En la primera entrega de esta serie repasamos la genética del pecho del diamante de Gould (Chloebia gouldiae). Toca ahora la cabeza, la tercera gran zona de color de la especie junto al pecho y al cuerpo. En estado silvestre existen tres colores de cabeza: rojo, negro y amarillo (o naranja, pero usaremos amarillo en el artículo y en la calculadora). El rojo es la forma original; el negro y el amarillo son mutaciones que han surgido de forma natural.
Tres colores, no tres especies
Un ejemplar mutante no suele durar mucho en libertad: destaca demasiado y se convierte en presa fácil. Aun así, aves de cabeza negra o amarilla aparecen de cuando en cuando en poblaciones silvestres, lo que demuestra que estas mutaciones surgen de forma espontánea y recurrente. Y no se trata de especies distintas: si se cruza un macho de cabeza negra con una hembra de cabeza roja, la descendencia no produce híbridos raros ni estériles, sino aves de cabeza roja portadoras del gen negro. El comportamiento de la herencia deja claro que es una única especie con tres variantes de color.
Por qué hay más cabezas negras que rojas en la naturaleza
En libertad, los diamantes de cabeza negra superan a los de cabeza roja en una proporción de tres a uno. Los investigadores Pryke y Griffith plantearon en 2009 una explicación: en el pasado, ambas poblaciones pudieron vivir geográficamente separadas, cada una adaptada a un entorno distinto. Los de cabeza roja, en un hábitat con recursos más escasos, habrían desarrollado un temperamento más competitivo y agresivo; los de cabeza negra, en un entorno más generoso, uno más tranquilo.
El estudio encontró algo más llamativo todavía: en las parejas mixtas —un progenitor de cada color— la mortalidad de las crías era mayor que en las parejas del mismo color, un dato observado en aves silvestres. Y pese a eso, muchas hembras de cabeza negra preferían aparearse con machos de cabeza roja, aun teniendo la opción de un macho de su propio color. Los machos de cabeza roja, aunque genéticamente dominantes y con ventajas de acceso a los mejores recursos, siguen siendo minoría por su temperamento más estresado y su mayor vulnerabilidad a enfermedades como la infección por ácaros del saco aéreo.
El propio autor de la fuente original, criador de la especie, matiza este punto con honestidad: en su experiencia con aves en cautividad, criando durante generaciones parejas de distinto color de cabeza, nunca ha observado esa mayor mortalidad. Su hipótesis es que el fenómeno depende más del entorno y del historial de estrés de cada población silvestre concreta que del color de cabeza en sí mismo, y que generaciones de cría en cautividad, sin selección por color de cabeza, probablemente han diluido ya esa diferencia genética de origen.
Una pluma distinta para cada color
Las plumas de la cabeza no son iguales entre las tres variantes. En las aves de cabeza roja y amarilla, las plumas muestran una estructura en capas: una zona roja o amarilla, seguida de una zona parda, y una pequeña zona negra, sobre una base blanco-grisácea. Estas plumas contienen dos pigmentos carotenoides que el ave obtiene de la dieta: canthaxantina roja y luteína amarilla. Cuando la producción de canthaxantina se interrumpe, el resultado es luteína amarilla en su lugar. Además, hay diferencias entre sexos: las barbas de la pluma son más largas en los machos, lo que da un rojo más puro; en las hembras, más cortas, el resultado es un tono más oscuro y a menudo con más presencia de amarillo.
Las aves de cabeza negra, en cambio, apenas muestran diferencia entre sexos. Toda la pluma está cubierta de barbicelos y rellena de eumelanina negra, sin la zona coloreada característica de las otras dos variantes.
Como ya vimos al hablar del pecho, la feomelanina —el pigmento pardo-rojizo que también determina el púrpura del pecho— deja su huella igualmente en la cabeza: las aves de pecho blanco, al tener menos feomelanina en todo el cuerpo, muestran colores de cabeza más claros y brillantes que las de pecho púrpura, sea cual sea su color de cabeza.
La genética: rojo dominante, negro recesivo, amarillo aparte
El color rojo de cabeza es dominante y va ligado al cromosoma sexual Z. El negro es recesivo frente al rojo, y va ligado al mismo cromosoma. Como en todas las aves, es la hembra quien tiene un único cromosoma Z —frente a los dos del macho—, así que una hembra expresa directamente lo que lleve en su único Z, sin poder ser portadora oculta de negro. El macho, con dos copias, sí puede ser portador de negro sin mostrarlo.
El amarillo funciona de forma completamente distinta: depende de un gen modificador situado en un cromosoma autosómico, ajeno al sexo, que bloquea la producción del pigmento rojo. Este modificador solo produce el efecto amarillo cuando está presente en doble dosis (en ambas copias del gen); con una sola copia, el ave sigue pareciendo roja, aunque porte el factor oculto. Y hay una condición añadida: para que el amarillo se manifieste, el ave necesita tener genéticamente el fondo rojo en el cromosoma Z —el amarillo no es una alternativa al rojo, sino una modificación que actúa sobre él—.
Cuando un ave es genéticamente negra en el cromosoma Z, la eumelanina negra tapa cualquier posible amarillo, y el resultado visible es, simplemente, cabeza negra. Pero si esa misma ave lleva además el modificador amarillo en doble dosis, queda un rastro visible: el pico, en vez del rojo habitual de las aves de cabeza negra, se muestra de punta amarilla. A estas aves se las conoce como «cabeza negra de pico amarillo» (YTB, por sus siglas en inglés), y el color del pico es la única pista visual de que, genéticamente, son también amarillas dobles.
El caso del rojo que reaparece
Este sistema genético permite un resultado que a primera vista parece imposible: cruzar dos aves sin rastro visible de rojo y obtener crías de cabeza roja. Ocurre, por ejemplo, al cruzar un macho de cabeza negra portador de amarillo con una hembra de cabeza amarilla. Ninguno de los dos padres muestra rojo en su fenotipo. Sin embargo, la hembra amarilla sí lleva genéticamente el fondo rojo en su único cromosoma Z —solo que el modificador en doble dosis lo convierte en amarillo—, y ese rojo oculto puede transmitirse y reaparecer sin enmascarar en la descendencia.
En genética esto se llama epistasia recesiva: dos caracteres recesivos, en genes distintos, pueden ocultar entre ambos un carácter dominante que ninguno de los progenitores mostraba, sin que eso viole ninguna regla mendeliana. El carácter dominante seguía ahí, transmitido en silencio.
Padres: macho de cabeza negra portador de amarillo × hembra de cabeza amarilla
Machos resultantes: mitad de cabeza amarilla (portando genes de negro y de rojo), mitad de cabeza roja portadores de negro y de amarillo
Hembras resultantes: mitad de cabeza negra con pico amarillo —negras de amarillo doble—, mitad de cabeza negra portadoras de amarillo
Otros ejemplos de cruces
Macho rojo × hembra negra: toda la descendencia de cabeza roja; los machos, portadores de negro.
Macho amarillo × hembra negra: toda la descendencia de cabeza roja; los machos portadores de negro y de amarillo, las hembras portadoras de amarillo.
Para calcular cruces concretos combinando cabeza, pecho y cuerpo, usa la calculadora genética que hemos construido para Mundo Faunista:
Calculadora genética del diamante de Gould
Selecciona el genotipo de cada progenitor — cabeza, pecho y cuerpo — y calcula la descendencia esperada
Macho
Hembra
Lo que importa de verdad al emparejar
El propio criador que documenta esta genética es igual de claro respecto a la práctica: en años de cría mezclando libremente los tres colores de cabeza, no ha detectado diferencias de mortalidad ni de fertilidad achacables al color, ni ha visto degradación del plumaje al criar líneas de cabeza amarilla durante varias generaciones. Su conclusión es que no hay ninguna razón para mantener líneas «puras» de color de cabeza: lo que de verdad determina el éxito de una pareja es la condición física y la salud general de las aves, no la combinación de colores.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuente: Buransky, M. «Mutations and inheritance of head coloring». gouldianfinches.eu, con referencia al estudio de Pryke, S. R. y Griffith, S. C. (2009) sobre comportamiento y color de cabeza en poblaciones silvestres.