Este artículo está basado en el estudio de Chomik et al. (2026), publicado el 10 de abril de 2026 en la revista Animals (DOI: 10.3390/ani16081153). El trabajo procede del Departamento de Zoología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Carolina de Praga y es el cuarto estudio del mismo grupo sobre cognición espacial en el gecko leopardo, en continuación directa de los trabajos publicados en 2023 y 2025.
Los estudios anteriores del grupo de Praga sobre el gecko leopardo habían respondido a dos preguntas: si los geckos adultos aprenden a navegar en un laberinto visual (2023), y cuánto tiempo recuerdan lo aprendido (2025). La respuesta a ambas fue afirmativa, con matices: aprenden, recuerdan dos meses, olvidan a los seis. Pero quedaba una pregunta sin responder, y es la más fundamental desde el punto de vista del desarrollo cognitivo: ¿todas las etapas de la vida son iguales para el aprendizaje? ¿Aprende igual un gecko de pocas semanas que uno de cuatro años?
El nuevo paper, publicado en abril de 2026 en Animals, aborda esa pregunta con un diseño longitudinal: los mismos 39 individuos fueron seguidos desde la fase juvenil hasta la madurez, testados con el mismo laberinto de Morris en tres momentos del desarrollo. El resultado más llamativo no es que los geckos aprendan —eso ya estaba demostrado— sino cuándo aprenden mejor, y qué ocurre con ese recuerdo cuando crecen.
El diseño: los mismos individuos, tres etapas de vida
El estudio partió de 39 individuos de la misma colonia de laboratorio que había sido la base de los trabajos anteriores. La primera fase de entrenamiento se realizó en la etapa juvenil, con 20 ensayos en el laberinto de Morris adaptado (el mismo tanque de 51 cm de diámetro, agua a 28 ºC, plataforma sumergida, cuatro marcadores visuales en el borde). El criterio de aprendizaje fue el mismo que en los estudios precedentes: reducción significativa en la longitud del recorrido o el tiempo de latencia entre los primeros y los últimos ensayos.
Cuatro meses después del fin del entrenamiento juvenil, los mismos individuos —ya en estadio subadulto— fueron testados de nuevo, con 10 ensayos. Catorce meses después del entrenamiento original —ahora ya adultos— se realizó un tercer test, también con 10 ensayos. El diseño permite comparar no solo si la memoria se mantiene, sino si la trayectoria cognitiva a lo largo del desarrollo es lineal o muestra cambios cualitativos.
Fase juvenil: 39 individuos · 20 ensayos · criterio de aprendizaje comparado entre ensayos 1–3 y 18–20
Fase subadulto: mismos 39 individuos · 10 ensayos · 4 meses después del fin del entrenamiento juvenil → memoria conservada
Fase adulto: mismos 39 individuos · 10 ensayos · 14 meses después del fin del entrenamiento juvenil → memoria perdida, rendimiento vuelve al nivel inicial
Los juveniles aprenden con más eficacia
El hallazgo más claro de la fase de entrenamiento es que el aprendizaje en la etapa juvenil fue estadísticamente fuerte: los geckos mejoraron tanto la velocidad como la eficiencia de navegación a lo largo de los 20 ensayos, con diferencias significativas entre el inicio y el final del entrenamiento. Los autores describen este efecto como un efecto de aprendizaje «sólido» en la fase juvenil.
Ese dato es relevante porque los estudios anteriores del mismo grupo con adultos —el paper de 2023 sobre estrategias de orientación y el de 2025 sobre memoria— habían documentado un aprendizaje real pero con una variabilidad individual considerable y una influencia importante de la motivación. La comparación directa sugiere que el gecko juvenil es un aprendiz más eficiente: construye el mapa espacial más rápido y con menos ruido individual. Si el resultado se confirma con muestras más grandes, tendría implicaciones para entender los periodos críticos de la cognición en reptiles, un área prácticamente inexplorada.
Cuatro meses después: la memoria persiste en el subadulto
El test de memoria a los cuatro meses —cuando los individuos habían alcanzado el estadio subadulto— mostró que la información espacial aprendida en la etapa juvenil se había conservado. El rendimiento en los 10 ensayos del test subadulto fue significativamente mejor que el de los primeros ensayos del entrenamiento original, sin reentrenamiento previo. El gecko recordaba dónde estaba la plataforma.
Ese resultado es coherente con lo que el paper de 2025 había encontrado en adultos: la memoria espacial se conserva durante dos meses. Que se conserve también durante cuatro meses cuando el entrenamiento ocurrió en la etapa juvenil abre la posibilidad de que el aprendizaje temprano produzca recuerdos más duraderos. Sin embargo, los autores son cautelosos en esta interpretación: los intervalos temporales no son idénticos entre estudios, y el diseño actual no permite separar con precisión el efecto de la edad en el momento del aprendizaje del efecto del tiempo transcurrido.
Catorce meses después: el olvido en la edad adulta
El resultado más llamativo es el de la fase adulta. Catorce meses después del entrenamiento original —diez meses después del último test— los mismos individuos rindieron al nivel de los primeros ensayos del entrenamiento juvenil. El mapa espacial aprendido de jóvenes había desaparecido por completo. No había ventaja residual ni trayectoria más rápida de reaprendizaje en los 10 ensayos disponibles.
Este dato contrasta con lo que se había observado en el paper de 2025, donde los adultos entrenados como adultos necesitaban 30 ensayos para recuperar el rendimiento tras seis meses de intervalo pero sí lo recuperaban con ventaja sobre el punto de partida original. La diferencia puede reflejar simplemente el mayor intervalo temporal en el estudio de 2026 —catorce meses es mucho más que seis— más que una diferencia cualitativa en la durabilidad del recuerdo según la etapa de entrenamiento.
La repetibilidad: los individuos buenos son buenos, pero solo de jóvenes
Uno de los hallazgos más interesantes del paper es el análisis de repetibilidad individual: hasta qué punto el rendimiento de un gecko en una fase predice su rendimiento en la siguiente. El resultado es matizado. Durante la fase juvenil, la repetibilidad del éxito individual fue significativa (R = 0,192): los geckos que aprendían mejor al principio del entrenamiento tendían a seguir rindiendo mejor al final. En la fase subadulta, la repetibilidad fue también significativa pero más débil (R = 0,071). En la fase adulta, la repetibilidad individual desapareció por completo.
Ese patrón tiene una interpretación posible: en las fases tempranas, las diferencias individuales en capacidad de aprendizaje son estables y se reflejan en el rendimiento de forma consistente. Con la madurez, esas diferencias individuales se desdibujan, quizás porque el peso relativo de la motivación —que varía más entre adultos y entre ensayos— supera al de la capacidad cognitiva propiamente dicha. Es la misma tensión entre memoria y motivación que ya aparecía en el paper de 2025, donde los autores identificaban la motivación como el factor de confusión más difícil de controlar.
Qué significa para entender la cognición de los reptiles
El conjunto de resultados refuerza una imagen del gecko leopardo como animal con capacidades cognitivas reales pero adaptadas a una escala temporal relativamente corta y a las demandas de su ciclo de vida. La cognición es más plástica y eficiente en los primeros estadios del desarrollo —cuando el animal está explorando un territorio nuevo y necesita construir sus mapas espaciales desde cero— y se vuelve menos dinámica con la madurez.
Esa lectura encaja con lo que se sabe de otros vertebrados: en muchas especies, existen periodos críticos de aprendizaje en los que la plasticidad neural es mayor y el aprendizaje más eficiente. Que el gecko leopardo muestre un patrón similar —aprendizaje más sólido y repetible en la fase juvenil— sugiere que estos periodos críticos pueden existir también en escamados, aunque su caracterización precisa requiere estudios con diseños más controlados.
Para los autores, el dato más relevante desde el punto de vista evolutivo es la conjunción entre la mayor eficiencia de aprendizaje en juveniles y la pérdida de memoria sin refuerzo. Un gecko joven que necesita aprender rápidamente la geografía de su territorio antes de que lleguen las lluvias y transformen el paisaje tiene mucho que ganar de una etapa juvenil cognitivamente activa. Que ese mapa se desvanezca cuando el entorno cambia no es un déficit: es coherencia adaptativa.
Con este trabajo, el programa de investigación sobre cognición de Eublepharis macularius del grupo de la Universidad Carolina de Praga suma cinco estudios publicados entre 2023 y 2026: orientación espacial y estrategias alotéticas (2023), memoria espacial a largo plazo en adultos (2025), detección multimodal de depredadores (2026, Behavioral Ecology) y ontogenia del aprendizaje espacial (2026, Animals). El gecko leopardo está consolidándose como el escamado modelo más documentado para el estudio experimental de la cognición en reptiles.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Chomik A, Pšeničková E, Frýdlová P, Frynta D, Janovcová M, Landová E (2026) Could Spatial Learning in the Early Stages of Life Consistently Affect the Long-Term Memory of Leopard Geckos (Eublepharis macularius)? Animals 16(8): 1153. https://doi.org/10.3390/ani16081153 ·
Landová E et al. (2025) Memory in Leopard Geckos in a Morris Water Maze Task. Animals 15(14): 2014. https://doi.org/10.3390/ani15142014 ·
Landová E et al. (2023) Spatial orientation of Eublepharis macularius in a Morris Water Maze task. Acta Soc. Zool. Bohem. 86: 97–117.
