Este artículo está basado en el estudio de Kondylatos et al. (2024), publicado en la revista Hydrobiology 3(1): 31-50 (DOI: 10.3390/hydrobiology3010003), sobre la población de pez león en aguas de Rodas, Grecia.
En los mercados de pescado de Rodas ya se puede comprar, a diez euros el kilo, uno de los peces más temidos del Mediterráneo oriental. El pez león (Pterois miles) figura entre las cien peores especies exóticas invasoras del mar Mediterráneo. Un nuevo estudio confirma además que su población en aguas griegas está infraexplotada: técnicamente, se podría pescar bastante más de lo que se pesca hoy.
Sobre el papel, parece la solución perfecta: convertir al invasor en cena. Pero la literatura científica sobre otras pesquerías de pez león, especialmente en el Atlántico, lleva años advirtiendo de una paradoja incómoda que conviene entender antes de celebrar la noticia.
Un invasor de manual
El pez león es originario del Indo-Pacífico. Llegó al Mediterráneo a través del canal de Suez, en lo que los biólogos llaman una migración lessepsiana. Se registró por primera vez en 1991 frente a las costas de Israel, pero no volvió a detectarse hasta 2012, en Líbano. A partir de ahí la expansión fue rápida: Turquía y Chipre en 2014-2015, Rodas el 15 de julio de 2015. Hoy está presente en Israel, Chipre, Grecia, Italia, Líbano, Libia, Túnez y Turquía, y se considera una de las invasiones más veloces registradas en la cuenca.
Su éxito como invasor se explica por una combinación conocida: madura y se reproduce pronto, sus espinas venenosas disuaden a casi cualquier depredador, y en el Mediterráneo apenas tiene enemigos naturales -algún mero, el pulpo común y el pez globo plateado, todos ellos además sometidos a su propia presión pesquera-. Es, por si fuera poco, un cazador voraz y generalista que puede consumir presas a un ritmo muy superior al que estas logran reponerse. Por ahora, solo la temperatura del agua parece limitar su expansión: el pez león no sobrevive por debajo de los 10 °C.
Lo que revela el nuevo estudio de Rodas
Entre abril de 2021 y marzo de 2022, un equipo de investigadores griegos capturó 363 ejemplares en aguas costeras de Rodas, con artes de pesca artesanales -redes de enmalle y trasmallos- a profundidades de entre 8 y 35 metros. Es el primer estudio que aporta datos de mortalidad de la especie en aguas griegas.
Proporción de sexos: prácticamente equilibrada (1 macho por cada 1,03 hembras)
Madurez sexual: a los 22,4 cm de longitud, en torno a los 2,1 años
Longitud máxima teórica: 45,35 cm; los machos crecen más que las hembras
Longevidad estimada: 14,4 años (el ejemplar más viejo capturado tenía 5)
Época de mayor reproducción: verano, seguido de otoño
Tasa de explotación actual: 0,48 → población infraexplotada
El dato con más consecuencias prácticas es el último. Una tasa de explotación de 0,48 -por debajo del umbral de referencia de 0,5 que se usa en biología pesquera- indica que la presión de pesca actual sobre la especie es baja. Según los cálculos del equipo, tanto la mortalidad por pesca óptima como el límite recomendado son superiores a la mortalidad actual, lo que apunta a que aumentar las capturas beneficiaría a la vez a la economía pesquera local y a la recuperación del ecosistema.
Un recurso que apenas se aprovecha todavía
El pez león ya se comercializa en algunos mercados de Rodas, pero en muy pocos puntos de venta. Los propios autores del estudio atribuyen esa lentitud a la mala fama del animal: sus espinas venenosas -entre doce y trece en la aleta dorsal, tres en la anal y dos en las pélvicas- han generado un rechazo entre los consumidores que frena la demanda, pese a que su carne es perfectamente comestible una vez retiradas.
Los autores proponen medidas concretas para revertir esa reputación: jornadas gastronómicas en ciudades turísticas, hoteles y restaurantes, y una comunicación clara hacia consumidores y vendedores de que el objetivo es reducir la población de la especie, no crear un nuevo plato de temporada del que dependan económicamente. El marco legal ya lo permite: el artículo 19 del Reglamento (UE) 1143/2014 autoriza el uso comercial temporal de especies invasoras ya establecidas, como parte de medidas de erradicación o control poblacional, siempre bajo justificación estricta y con controles que eviten su expansión posterior.
La paradoja: cuando el éxito de la pesca amenaza a la propia pesca
Un estudio de 2023 sobre la pesquería de pez león en el golfo de México (Harris et al., Biological Invasions) describe el problema con precisión: reducir la población de una especie invasora reduce también las capturas por unidad de esfuerzo, y eso puede volver la pesca poco rentable. Si los pescadores abandonan la actividad por falta de rentabilidad, la población invasora puede recuperarse.
Es la misma paradoja que el propio estudio de Rodas menciona de pasada, citando un trabajo de 2012 (Nuñez et al., Conservation Letters): crear un mercado rentable para una especie invasora genera un incentivo perverso para mantenerla, e incluso para introducirla deliberadamente en zonas todavía no colonizadas, si eso amplía el negocio. Cuanto mejor le vaya a la pesquería, más motivos económicos existen para que el invasor no desaparezca del todo.
A esto se suma un problema físico: en el Atlántico se ha documentado que el pez león también coloniza arrecifes profundos, fuera del alcance habitual de buceadores y de las artes de pesca tradicionales, lo que limita la eficacia real de las capturas dirigidas por mucho que funcionen en las zonas someras. Y hay una última vuelta de tuerca, esta vez a favor de la pesquería: varios estudios describen al pez león como una especie robusta frente a la presión pesquera, con una notable capacidad de compensación reproductiva. Eso significa que es difícil sobreexplotarlo hasta el colapso -buena noticia para quien quiera vivir de su pesca-, pero también explica por qué la pesca por sí sola rara vez basta para eliminarlo.
Ahora mismo, Rodas se encuentra en el punto en el que pescar más ayuda a la vez a la economía local y al ecosistema. La lección del Atlántico es que ese equilibrio no está garantizado para siempre: si la pesquería tiene éxito y la población baja de verdad, ese mismo éxito puede dejar de ser rentable, y ahí es donde empieza la parte difícil de gestionar.
Una especie con doble vida
Hay una ironía adicional en esta historia que no pasará desapercibida para buena parte de los lectores de esta publicación: el pez león es, desde hace décadas, uno de los peces ornamentales más populares en la acuariofilia marina de todo el mundo, apreciado precisamente por esas aletas vistosas que hoy dificultan su comercialización como alimento.
Conviene no confundir, eso sí, los dos escenarios. La invasión mediterránea que describe el estudio de Rodas tiene un origen bien establecido y distinto: la migración a través del canal de Suez. La invasión atlántica y caribeña, en cambio, se atribuye de forma bien documentada -incluidos estudios genéticos citados por la NOAA y por la Universidad de Florida- a liberaciones accidentales o deliberadas de ejemplares de acuario ocurridas en Florida en los años ochenta. Son dos invasiones distintas, con dos orígenes distintos, pero protagonizadas por el mismo género de pez, el mismo que hoy se plantea como posible plato del día en las tabernas de Rodas.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Kondylatos, G. et al. (2024) The Devil Firefish Pterois miles (Bennett, 1828): Life History Traits of a Potential Fishing Resource in Rhodes (Eastern Mediterranean). Hydrobiology 3(1): 31-50. https://doi.org/10.3390/hydrobiology3010003 ·
Harris, H.E. et al. (2023) The bioeconomic paradox of market-based invasive species harvest. Biological Invasions 25: 1595-1612. 10.1007/s10530-023-02998-5 ·
NOAA Fisheries — Impacts of Invasive Lionfish
