Este artículo se apoya en el reportaje de Daniel Somolinos publicado en El Mundo el 27 de julio de 2026 sobre Bisonte Park Madrid y el incendio de la Sierra Oeste; en la reflexión científica de 40 investigadores de 25 universidades publicada en Conservation Science and Practice y difundida por la Universidad Complutense de Madrid y Agencia SINC; y en la cobertura del episodio de los burros antiincendios de la Comunitat Valenciana (2021).
El macroincendio que ha calcinado más de 28.000 hectáreas en la Sierra Oeste de Madrid y obligado a evacuar a decenas de miles de personas ha dejado, entre tanta destrucción, una imagen que ha corrido como la pólvora: a un lado de un vallado, monte ennegrecido; al otro, donde pastan los bisontes y las vacas de Bisonte Park, la hierba sigue verde. La reserva de Robledo de Chavela ha perdido 160 de sus 240 hectáreas, pero el recinto donde viven los bisontes ha quedado prácticamente intacto.
Una noche de emboscada ígnea y un cortafuegos improvisado
Raúl Rodríguez, uno de los dos socios que levantó Bisonte Park hace poco más de un año, vivió momentos de auténtico peligro la tarde en que el fuego rodeó su finca. Al no poder evacuar a sus caballos —entre ellos una yegua de pura raza inglesa valorada en medio millón de euros— se quedó junto a su padre intentando abrir vallas y repartir agua mientras las llamas se acercaban. Un vecino con conocimiento de caminos secundarios los sacó por veredas casi intransitables, con el frente del incendio a apenas 40 metros, hasta ponerlos a salvo.
Al día siguiente, al regresar a la finca esperando lo peor, Raúl encontró a todos sus animales con vida. Atribuye la salvación de sus caballos a una parcela que sus 25 vacas y un semental habían dejado prácticamente rapada de pasto, actuando como discontinuidad del combustible. Dentro del recinto de los bisontes, el suelo también había quedado conservado. El propio ganadero resumió el contraste calificando a los bisontes como «los mejores bomberos de España».
Lo que dice la ciencia: prudencia, no negación
El caso de Robledo de Chavela llega justo cuando la comunidad científica lleva año y medio advirtiendo sobre los límites del bisonte europeo como herramienta de gestión del territorio en España. Cuarenta investigadores de 25 universidades y centros de nueve países —especialistas en ecología histórica, paleontología, genética y biología de la conservación— publicaron en 2024 la primera reflexión científica conjunta sobre los proyectos de introducción de esta especie, y su conclusión fue tajante: el bisonte europeo no puede restaurar ningún hábitat perdido en España, no sustituye al bisonte de estepa representado en Altamira —una especie distinta y extinta que vivió en un ecosistema, la estepa del mamut, que ya no existe—, y no hay pruebas de que jamás habitara la península ibérica, por lo que introducirlo en libertad sería ilegal.
El punto que más interesa para este artículo es otro: los propios investigadores niegan que el bisonte pueda desempeñar la función de «desbrozadora natural» mejor de lo que ya lo hacen los herbívoros domésticos o silvestres autóctonos existentes. No dicen que el pastoreo no reduzca la biomasa inflamable —ese efecto sí está acreditado con datos—; dicen que no hay evidencia de que el bisonte lo haga mejor que una vaca, una cabra o una oveja, ni de que su introducción aporte algo que la ganadería extensiva ya existente no aportara.
Yeray Calderón Hernández (Universidad de La Laguna, 2025) en su trabajo sobre pastoreo dirigido en Gran Canaria, aporta precisamente esos datos: en catorce parcelas experimentales con área pastoreada y área excluida, el pastoreo redujo de forma estadísticamente significativa la cobertura vegetal, el volumen de vegetación (estimado por número de contactos) y la biomasa herbácea cortada, sin que se detectara un aumento asociado de la erosión del suelo ni una pérdida de riqueza de especies a corto plazo. Es decir: el efecto cortafuegos del pastoreo no es una intuición ganadera, es un resultado replicable con metodología de exclusión y análisis estadístico. Lo que ese mismo estudio no dice —porque no es su objeto— es que haga falta un bisonte para conseguirlo: los datos de Gran Canaria se obtuvieron con cabras y ovejas, las mismas especies que los 40 investigadores señalan como alternativa ya disponible y probada frente al bisonte.
Bien evidenciado: en Gran Canaria, catorce parcelas con área pastoreada y área excluida mostraron una reducción estadísticamente significativa de la cobertura vegetal, el volumen de vegetación y la biomasa herbácea en las zonas con pastoreo (cabras y ovejas), sin aumento detectable de la erosión ni pérdida de riqueza de especies (Calderón Hernández, 2025). En Andalucía, un rebaño de 500 ovejas o cabras puede retirar hasta una tonelada de biomasa al día.
Sin evidencia científica sólida hasta ahora: que el bisonte europeo cumpla esa función mejor que el ganado autóctono ya estudiado, que pueda restaurar hábitats extinguidos, o que su presencia en la Península tenga precedente histórico demostrado.
Dicho de otro modo: lo que salvó los caballos de Raúl, según su propio relato, fue el pasto rapado por sus vacas tanto como el de sus bisontes. Un solo caso —por muy gráfico que sea el vídeo— no permite aislar qué parte del efecto cortafuegos corresponde específicamente al bisonte y cuál al resto del ganado que pastaba la misma finca. La ciencia pide series de datos, réplicas y comparación con zonas de exclusión, exactamente el mismo tipo de diseño experimental que ya se ha aplicado para evaluar el pastoreo caprino u ovino en otros puntos de España.
El precedente que conviene no olvidar: los burros antiincendios de la Comunitat Valenciana
La historia de Robledo de Chavela tiene, además, un contrapunto necesario: en 2021 la Generalitat Valenciana puso en marcha un programa de burros antiincendios en la Sierra d’Espadà, en Castellón, con el mismo objetivo de reducir el combustible vegetal mediante el ramoneo. El resultado fue muy distinto. Al menos diez de los cincuenta burros del programa murieron por falta de adaptación al medio, desnutrición y heridas, según denunció el grupo ecologista Gecén. La Generalitat tardó semanas en reconocer la magnitud del problema y en suspender el plan, y el caso terminó en manos de la Guardia Civil.
El contraste entre ambos episodios es instructivo. No basta con soltar animales —bisontes, burros o cualquier otra especie— en un monte y esperar que hagan de cortafuegos: importa la especie, su adaptación al clima y al terreno, el manejo veterinario, la carga ganadera y el seguimiento continuado. Cuando esas condiciones se cumplen, como parece haber sido el caso en Bisonte Park, el efecto puede ser real y visible. Cuando no se cumplen, como en Castellón, el resultado es sufrimiento animal evitable y un fracaso que además desacredita la propia idea del pastoreo antiincendios ante la opinión pública.
Una anécdota potente, una conclusión que aún no se puede sacar
El vídeo de Raúl es, sin duda, una de las imágenes más elocuentes de esta ola de incendios. Pero conviene resistir la tentación de convertir un caso aislado en una prueba científica de que el bisonte europeo es, sin más, la solución a los grandes incendios forestales. Lo que sí queda acreditado, una vez más, es algo que Mundo Faunista viene documentando desde hace tiempo: la ganadería extensiva bien gestionada —sea de vacas, cabras, ovejas o, en este caso, también bisontes— reduce de forma tangible el riesgo de que el fuego arrase una parcela.
Raúl añade además una queja que conecta con un debate más amplio sobre la gestión forestal en España: la dificultad administrativa para limpiar de maleza zonas como el cauce de un arroyo cercano a su finca, a pesar de llevar meses solicitándolo. Es una tensión que ya aparece en otros análisis de esta sección sobre pastoreo dirigido y gestión del monte: la normativa ambiental, pensada para proteger, puede terminar impidiendo precisamente las labores de desbroce que reducen el riesgo de megaincendios.
En síntesis: el caso de Robledo de Chavela no contradice a los 40 investigadores que piden prudencia sobre el bisonte europeo; simplemente añade un dato de campo que habrá que estudiar con series más largas y comparaciones controladas, igual que se ha hecho ya con el pastoreo caprino y ovino en otras regiones de España.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Somolinos, D. (27 de julio de 2026) «Los bisontes que salvaron la reserva natural del ganadero Raúl en Robledo de Chavela». El Mundo. ·
Agencia SINC — Investigadores de 25 universidades desaconsejan la introducción del bisonte europeo en la Península ·
Universidad Complutense de Madrid — nota de prensa ·
Calderón Hernández, Y. (2025) El rol del pastoreo en la prevención de grandes incendios forestales en Gran Canaria. Trabajo de Fin de Grado, Universidad de La Laguna ·
El Español (31 de octubre de 2021) «El drama de los burros antiincendios: los llevaron a una muerte segura tras embaucar a su protector»
