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El contagio silencioso: perros, gatos y felinos silvestres

Zoonosis. Un margay malherido que llega a un centro de rescate en Costa Rica no solo trae los golpes de un ataque de perros y una represalia humana: trae también sida y leucemia felina, dos enfermedades típicas de gatos domésticos. Una investigación de Mongabay Latam recorre seis países americanos para documentar una amenaza que no deja marcas de bala ni de trampa: virus, bacterias y hongos que perros y gatos domésticos transmiten a jaguares, pumas, ocelotes, margays, güiñas y otros felinos silvestres, muchos de ellos ya en peligro de extinción.

Por Redacción Mundo Faunista agosto 1, 2026 13 min lectura Actualidad
El contagio silencioso: perros, gatos y felinos silvestres

Margay Por Malene Thyssen. CC BY-SA 3.0

Fuentes — Mongabay Latam, serie «Felinos Enfermos»

Este artículo se basa en seis reportajes de Mongabay Latam sobre la transmisión de enfermedades de mascotas a felinos silvestres en México, Costa Rica, Ecuador, Chile, Brasil y Bolivia, publicados entre el 21 y el 22 de julio de 2026. La lista completa figura al final del artículo.

Un margay (Leopardus wiedii) llegó en 2025 a un centro de rescate cercano a San José, Costa Rica, con el cuerpo marcado por el conflicto entre fauna silvestre y humanos: había entrado a un gallinero, los perros del vecindario lo persiguieron y un vecino lo golpeó en el cráneo. Pero las heridas visibles no eran lo único que traía. Según relata el veterinario Andrés Bräutigam a Mongabay Latam, el animal también estaba infectado con sida felino (FIV) y leucemia felina (FeLV), dos enfermedades típicas de los gatos domésticos.

Ese caso, documentado por la periodista Daniela Quintero Díaz, es solo una muestra de un problema que biólogos y veterinarios de toda América Latina describen como una crisis silenciosa. Costa Rica alberga seis especies de felinos silvestres -jaguar, puma, ocelote, margay, tigrillo y yaguarundí- y todas están bajo alguna categoría de amenaza de extinción en el país. Perros y gatos domésticos están transmitiendo enfermedades a estos y otros félidos del continente, desde jaguares y pumas hasta las especies más pequeñas y menos conocidas, como la güiña o el gato colocolo.

El salto zoonótico: cuando la mascota se convierte en puente

El investigador boliviano Enzo Aliaga-Rossel, del Instituto de Ecología de la Universidad Mayor de San Andrés, explica a Mongabay que este fenómeno se conoce como salto zoonótico: ocurre cuando la actividad humana altera los ecosistemas y facilita el contacto estrecho entre fauna silvestre y animales domésticos, que actúan como puentes epidemiológicos entre ambos mundos. Jim Sanderson, fundador de la Fundación para la Conservación de los Pequeños Felinos Salvajes y miembro del Grupo de Especialistas en Felinos de la UICN, llega a calificarlo como el asesino silencioso más grave para los félidos silvestres del continente.

La bióloga brasileña Flavia Tirelli, coordinadora del Geoffroy’s Cat Working Group, subraya que el riesgo no se limita a una sola especie: cualquier felino silvestre puede quedar expuesto a patógenos potencialmente mortales, y el peligro es mayor precisamente para las especies que ya están en peligro de extinción.

Los virus que más preocupan a los veterinarios

El virus de la inmunodeficiencia felina (FIV, conocido como sida felino) y el virus de la leucemia felina (FeLV) encabezan la lista de preocupaciones. Ambos se transmiten sobre todo por contacto directo con fluidos de gatos domésticos infectados: la saliva, las mordidas y los rasguños propios de un enfrentamiento territorial bastan para contagiarlos. Sus efectos incluyen inmunodepresión, anemia, pérdida de condición corporal y un deterioro general de la salud que puede ser letal para un félido silvestre, aunque un gato doméstico conviva con el virus durante años.

En Ecuador, un estudio de 2022 de la fundación Proyecto Sacha analizó mediante PCR a 19 ocelotes ingresados en su centro de rescate de Guayaquil: el 87,5 % dio positivo para leucemia felina y el 23,5 % para moquillo canino. Ninguno mostró síntomas graves ni murió por ello -algunos incluso lograron eliminar el virus tras mejorar su alimentación-, pero la veterinaria Eliana Molineros advierte de que un ocelote puede actuar como «portador amigable»: superar la infección sin enfermar gravemente mientras la disemina entre otras especies con las que comparte territorio, como nutrias, hurones o mapaches.

Un dato que preocupa especialmente a los investigadores: en Brasil se han identificado gatos domésticos con leucemia felina positiva dentro de áreas protegidas, precisamente donde la densidad de felinos silvestres suele ser mayor. Una revisión bibliográfica de 2024 sobre enfermedades virales en felinos silvestres brasileños añade otros patógenos a vigilar: el virus del moquillo canino (CDV), adenovirus y el virus de la rabia.

La rabia añade una capa de preocupación distinta: los felinos silvestres no se consideran reservorios del virus, pero sí pueden actuar como vectores y transmitirlo a otras especies, incluidos los humanos. Esa misma revisión recoge estudios que han detectado anticuerpos contra el virus de la rabia en jaguares del Pantanal y del Parque Nacional de las Emas, en el estado brasileño de Goiás -132 000 hectáreas de Cerrado declaradas Patrimonio Natural de la Humanidad-, lo que confirma que los jaguares de dos de las regiones mejor conservadas de Brasil ya han estado expuestos al virus.

El moquillo canino tiene, además, un precedente que sirve de advertencia fuera del continente americano: a principios de los años noventa, un tercio de los leones del Parque Nacional Serengueti, en Tanzania, murió a causa de esta enfermedad, contagiada por los perros domésticos de las comunidades masái vecinas.

En Bolivia, Aliaga-Rossel señala la panleucopenia felina -conocida popularmente como moquillo felino, causada por un parvovirus- como una de las enfermedades más comunes entre los animales domésticos de las zonas rurales del país. Se trata de un virus altamente contagioso y extremadamente resistente en el ambiente, capaz de saltar con facilidad entre especies: tanto los grandes felinos como los pequeños gatos monteses son muy susceptibles a contraerlo.

A esta lista se suma la peritonitis infecciosa felina (PIF), causada por una variante del coronavirus felino, que empieza a preocupar a los veterinarios costarricenses. Su diagnóstico topa, además, con un problema metodológico de fondo: las pruebas disponibles están diseñadas y validadas para gatos domésticos, y aplicadas a un félido silvestre pueden arrojar falsos negativos. «Tal vez sí hay enfermedad y no la estamos encontrando porque la prueba no es específica para un felino silvestre», advierte la veterinaria Isabel Hagnauer, de Wildlife Rescue Costa Rica. La escala real del problema, en otras palabras, podría ser mayor de lo que hoy pueden confirmar los laboratorios.

Bacterias y hongos: la amenaza que pasa más desapercibida

Junto a los virus, un estudio de 2020 centrado en félidos silvestres del bioma Pampa -en el que participó la propia Flavia Tirelli- alertó sobre otras dos vías de contagio menos visibles pero igual de preocupantes: las bacterias y los hongos.

El caso más documentado entre los parásitos externos es el de la sarna sarcóptica, causada por ácaros que se alojan en la piel y se transmiten por contacto directo. El biólogo Rodrigo Núñez, de Alianza Jaguar, lleva tres décadas monitoreando felinos en la Reserva de la Biósfera Chamela-Cuixmala, en el occidente de México. Allí documentó, con cámaras trampa, cómo un ocelote macho dominante, sano y robusto en 2011, se convirtió en apenas un año en un animal extremadamente delgado y con lesiones cutáneas generalizadas. Aunque perros y gatos suelen sobrevivir bien a la sarna, para un ocelote o un puma el picor constante les impide mantenerse quietos para acechar a sus presas, y la pérdida de pelo los deja sin el camuflaje que necesitan para cazar. Ese deterioro progresivo, señala Núñez, puede acabar en la muerte del animal. La reserva tiene apenas 13 000 hectáreas y alberga entre cinco y seis ejemplares de jaguar y de puma, además de algunos ocelotes: perder uno solo por sarna o moquillo equivale a perder el 20 % de esa población local. El fenómeno tampoco se limita a los felinos: en el centro de Chile, un 10,3 % de los zorros culpeo está contagiado de sarna transmitida por perros, una enfermedad que acaba matándolos por inanición.

Más al sureste, en la selva de Calakmul, otro tipo de contagio golpea a los jaguares más viejos o debilitados: la leishmaniasis, transmitida por la picadura de un díptero conocido localmente como mosca chiclera, y las larvas de la mosca Dermatobia hominis, que se desarrollan bajo la piel. El biólogo Heliot Zarza Villanueva, de la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar, explica que la edad, las heridas de perdigones o la malnutrición debilitan primero al animal, y es entonces cuando su sistema inmune queda al mínimo y estos parásitos, normalmente inofensivos, se convierten en una amenaza real.

Entre las bacterias, el estudio de 2020 señala al género Bartonella como un problema emergente. Los gatos domésticos son el principal reservorio de Bartonella henselae, causante de la enfermedad por arañazo de gato: apenas afecta al gato que la porta, pero en personas inmunodeprimidas puede derivar en una infección grave. La investigación detectó el patógeno en ejemplares libres de gato del bosque (Leopardus geoffroyi) y de margay en el bioma Pampa, y subraya que los carnívoros silvestres, al ocupar la cima de la cadena alimentaria, actúan como bioacumuladores de este tipo de patógenos.

En Chile, el caso mejor documentado es el de una hembra juvenil de gato colocolo (Leopardus colocola) hallada en octubre de 2025 en el patio de una casa en San Fernando, con dificultad respiratoria y un absceso en el cuello, probablemente causado por el ataque de un perro. Los análisis detectaron una infección bacteriana resistente a varios antibióticos -metronidazol, cefoxitina y oxacilina-, y la felina murió pese al tratamiento. Para el especialista Diego Ramírez-Álvarez, esa resistencia demuestra que el animal estuvo expuesto a cepas bacterianas propias de entornos humanos y de mascotas, que no deberían circular en un hábitat silvestre sano. Un segundo colocolo, hallado ciego junto a una carretera en la región de Coquimbo, resultó ser el primer caso descrito de leucemia felina en esta especie -hasta entonces solo documentada en la güiña-, junto con una infección bacteriana por micoplasma; el animal fue finalmente eutanasiado.

El hongo con mayor capacidad de causar estragos es Sporothrix brasiliensis, responsable de la esporotricosis felina: una micosis subcutánea grave y muy contagiosa que provoca lesiones profundas y de difícil cicatrización, y que sin tratamiento puede extenderse por el sistema linfático y los órganos internos hasta causar la muerte. Según la veterinaria Gabriela Kharsa Bastos, de la Universidad Estatal Paulista, los gatos desarrollan una carga fúngica muy elevada en sus lesiones y también la portan en las uñas y la boca, lo que hace su transmisión extremadamente eficaz: no hace falta una mordida, basta con que un gato infectado se afile las uñas en un tronco o deje secreciones en el entorno. Solo en Brasil, los casos de esporotricosis en gatos pasaron de 1412 en 2022 a 3290 en 2023, un aumento del 133 %. Bastos advierte de que, frente a una población de gatos domésticos que se cuenta por decenas de millones, las poblaciones de felinos silvestres tienen una densidad muchísimo menor: unos pocos contagios bastan para tener una importancia crítica en términos de conservación.

Estas amenazas, además, no siempre llegan por separado. En Río Grande do Sul, la necropsia de un margay reveló una infección parasitaria alojada en un lugar atípico del cuerpo, agravada por la presencia simultánea del virus de la inmunodeficiencia felina, que probablemente había reducido sus defensas. En la misma región, un tirica (Leopardus guttulus) murió tras una infección por un parásito asociado a gatos domésticos que entró por el conducto auditivo y acabó alojándose en la base del cerebro.

El caso de la güiña, en Chile

La güiña (Leopardus guigna), uno de los felinos más pequeños de América, es el caso mejor documentado hasta ahora. Constanza Napolitano, directora del Laboratorio de Genética de la Conservación de la Universidad de Los Lagos, ha encontrado evidencia de leucemia felina, inmunodeficiencia felina y parvovirus canino a lo largo de todo el rango de distribución de la especie en Chile, además de endoparásitos gastrointestinales y cardiorrespiratorios propios de gatos domésticos. Para Napolitano, esto confirma que se trata de un problema generalizado en el país, grave por su extensión y su magnitud.

Una lista de especies que crece

La investigación de Mongabay documenta el riesgo en jaguares (Panthera onca), pumas (Puma concolor), ocelotes (Leopardus pardalis), margays (Leopardus wiedii), yaguarundíes (Herpailurus yagouaroundi), güiñas (Leopardus guigna) y gatos colocolo (Leopardus colocola), entre otras especies de félidos silvestres americanos, varias de ellas ya catalogadas en peligro de extinción por sus propios países. La bióloga ecuatoriana Abel Gallo Pérez lo resume con una pregunta que antes no se hacía en su trabajo de campo: cuando una cámara trampa muestra ejemplares sanos y reproduciéndose, ¿y si en realidad están enfermos?

El caso brasileño ilustra la escala del desequilibrio. Brasil alberga diez especies de félidos y es, según cifras citadas por Mongabay, el tercer país del mundo con más mascotas: unos 30 millones de gatos domésticos, a los que se suman otros 10 millones que viven en la calle sin dueño definido. Es un reservorio de patógenos enorme frente a poblaciones silvestres mucho más reducidas. Entre las especies más comprometidas está el gato de las pampas (Leopardus munoai), endémico del bioma homónimo entre Brasil, Argentina y Uruguay, que ya enfrenta caza por retaliación, pérdida de hábitat y atropellos en carretera, y para el que la exposición a enfermedades es una amenaza más sobre una población ya escasa.

Por qué ocurre ahora

Los propios investigadores señalan la causa de fondo: la fragmentación del hábitat y la expansión urbana y agrícola acercan cada vez más a los felinos silvestres a las zonas habitadas, mientras el aumento de mascotas de libre deambular, la escasa tenencia responsable y el acortamiento de la frontera entre lo silvestre y lo doméstico multiplican las oportunidades de contagio. Como resume la veterinaria ecuatoriana Carolina Sáenz, directora del Hospital de Fauna Silvestre de la Universidad San Francisco de Quito, el problema de fondo no es el perro ni el gato en sí, sino la falta de conciencia sobre lo que esos animales pueden causar en la fauna silvestre que los rodea.

Frente a esta amenaza, veterinarios y organizaciones de conservación de nueve países latinoamericanos han impulsado campañas de vacunación y esterilización de mascotas en comunidades cercanas a áreas protegidas: solo en 2024 se esterilizaron 255 perros y 196 gatos, y se vacunaron 2020 perros y 562 gatos. Como resume la bióloga Paola Nogales, del Programa de Investigación de Félidos de Bolivia, la frontera entre la salud de las mascotas y la salud de la fauna del bosque es hoy más delgada que nunca.

Redacción Mundo Faunista

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Fuentes — serie «Felinos Enfermos», Mongabay Latam:
Quintero Díaz, D. «No hace falta una bala: enfermedades de animales domésticos amenazan a los felinos silvestres de Latinoamérica» (21/07/2026). Enlace  · 
Berti, L. «Los gatos silvestres de Brasil enfrentan múltiples enfermedades por la fragmentación de su hábitat» (21/07/2026, con Mongabay Brasil). Enlace  · 
Aquino, E. «Mascotas sin vacunar y abandono rural enferman a los felinos silvestres en México» (21/07/2026, con Animal Político). Enlace  · 
Fernández Calderón, M. «La cercanía con las mascotas está enfermando a los felinos silvestres de Costa Rica» (21/07/2026). Enlace  · 
Díaz Levi, P. «Enfermedades de animales domésticos acorralan al gato colocolo en Chile» (22/07/2026). Enlace  · 
Serrano Carmona, A. «Leucemia y moquillo: las enfermedades de animales domésticos que acechan al ocelote en Ecuador» (22/07/2026). Enlace  · 
Souza, U.A. et al. (2020) Molecular and Serological Survey of the Cat-Scratch Disease Agent (Bartonella henselae) in Free-Ranging Leopardus geoffroyi and Leopardus wiedii From Pampa Biome, Brazil. Microbial Ecology 81(2): 483-492. 10.1007/s00248-020-01601-x

Etiquetas: bacterias resistentesBartonella henselaeesporotricosis felinafelinos silvestresFeLVFIVgato colocologüiñaleishmaniasisleucemia felinaMongabay Latammoquillo caninoocelotepanleucopenia felinaperitonitis infecciosa felinarabiasalto zoonóticosarna sarcópticaSporothrix brasiliensistenencia responsablezoonosis
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Equipo editorial de Mundo Faunista, publicación de la Federación FAUNA

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