 2009, que ya incorporaba criterios de evaluación y un procedimiento para solicitar la inclusión de especies. La lista contiene 42 especies o grupos de mamíferos.
Bélgica, condenada por las aves. Un año después de Andibel, en septiembre de 2009, el Tribunal de Justicia condenó a Bélgica en otro asunto, el C-100/08, por las trabas que imponía a la importación, tenencia y venta de aves criadas en cautividad y comercializadas legalmente en otros Estados miembros. La libre circulación no es un argumento teórico: Bélgica ya la ha incumplido.
2014: tres regiones, tres políticas
Con la sexta reforma del Estado, en 2014, el bienestar animal dejó de ser una competencia federal y pasó a las regiones: Flandes, Valonia y Bruselas-Capital. Cada una heredó la lista federal de mamíferos y empezó a desarrollar su propia política. El resultado es que Bélgica, un país de once millones y medio de habitantes, tiene hoy tres regímenes distintos.
Los reptiles: tres listas que no coinciden
La gran novedad llegó con los reptiles. Las tres regiones aprobaron listas positivas de reptiles en pocos años, pero no se pusieron de acuerdo en su contenido.
Flandes: lista de 422 especies, en vigor desde el 1 de octubre de 2019, elaborada por un grupo de trabajo con comerciantes, veterinarios, naturalistas y organizaciones de distinta índole de la órbita animal.
Bruselas: lista de 422 especies (249 lagartos, 107 serpientes y 66 tortugas), en vigor desde el 1 de junio de 2021.
Valonia: lista de 232 especies, en vigor desde el 7 de febrero de 2021, con especies de tenencia libre y otras sometidas a condiciones. Anulada en 2024.
Especies comunes a las tres regiones: solo 199, según el propio Gobierno valón.
Las consecuencias son absurdas. Una misma especie de serpiente o de gecko puede tenerse legalmente en Gante, estar prohibida en Namur y volver a ser legal en Bruselas, a pocos kilómetros de distancia. Un aficionado que se muda de región puede pasar de cumplir la ley a incumplirla sin haber hecho nada.
Es difícil sostener que tres listas tan distintas responden a «criterios objetivos» y a «los datos científicos más recientes», como exige la sentencia Andibel. Si la ciencia fuera el criterio, la ciencia sería la misma a ambos lados de la frontera lingüística.
Valonia: la lista anulada
El 16 de julio de 2024, el Consejo de Estado belga anuló la lista valona de reptiles. Según explicó el ministro-presidente valón, Adrien Dolimont, en respuesta parlamentaria, el tribunal consideró que algunas disposiciones del decreto «excedían los límites de las habilitaciones conferidas» por el código valón de bienestar animal.
Las consecuencias de la anulación:
La anulación tiene efectos retroactivos: el decreto se considera como si nunca hubiera existido.
Desde entonces, en Valonia se pueden comercializar y tener miles de especies de reptiles sin autorización específica, sujetas solo a la normativa de permisos ambientales y a la del CITES.
La propia administración valona reconoce que hoy no es posible tramitar solicitudes de inclusión de especies.
El Gobierno valón ha anunciado que intentará aprobar una nueva lista, esta vez coordinada con las otras dos regiones. Más de dos años después de la anulación, no la ha aprobado.
Las listas que nunca llegaron
Las campañas suelen presentar a Bélgica como un país con un sistema completo. No lo es. Más de veinte años después de la primera lista de mamíferos, ninguna región belga tiene una lista positiva de aves ni de peces.
En Valonia, el ministro-presidente explicó en 2024 que, una vez resuelto el problema de los reptiles, el Gobierno «estudiaría» abrir el proceso para las aves, y que estaba evaluando si reactivar el grupo de trabajo sobre peces, que se había suspendido. En la práctica, la avicultura y la acuariofilia belgas siguen funcionando sin listado positivo.
¿Se cumplen las listas?
Queda una última pregunta incómoda: si las listas belgas se aplican de verdad. En su respuesta al Parlamento de Valonia de 2024, el Gobierno no aportó ningún dato sobre controles, inspecciones o decomisos. Tampoco hemos encontrado balances públicos de aplicación en Flandes o Bruselas.
Las propias dificultades que describió el ministro valón apuntan en otra dirección: aficionados que compraron especies antes de la lista y no consiguen regularizarlas, y una administración que les exige condiciones propias de un zoológico. Es el retrato de un sistema que genera inseguridad jurídica a quien intenta cumplir, sin que conste que persiga a quien no lo hace.
Lo que enseña Bélgica
Con Bélgica completamos siete de los ocho países que la campaña europea presenta como ejemplos de listado positivo.
Italia: lista cerrada de especies procedentes de captura, casi todas peces de acuario, apoyada en la normativa europea de sanidad animal.
Malta: lista negra de animales peligrosos y licencias por tienda; el listado positivo de tenencia sigue siendo una propuesta.
Chipre: lista de especies para los mamíferos; grupos amplios con exclusiones para el resto.
Luxemburgo: lista de especies para los mamíferos; grupos amplios con exclusiones para el resto, y autorizaciones individuales.
Croacia: lista blanca para el comercio y la cría de exóticos, apoyada en la normativa de especies invasoras.
Lituania: lista de especies solo para los mamíferos, apoyada en la ley de fauna silvestre, con especies que caducan.
Bélgica: lista de mamíferos desde 2001; tres listas regionales de reptiles que no coinciden, una de ellas anulada; ninguna lista de aves ni de peces.
Bélgica es, en el mejor de los casos, un modelo inacabado. En el peor, un aviso de lo que ocurre cuando se legisla con listas: fragmentación, contradicciones entre territorios, anulaciones judiciales e inseguridad jurídica para los aficionados que intentan cumplir la ley.
Nuestra posición
Desde la Federación FAUNA no consideramos que ningún listado positivo sea una opción válida ni justificada, se llame como se llame y se apoye en la norma que se apoye. Prohibir por defecto todo lo que no figura en una lista invierte la lógica de cualquier regulación razonable: obliga a demostrar que una especie es apta, en lugar de demostrar que existe un riesgo que justifique restringirla.
Bélgica demuestra además que la sentencia Andibel no es el cheque en blanco que se presenta. Es un conjunto de exigencias muy concretas, empezando por la principal: que no exista una medida menos restrictiva igual de eficaz. Después vienen los criterios objetivos, la base científica actualizada, el procedimiento accesible de inclusión y el control judicial. Tres listas distintas para un mismo país, una anulada por los tribunales y otras que nunca han llegado a existir, difícilmente las cumplen. Quien quiera invocar Andibel en España debería empezar por leerla entera.
Fuentes:
Tribunal de Justicia de la Unión Europea: sentencia de 19 de junio de 2008, Nationale Raad van Dierenkwekers en Liefhebbers y Andibel, C-219/07, apartados 2 y 33 a 43 y fallo.
Tribunal de Justicia de la Unión Europea: sentencia de 10 de septiembre de 2009, Comisión contra Bélgica, C-100/08.
Bélgica: Real decreto de 16 de julio de 2009 por el que se fija la lista de los mamíferos no destinados a la producción que pueden tenerse. Wallex.
Valonia: Decreto del Gobierno valón de 10 de diciembre de 2020 que regula la comercialización y la tenencia de reptiles, anulado por el Consejo de Estado el 16 de julio de 2024.
Parlamento de Valonia: preguntas escritas sobre los listados positivos y su respuesta por el ministro-presidente Adrien Dolimont (septiembre y octubre de 2024).
Servicio Público de Valonia, Bienestar Animal: «Quel animal puis-je détenir ? (liste positive)».
Gobierno de Flandes: «Welke reptielen mag je houden?».
VRT: «Positieve lijst van reptielen» (2 de enero de 2019).
BX1: «Nouveaux animaux de compagnie : la Région bruxelloise restreint la liste des reptiles pouvant être détenus» (29 de noviembre de 2020).
Union des Villes et Communes de Wallonie: «Adoption de la liste des reptiles pouvant être détenus».
Redacción Mundo Faunista
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