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Azulón y pato criollo: dos domesticaciones, dos continentes

Casi todos los patos de corral del mundo descienden del azulón, domesticado en China hace unos 2.200 años junto a los arrozales. Pero en Sudamérica, sin contacto alguno, los pueblos indígenas domesticaron otra especie muy distinta: el pato criollo, alimentado con maíz desde hace más de mil años en la Amazonía boliviana. La genética y la arqueología cuentan la historia de dos domesticaciones paralelas y de su híbrido estéril, el mulard.

Por Redacción Mundo Faunista 7 de noviembre de 2026 10 min lectura Animales de Renta
Azulón y pato criollo: dos domesticaciones, dos continentes

Pato criollo (Cairina moschata domestica), Tierpark Hellabrunn, Múnich, Alemania. Diego Delso CC-BY-SA

En cualquier corral español pueden convivir dos patos que parecen de la misma familia y no lo son. Uno es el pato doméstico común, blanco o pardo, heredero del azulón salvaje. El otro es el pato criollo, más corpulento, con la cara cubierta de carúnculas rojas.

Los dos son domésticos, pero su historia no podría ser más distinta. El primero se domesticó en China, ligado al cultivo del arroz. El segundo, en Sudamérica, alimentado con maíz. Ninguno de los dos pueblos supo nunca que el otro estaba haciendo lo mismo.

Dos patos que apenas son parientes

El azulón (Anas platyrhynchos) es el pato silvestre más extendido del hemisferio norte. Prácticamente todas las razas domésticas de pato descienden de él. Entre ellas están el pato de Pekín, el corredor indio, el khaki campbell o el pato de Rouen.

El pato criollo (Cairina moschata) es otra cosa. Su forma silvestre vive desde México hasta Argentina y Uruguay, anida en huecos de árboles y suele dormir posado en las ramas. En España también se le llama pato mudo o pato almizclado.

Su parentesco con el azulón es lejano. El zoólogo Darren Naish recuerda que la posición del pato criollo en el árbol de las anátidas sigue discutida. Unos estudios lo acercan a los patos de superficie y otros a los tadornos, el grupo de los tarros. Si fuera un tadornino, comenta Naish, resultaría asombroso que pueda hibridarse con el azulón.

Dos domesticaciones frente a frente

Azulón (Anas platyrhynchos): domesticado en China hace unos 2.200 años, asociado a los arrozales; antepasado de casi todas las razas de pato doméstico
Pato criollo (Cairina moschata): domesticado en Sudamérica antes de la llegada de los europeos; en la Amazonía boliviana se alimentaba con maíz hacia el año 800
Parentesco: lejano, en ramas distintas de la familia de las anátidas
Híbrido: el mulard, generalmente estéril

El azulón: un pato de los arrozales chinos

Los primeros registros escritos de patos domésticos en el centro de China son de poco después del año 500 antes de nuestra era. La genética ha confirmado esa cronología.

En 2018, un equipo de investigadores chinos y británicos secuenció el genoma completo de 78 patos de dos poblaciones silvestres y siete domésticas. Sus modelos sitúan la domesticación hace unos 2.228 años, con un margen de error de más o menos 441. Encaja con las fuentes escritas y apunta a un único episodio de domesticación relativamente reciente.

El trabajo, publicado en GigaScience, recuerda que la cría de patos en el sur de China y el sudeste asiático tiene al menos 2.000 años. Siempre ha estado ligada a ambientes húmedos y al cultivo del arroz. En los arrozales, los patos encuentran insectos, plantas acuáticas y el grano que queda tras la cosecha.

Carne y huevos desde el principio

El dato más sorprendente del estudio es la rapidez de la especialización. Según el modelo, las líneas de carne y las de puesta se separaron muy poco después de la domesticación, hace unos 2.126 años. Desde casi el principio, los criadores chinos seleccionaron patos con fines distintos.

Los genes más afectados por la domesticación están relacionados con el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso. Es un patrón que se repite en muchas especies domésticas: los cambios en el comportamiento, como la mansedumbre, suelen ser los primeros que se seleccionan.

El nacimiento del pato de Pekín

El pato de Pekín, la raza blanca que domina hoy la producción mundial, es fruto de una segunda etapa. Un estudio de Zhou y colaboradores, publicado en Nature Communications también en 2018, concluye que desciende de razas autóctonas del sur de China. Fue objeto de una selección intensa a partir de la dinastía Ming.

Los investigadores identificaron dos de los cambios genéticos clave. Una inserción en el gen MITF parece explicar su plumón blanco, aunque los autores advierten que falta comprobarlo funcionalmente. Un cambio cerca del gen IGF2BP1 mantiene activo ese gen tras la eclosión y se asocia a un 15 % más de tamaño corporal.

¿Participó otra especie en la historia? Un estudio de 2021 en BMC Genomics propuso que el ánade picopinto oriental (Anas zonorhyncha) contribuyó a las razas chinas. La idea es discutida: las dos especies silvestres comparten variantes genéticas y se hibridan entre sí, y separar su aportación exige análisis más finos.

El pato criollo: un pato del maíz amazónico

Al otro lado del mundo, la historia es más oscura. El arqueólogo Peter Stahl y sus colegas lo admitieron en 2006 en la revista Ibis. No sabemos cuándo, dónde ni en qué circunstancias se domesticó el pato criollo.

Sí sabemos que ocurrió mucho antes de la llegada de los europeos. Stahl reunió los hallazgos arqueológicos de huesos de pato criollo en Panamá, Ecuador, Bolivia, Perú y Argentina. Los más antiguos, de Panamá, datan de los primeros siglos de nuestra era, y uno de ellos sugiere ya un macho doméstico.

En el yacimiento ecuatoriano de Peñón del Río, hacia el año 1350, los huesos pertenecen «claramente a un macho grande y domesticado». El tamaño es la clave: el pato criollo doméstico es mucho más pesado que el silvestre, y los machos pueden superar los siete kilos.

Patos alimentados con maíz en la Amazonía

La prueba más reciente y sólida llegó a finales de 2024, en la revista Nature Human Behaviour. Un equipo dirigido por Tiago Hermenegildo analizó los isótopos estables de huesos humanos y animales de Loma Salvatierra, en los Llanos de Mojos de Bolivia.

El yacimiento perteneció a la cultura Casarabe, que entre los años 500 y 1400 levantó montículos monumentales y redes de canales en la Amazonía boliviana. Los isótopos de los patos criollos revelaron una dieta rica en maíz, más incluso que la de los propios habitantes.

Los patos silvestres no comen maíz por su cuenta. Los autores concluyen que las aves recibían maíz de forma intencionada desde hacia el año 800. Además, se mantenían en cautividad al menos desde el 1100. Algunos huesos muestran además lesiones asociadas al confinamiento. Es la primera prueba isotópica directa de manejo de animales en la cuenca amazónica.

El único vertebrado doméstico de las tierras bajas

Los autores del estudio boliviano recuerdan que el pato criollo es el único vertebrado domesticado de las tierras bajas de Sudamérica. Una señal similar de alimentación con maíz se ha detectado en patos precolombinos de Panamá. El maíz, sugieren, pudo ser decisivo en su domesticación en toda América.

El pato criollo también aparece en el arte. Según Naish, cerámicas y esculturas del Perú representan patos criollos domésticos desde hace unos mil años. Su papel no era solo alimenticio. En el cementerio ecuatoriano de Ayalán, decenas de restos aparecen asociados a enterramientos, lo que apunta a un uso ritual.

Cómo cambió el pato criollo al domesticarse

El pato criollo doméstico es más pesado que su antepasado salvaje y vuela peor. Su plumaje es muy variable, a menudo con amplias zonas blancas, mientras el silvestre es casi todo negro con reflejos verdes. Las carúnculas rojas de la cara suelen ser mayores en las aves domésticas y asilvestradas.

El dimorfismo sexual es extremo. Los machos pueden medir 86 centímetros y superar los siete kilos, y las hembras pesan a veces la mitad. Es uno de los rasgos que cualquier avicultor reconoce a primera vista en un corral de criollos.

A pesar de su origen tropical, el pato criollo se adapta bien al frío. Puede soportar temperaturas de hasta 12 grados bajo cero, una cualidad que facilitó su expansión por Europa y Norteamérica.

Un nombre lleno de errores

Los europeos llevaron el pato criollo a Europa en el siglo XVI. Los naturalistas lo describieron por primera vez hacia la década de 1550. Desde entonces, sus nombres acumulan malentendidos.

En inglés se llama Muscovy duck, «pato de Moscovia», aunque nada tiene que ver con Moscú. Se ha propuesto que el nombre vendría de la Compañía de Moscovia, una empresa comercial inglesa, aunque apenas comerciaba con productos americanos. Otros lo atribuyen a una deformación de «pato de los muiscas», el pueblo de la actual Colombia.

El naturalista inglés John Ray defendió en 1713 una tercera explicación: el olor a almizcle del ave. De ahí vienen el nombre científico moschata y el español «pato almizclado». El nombre del género, Cairina, es aún más desacertado. Procede de la creencia del naturalista Ulisse Aldrovandi de que el ave venía de El Cairo.

El mulard: cuando los dos caminos se cruzan

Tras siglos de historias separadas, los dos patos se encontraron en los corrales de Europa. Su cruce da un híbrido de gran interés comercial: el pato mulard.

Se obtiene cruzando un macho de pato criollo con una hembra de pato de Pekín. El resultado crece rápido, como el pato común, y alcanza el gran tamaño del criollo. Como muchos híbridos entre especies, el mulard es estéril, de ahí su nombre, que alude a la mula. Hoy suele producirse mediante inseminación artificial, más fiable que el cruce natural.

Francia es el gran productor. En 2007 criaba unos 35 millones de mulards, frente a unas 800.000 ocas. Las hembras se destinan sobre todo a carne y los machos a la producción de foie gras. Cuando el cruce se hace al revés, con macho de Pekín y hembra de criollo, los híbridos son más pequeños.

Dos continentes, una misma idea

La historia de estos dos patos ilustra algo que la arqueología confirma una y otra vez. La domesticación no fue un invento único que se difundió por el mundo. Distintos pueblos, sin contacto entre sí, llegaron a soluciones parecidas con los animales que tenían a mano.

En Asia, el azulón se unió al arroz. En América, el pato criollo se unió al maíz. Dos cultivos, dos patos y dos civilizaciones que, cada una por su lado, descubrieron lo útil que podía ser un ave acuática en casa. Hoy ambos conviven en nuestros corrales, y muchos aficionados los crían sin saber que guardan dos historias de domesticación completamente independientes.

Redacción Mundo Faunista

Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.

Fuentes:
Zhang et al. (2018). Whole genome resequencing reveals signatures of selection and timing of duck domestication. GigaScience 7: giy027  · 
Zhou, Z. et al. (2018). An intercross population study reveals genes associated with body size and plumage color in ducks. Nature Communications 9: 2648  · 
Feng, P. et al. (2021). BMC Genomics 22  · 
Avian Hybrids: ¿contribuyó el ánade picopinto?  · 
Stahl, P.W., Muse, M.C. y Delgado-Espinoza, F. (2006). New evidence for pre-Columbian Muscovy Duck from Ecuador. Ibis 148  · 
Hermenegildo, T. et al. (2025). Stable isotope evidence for pre-colonial maize agriculture and animal management in the Bolivian Amazon. Nature Human Behaviour 9  · 
Archaeology Magazine: maíz y patos en la Amazonía  · 
Naish, D. (2023). The remarkable Muscovy duck. Tetrapod Zoology  · 
Muscovy duck (Wikipedia)  · 
Mulard (Wikipedia)

Etiquetas: Anas platyrhynchosarqueologíaaviculturaazulónCairina moschataChinadomesticacióngenéticamulardpato criollopato de PekínpatosSudamérica
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Periodista antiguo
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Equipo editorial de Mundo Faunista, publicación de la Federación FAUNA

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