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Animales de Renta

Cómo la ganadería extensiva reduce el riesgo de zoonosis

Un estudio demuestra que la ganadería extensiva actúa como un escudo epidemiológico, frenando patógenos y reduciendo el riesgo de zoonosis.

Por Redacción Mundo Faunista mayo 18, 2026 8 min lectura Animales de Renta
Cómo la ganadería extensiva reduce el riesgo de zoonosis

Rebaño de ovejas y cabras en la Bardena Negra de Zaragoza. Jose Miguel Pintor Ortego. CC BY-SA.

Estudio de referencia

«Biodiversity and Pathogen Dynamics in Traditionally Managed Livestock Systems» — Perelló, Barroso, López-Olvera, Relimpio, Marín-Rojo, Escobar-González, Ruiz-Fons, Cerón, Balseiro y Gortazar. Publicado en Journal of Environmental Management, 2026. Instituciones: IREC (CSIC-UCLM-JCCM), Universidad Autónoma de Barcelona, Universidad de Murcia, Universidad de León.

Cuando se habla de ganadería y salud ambiental, el relato dominante suele ir en una sola dirección: el ganado como fuente de problemas. Emisiones, contaminación de acuíferos, presión sobre ecosistemas naturales. La narrativa está tan consolidada que cuesta imaginar el titular contrario. Y sin embargo, un equipo de investigadores españoles acaba de publicar un estudio que lo sostiene con datos: donde pastan rumiantes domésticos en sistemas tradicionales de extensivo, hay más biodiversidad silvestre, y los patógenos circulan menos.

No es una observación anecdótica. Es el resultado de un trabajo sistemático firmado por algunos de los principales expertos en sanidad de la fauna silvestre de España, entre ellos Christian Gortazar, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC), y Jorge Ramón López-Olvera, de la Universitat Autònoma de Barcelona. Y sus conclusiones obligan a revisar con más matices el papel que la ganadería extensiva juega en lo que la ciencia llama la interfaz fauna-ganado-persona: el espacio donde los tres mundos se tocan, y donde los virus aprovechan para saltar.

El problema de la interfaz

Cada pandemia del último medio siglo tiene una historia parecida en su origen: un patógeno que vivía tranquilamente en un reservorio animal encontró la oportunidad de dar el salto a una nueva especie, y de ahí a otra, hasta llegar a los humanos. El VIH, el ébola, el SARS, el SARS-CoV-2, la gripe aviar. En todos los casos, el punto de partida es lo que los epidemiólogos llaman spillover — el desbordamiento — en esa interfaz donde la fauna silvestre, el ganado doméstico y las personas comparten espacio, agua, vectores y oportunidades de contacto.

La pregunta que lleva décadas en el centro de la epidemiología ecológica es: ¿qué condiciones favorecen ese desbordamiento? ¿Y cuáles lo dificultan?

La respuesta intuitiva señala siempre hacia el contacto: más ganado junto a más fauna silvestre equivale a más riesgo. Y eso es cierto en muchos contextos, especialmente cuando el ganado está confinado en sistemas intensivos cerca de zonas de alta densidad de fauna. Pero el estudio de Perelló y sus colegas señala algo que esa intuición no contempla: que el tipo de ganadería importa tanto como la presencia o ausencia de ganado. Y que en ciertos sistemas tradicionales, el efecto puede ser exactamente el contrario al esperado.

Qué encontraron — y qué no esperaban encontrar

El equipo analizó comunidades de mamíferos silvestres en zonas con y sin presencia de rumiantes domésticos gestionados de forma tradicional en extensivo. Los resultados fueron claros en dos direcciones simultáneas.

Por un lado, la riqueza y diversidad de mamíferos silvestres era mayor en las zonas con ganado extensivo presente. No es un resultado obvio: la coexistencia de ganado doméstico con fauna silvestre no siempre produce ese efecto, y en sistemas intensivos suele ocurrir lo contrario. Pero en los sistemas tradicionales de extensivo estudiados, la presencia de rumiantes domésticos se asociaba a comunidades silvestres más ricas y equilibradas.

Por otro lado — y aquí está el dato más llamativo — las prevalencias de anticuerpos frente a patógenos y la co-exposición a múltiples patógenos simultáneos en jabalíes eran menores en las zonas con ganado. Cuando el ganado extensivo no estaba presente, se producía lo que los investigadores denominan un efecto de amplificación: los patógenos circulaban con más intensidad en la comunidad de fauna silvestre.

El mecanismo: el efecto de dilución

Los rumiantes domésticos son, para la mayoría de los patógenos que afectan al jabalí, hospedadores menos competentes o directamente no susceptibles. Su presencia en el ecosistema diluye los contactos entre los hospedadores que sí pueden mantener y amplificar esos patógenos. El ganado, en este contexto, no es un vehículo de transmisión: es un cortafuegos epidemiológico.

El efecto de dilución: cuando más especies significa menos enfermedad

El mecanismo que explica estos resultados tiene nombre en la literatura científica: el efecto de dilución. La idea es elegante y contraintuitiva: en una comunidad biológica diversa, los patógenos de transmisión directa o vectorial tienen más dificultades para circular, porque los contactos se distribuyen entre muchas especies, no todas igualmente competentes como hospedadores.

Si en un ecosistema solo hay una especie abundante y altamente competente para un patógeno — digamos, jabalíes para la peste porcina africana, o para el virus de la hepatitis E — ese patógeno tiene un terreno despejado. Cada contacto es un contacto útil. La transmisión es eficiente.

Si en ese mismo ecosistema hay además rumiantes domésticos en extensivo, roedores, zorros, corzos, ciervos — una comunidad diversa — muchos de esos contactos son contactos «perdidos» para el patógeno: el rumiante no lo amplifica, no lo transmite, actúa como callejón sin salida epidemiológico. La riqueza de especies reduce la prevalencia.

Trabajos anteriores del mismo grupo, basados en la red española de Monitoreo Integrado de Fauna Silvestre, ya habían apuntado en esta dirección: en los sitios con mayor número de especies y redes de interacción más grandes, el número y la prevalencia de patógenos circulantes eran menores. El nuevo estudio añade una variable que faltaba: el papel específico del ganado extensivo como componente de esa biodiversidad funcional.

El jabalí como termómetro del ecosistema

El jabalí (Sus scrofa) no es un protagonista casual en este estudio. Es, en el contexto de la sanidad en la interfaz fauna-ganado en España y Europa, el animal más vigilado y más discutido. Reservorio de la tuberculosis bovina en el suroeste peninsular, transmisor potencial de la peste porcina africana, hospedador del virus de la hepatitis E. El jabalí concentra una buena parte de las preocupaciones sanitarias en la interfaz.

Y precisamente por eso es un indicador valioso. Cuando los investigadores encuentran que las prevalencias de anticuerpos frente a múltiples patógenos son más bajas en jabalíes que viven en ecosistemas con ganadería extensiva presente, están diciendo algo con consecuencias directas para la gestión sanitaria: el entorno ganadero tradicional no está amplificando los patógenos del jabalí. Los está conteniendo.

Una lectura incómoda para la política agraria

Los autores del estudio son cuidadosos en sus conclusiones, como corresponde a un trabajo científico riguroso. Pero el mensaje de fondo es difícil de malinterpretar: los sistemas ganaderos tradicionales extensivos contribuyen a la salud planetaria de dos formas simultáneas, potenciando la biodiversidad y mitigando el riesgo de enfermedad. Y su pérdida — por abandono del campo, por regulaciones que desincentivan la ganadería extensiva, por la presión competitiva del modelo intensivo — no es un asunto neutro desde el punto de vista epidemiológico.

Esto tiene implicaciones directas para el debate político sobre el modelo ganadero en Europa. La narrativa que equipara toda ganadería con daño ambiental ignora una distinción fundamental: no es lo mismo un cebadero intensivo que una dehesa con vacas retintas. No es lo mismo un feedlot que una trashumancia con merinas. El sistema de manejo, la densidad, la integración con el paisaje y con la fauna silvestre determinan si la ganadería actúa como factor de riesgo o como factor protector en la interfaz sanitaria.

La paradoja de la despoblación rural

El abandono de los sistemas ganaderos extensivos no solo empobrece el paisaje y reduce la biodiversidad: según los resultados de este estudio, también puede aumentar el riesgo de circulación de patógenos en la fauna silvestre. Menos ganaderos en el territorio puede significar más jabalíes, más densidad de hospedadores competentes, y más eficiencia en la transmisión de enfermedades. La despoblación rural tiene un coste sanitario que raramente se contabiliza.

One Health: la ganadería extensiva como solución, no como problema

El enfoque One Health — una sola salud — parte de la premisa de que la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas son inseparables. Es el marco conceptual que ha ganado peso en organismos internacionales como la OMS, la FAO y la WOAH después de la pandemia de COVID-19, cuando quedó evidente que los sistemas de vigilancia epidemiológica no podían seguir operando en compartimentos estancos.

Lo que el estudio de Perelló y Gortazar añade a ese marco es una pieza que faltaba en el debate sobre la ganadería: la gestión del ganado extensivo como herramienta de One Health. No como una concesión al romanticismo rural, sino como una estrategia con base epidemiológica para reducir el riesgo de emergencia y transmisión de patógenos en la interfaz fauna-ganado-persona.

Los autores lo formulan con precisión: estos sistemas pueden reducir las oportunidades de spillover de patógenos en la interfaz fauna-ganado-persona y contribuir a paisajes socioecológicos más resilientes. Es una frase técnica. Pero lo que dice es sencillo: el pastor con sus vacas en la dehesa está haciendo, sin saberlo, salud pública.

Redacción Mundo Faunista

Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.

Fuentes:
Perelló et al. (2026) — Journal of Environmental Management  · 
Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC)  · 
The wildlife–livestock interface: a general perspective — Animal Frontiers 2024

Etiquetas: biodiversidadChristian GortazarCSICganadería extensivainterfaz fauna-ganadoIRECjabalíOne Healthpatógenosrumiantessalud planetariazoonosis
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