El activismo animalista, analizado como religión secular
La socióloga sueca Kerstin Jacobsson entrevistó durante años a activistas de derechos animales comprometidos con su causa, y encontró un patrón que no esperaba del todo: experiencias de conversión casi religiosas, una fuerte cultura de la culpa, rituales que refuerzan la pertenencia al grupo, y una frontera nítida entre creyentes y no creyentes. Apoyándose en Durkheim y en el sociólogo Milton Yinger —cuya definición funcional de la religión explicamos con detalle—, Jacobsson concluye que el activismo animalista puede entenderse como una religión secular, con un ideal sagrado, el valor intrínseco de los animales, en el centro. No es una acusación de fanatismo: es un marco analítico serio, aplicado con el mismo rigor con el que se estudiaría cualquier otro movimiento social.