La polilla de la cera, Galleria mellonella, es alimento vivo habitual para reptiles, anfibios, tarántulas y aves insectívoras de terrario. Es también, y esto es menos conocido, uno de los insectos de laboratorio más criados del mundo, aunque casi nunca por motivos que tengan nada que ver con dar de comer a una mascota.
Un centro de investigación cafetera en Colombia la cría para producir en masa nematodos que combaten la broca del café. Un laboratorio de micología en Australia la cría como modelo animal para estudiar infecciones fúngicas, en lugar de usar ratones. Ambos han tenido que resolver, con rigor científico, exactamente los mismos problemas que se plantea cualquier aficionado que cría esta polilla en casa: temperatura, densidad, dieta. Sus datos, pensados para fines completamente ajenos a la terrariofilia, resultan directamente útiles para quien la cría como alimento vivo.
Un insecto, tres razones para criarlo
Cenicafé, el Centro Nacional de Investigaciones de Café de Colombia, publicó en 2007 un estudio que optimizaba la cría de G. mellonella con un objetivo muy concreto: usar sus larvas como hospedante para producir a gran escala dos especies de nematodos entomopatógenos, Steinernema colombiense y Heterorhabditis bacteriophora, que parasitan y matan a la broca del café, la plaga más dañina para el cultivo en el país.
Por otro lado, un equipo de la Universidad de Sídney publicó en 2020 un protocolo de cría de la misma polilla con un propósito distinto: usar sus larvas como modelo animal alternativo para estudiar la virulencia de hongos patógenos, en concreto Cryptococcus gattii, causante de una infección potencialmente mortal en pulmones y sistema nervioso. La ventaja frente al ratón es doble: resultados en menos de dos semanas en lugar de casi dos meses, y muchas menos implicaciones éticas.
El ciclo completo, huevo a adulto
Galleria mellonella pasa por cuatro estadios: huevo, larva, pupa y adulto. La hembra adulta no se alimenta y muere poco después de poner los huevos, que puede depositar en cantidades de hasta 1.000. Los huevos eclosionan en una o dos semanas. La larva atraviesa entre siete y ocho mudas antes de convertirse en pupa, y es en esta fase larvaria donde se concentra la mayor parte de la mortalidad natural del insecto. Tras dos o tres semanas de pupa, emerge el adulto, que vive únicamente un par de semanas y no necesita alimentarse en absoluto.
La temperatura lo cambia todo
El estudio de Cenicafé comparó el desarrollo completo a 20, 25 y 30 ºC, y el resultado es contundente: el ciclo de huevo a adulto duró de media 178,8 días a 20 ºC, 82,4 días a 25 ºC, y solo 62,4 días a 30 ºC. Cuanto más calor, más rápido el ciclo, sin excepción en ninguno de los estadios.
20 ºC: 178,8 días
25 ºC: 82,4 días
30 ºC: 62,4 días
Pero la velocidad no lo es todo. La mortalidad larvaria fue similar en las tres temperaturas —entre el 64,8% y el 71,5%—, y resultó ligeramente menor a 25 ºC. Los autores concluyen que 25 ºC es la temperatura más apropiada para el desarrollo larvario, aunque para la fase de pupa, 30 ºC ofrece a la vez menor duración y menor mortalidad. El estudio australiano llega a una recomendación de rango similar: sus larvas se mantuvieron a 26 ºC y un 60% de humedad relativa, con un ciclo completo de entre ocho y doce semanas —cifras coherentes con los datos colombianos, pese a partir de objetivos de investigación completamente distintos—.
Cuántos individuos por jaula
Cenicafé también resolvió, con datos, una pregunta muy práctica para quien cría esta polilla a cierta escala: ¿cuántas parejas de adultos conviene meter juntas para maximizar la puesta de huevos? La respuesta fue 150 parejas por jaula cúbica de 50 cm de lado, con las que se obtuvieron 60.612 huevos en total. Subir la densidad a 200 parejas no solo no mejoró el resultado, sino que lo redujo ligeramente.
Para la fase siguiente —convertir huevos en larvas con la menor mortalidad posible—, la densidad óptima resultó ser de 300 huevos por cada 300 gramos de dieta, con una producción de 230 larvas y una mortalidad del 23,1%. Tanto reducir como aumentar esa densidad empeoró los resultados: menos densidad dio menos larvas y más mortalidad, y más densidad disparó la mortalidad sin aumentar la producción.
La dieta que de verdad funciona
Las tres fuentes consultadas —Cenicafé, el laboratorio australiano, y las guías de cría para aficionados— coinciden en lo esencial: la dieta de Galleria mellonella se construye sobre miel y glicerina. Cenicafé usa una mezcla de salvado de maíz, levadura seca, cera de abejas, glicerina y miel. El protocolo australiano simplifica esa fórmula a glicerina, miel, agua y cereal infantil multigrano, con levadura añadida. Las guías de aficionados reducen la receta a partes iguales de miel y glicerina con un poco de agua. Que tres equipos, trabajando de forma independiente y con objetivos distintos, hayan llegado a variaciones de la misma base nutricional dice bastante sobre cuáles son, realmente, las necesidades de esta especie.
Lo que esto significa para quien cría alimento vivo
1. El recipiente: un bote de vidrio de boca ancha o una caja de plástico rígido, nunca de madera, plástico blando o cartón —las larvas los roen y escapan—. La tapa necesita una malla metálica fina bien sujeta, que ventile sin dejar salir a nadie.
2. La dieta: a partes iguales, miel y glicerina, con un poco de agua hasta lograr una pasta que se deshaga en migas. Quien quiera una versión más completa puede añadir cereal infantil o salvado de maíz, y un poco de levadura seca. Se prepara fresca cada vez; no se conserva bien de un día para otro.
3. Arrancar la colonia: se necesita un lote inicial de larvas o huevos, ya sea de un criador o de un proveedor especializado. Se colocan sobre la dieta recién preparada, rellenando el recipiente hasta unos 5-8 cm de altura.
4. Condiciones ambientales: alrededor de 25-26 ºC, humedad relativa entre el 60 y el 70%, en un lugar oscuro y tranquilo donde no se las moleste salvo para alimentarlas o revisarlas.
5. Mantenimiento de las larvas: añadir dieta fresca dos veces por semana y retirar la que ya esté seca o endurecida. Si el recipiente se llena demasiado, repartir la colonia en varios botes reduce el estrés y evita el moho.
6. La muda a pupa: cuando las larvas de última fase empiecen a tejer capullos de seda, dejan de comer. A partir de ese momento no hace falta seguir alimentando ese recipiente; en dos o tres semanas emergerán los adultos.
7. Los adultos y la puesta: se trasladan a un bote nuevo con dieta fresca, en proporción de un macho por cada hembra. No comen. Las hembras empiezan a poner huevos a la semana o dos de emerger, pegados a las paredes o a la tapa; conviene despegarlos con cuidado y dejarlos caer sobre la dieta para que las larvas recién nacidas tengan comida a mano nada más eclosionar.
8. Antes de usarlas como alimento: conservar las larvas en la nevera, entre 8 y 10 ºC, frena su desarrollo y evita que pasen a pupa antes de tiempo.
Conviene recordar, además, que por su alto contenido en grasa, la polilla de la cera es un alimento muy energético que nunca debería constituir la dieta principal de un insectívoro, sino un complemento ocasional.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Realpe-Aranda, F. J., Bustillo-Pardey, A. E. y López-Núñez, J. C. (2007) «Optimización de la cría de Galleria mellonella (L.) para la producción de nematodos entomopatógenos parásitos de la broca del café». Cenicafé, 58(2): 142-157 ·
Firacative, C., Khan, A., Duan, S., Ferreira-Paim, K., Leemon, D. y Meyer, W. (2020) «Rearing and Maintenance of Galleria mellonella and Its Application to Study Fungal Virulence». Journal of Fungi, 6(3), 130. doi.org/10.3390/jof6030130 ·
Botanical-online — Cría de Galleria mellonella
