Coja cualquier caracol, póngalo con la punta de la concha hacia arriba y la abertura mirándole de frente. Lo más probable es que la abertura quede a su derecha. Esa concha es dextrógira: se enrolla en el sentido de las agujas del reloj, vista desde la punta. Si la abertura quedara a la izquierda, sería levógira.
Parece un detalle menor, pero no lo es. El sentido de giro está grabado en el cuerpo entero del animal, afecta a cómo se aparea y hasta a quién puede comérselo. Y detrás de las excepciones hay algunas de las historias más curiosas de la biología.
Cómo saberlo: la punta de la concha hacia arriba y la abertura hacia usted.
Abertura a la derecha: concha dextrógira, «diestra».
Abertura a la izquierda: concha levógira, «zurda».
Proporción: alrededor del 90 % de las especies de gasterópodos son dextrógiras.
Mucho más que una concha
La concha es solo la parte visible de una asimetría que afecta a todo el caracol. En un caracol diestro, la abertura genital, el ano y el orificio respiratorio están en el lado derecho del cuerpo. En uno zurdo, todo está al revés, como en un espejo.
Esa asimetría se decide muy pronto, en las primeras divisiones del huevo. Cuando el embrión tiene apenas cuatro u ocho células, estas se colocan en una espiral ligeramente inclinada hacia un lado o hacia el otro. Ese primer giro determina el sentido de todo el cuerpo adulto.
La herencia de la madre
En 1923, los británicos Arthur Boycott y Cyril Diver, estudiando un caracol de agua dulce, descubrieron algo desconcertante. El sentido de giro de un caracol no dependía de sus propios genes, sino de los de su madre. El genetista estadounidense Alfred Sturtevant dio ese mismo año la explicación: es la madre quien carga el huevo con las instrucciones para las primeras divisiones.
La consecuencia es curiosa. Un caracol con genes de zurdo puede ser diestro, si su madre tenía genes de diestro. Sus crías, en cambio, sí serán zurdas. El carácter se manifiesta siempre con una generación de retraso.
El gen responsable tardó casi un siglo en encontrarse. En 2016, un equipo dirigido por Angus Davison, de la Universidad de Nottingham, lo señaló en el caracol de charca Lymnaea stagnalis: un gen de la familia de las forminas, proteínas que organizan el esqueleto interno de la célula. En 2019, el equipo japonés de Reiko Kuroda lo confirmó por edición genética con CRISPR. Al desactivar ese gen, las crías de caracoles diestros salían zurdas.
Jeremy, el caracol que buscó pareja por toda Europa
El caso más famoso de caracol zurdo tiene nombre propio. En 2016, un científico jubilado encontró en un jardín del suroeste de Londres un caracol común de jardín, Cornu aspersum, con la concha girada al revés. Lo envió a la Universidad de Nottingham, donde el equipo de Angus Davison lo bautizó como Jeremy.
En esta especie, un zurdo aparece aproximadamente en uno de cada 40.000 caracoles. El problema de Jeremy era práctico: al tener los órganos reproductores en el lado contrario, lo tenía muy difícil para aparearse con un caracol normal. Los investigadores lanzaron un llamamiento público para encontrarle pareja.
La campaña funcionó, a medias. Aparecieron dos caracoles zurdos, uno de ellos en Mallorca, llamado Tomeu. Pero los dos candidatos se aparearon entre sí y tuvieron 170 crías. Finalmente, uno de ellos se apareó también con Jeremy y tuvo 56 crías más. Jeremy murió en octubre de 2017, poco después.
Ni una sola cría zurda. Las más de 200 crías de estos caracoles zurdos resultaron ser todas diestras. Un estudio de 2020 concluyó que la condición de Jeremy no se debía a una mutación heredable, sino con toda probabilidad a un accidente durante su desarrollo embrionario. Su historia sirvió, sin embargo, para que miles de personas descubrieran este fenómeno.
Serpientes diestras, caracoles zurdos
En el sureste asiático viven unas serpientes especializadas en comer caracoles, las del género Pareas. Para extraer al caracol de su concha, la serpiente introduce la mandíbula inferior por la abertura y va tirando del cuerpo blando. Con ese fin, su mandíbula es asimétrica: tiene más dientes en el lado derecho, perfectamente adaptada a los caracoles diestros.
Un estudio publicado en 2010 en Nature Communications, dirigido por Masaki Hoso, puso a prueba esa adaptación con la serpiente Pareas iwasakii y caracoles del género Satsuma. El resultado fue contundente. Ningún caracol diestro sobrevivió a los ataques. Entre los zurdos, en cambio, sobrevivió el 87,5 %.
Ser zurdo tiene un precio, porque dificulta el apareamiento con la mayoría diestra. Pero donde abundan estas serpientes, la ventaja compensa. Los autores comprobaron que los géneros de caracoles zurdos son más frecuentes dentro del área de distribución de las serpientes Pareas. Un solo gen, el que controla el giro, puede así acabar separando dos especies.
Especies enteras zurdas
Aunque la mayoría de los gasterópodos son diestros, hay grupos enteros que giran al revés. Algunos casos llamativos:
- Las clausílidas. Pequeños caracoles terrestres de concha alargada, muy comunes en Europa y también en España. Casi todas sus especies son levógiras.
- La caracola relámpago. Este gran caracol marino del golfo de México y la costa atlántica de Estados Unidos es de los pocos caracoles marinos grandes que son zurdos. Es la concha oficial del estado de Texas.
- Los Amphidromus. Estos caracoles arborícolas del sureste asiático son un caso excepcional: en una misma población conviven ejemplares diestros y zurdos, y pueden aparearse entre sí.
La caracola sagrada
En la India, la caracola Turbinella pyrum, llamada shankha, es un objeto sagrado del hinduismo. Se toca como instrumento en ceremonias y está asociada al dios Vishnu. Casi todas las conchas de esta especie son diestras. Los raros ejemplares zurdos, conocidos como valampuri, se consideran especialmente auspiciosos y pueden alcanzar precios muy elevados.
¿Y la serie de Fibonacci?
Es imposible hablar de espirales sin que aparezcan Fibonacci y la proporción áurea. La serie de Fibonacci es esa sucesión en la que cada número es la suma de los dos anteriores: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21… Si se divide cada número entre el anterior, el resultado se acerca cada vez más a 1,618, el famoso número áureo.
Con cuadrados cuyos lados siguen esa serie se puede dibujar una espiral muy vistosa, la espiral áurea. Y casi siempre se ilustra con la misma imagen: el corte de una concha de nautilo. La idea de que el nautilo crece siguiendo la proporción áurea se repite en libros, documentales y redes sociales.
El problema es que no es cierta. Christopher Bartlett, profesor de la Universidad de Towson, en Estados Unidos, lo comprobó con 80 conchas de nautilo de la colección del Museo Nacional de Historia Natural de la Smithsonian. Midió en cada una la longitud máxima y la altura máxima y calculó el cociente entre ambas. Si el nautilo siguiera la proporción áurea, el resultado debería rondar 1,618.
Proporción áurea: 1,618.
Proporción media medida en nautilos: 1,31.
Diferencia: alrededor de un 19 %.
Muestra: 80 conchas de la colección de la Smithsonian.
La espiral del nautilo es, por tanto, más cerrada que la áurea. Sigue una espiral, sí, pero no la de Fibonacci.
La espiral que sí siguen las conchas
Lo que comparten el nautilo, los caracoles y muchas otras conchas es un tipo de espiral más general, la espiral logarítmica. Su propiedad clave es que, al crecer, no cambia de forma. Cada vuelta es una copia ampliada de la anterior.
Esa propiedad fascinó al matemático suizo Jacob Bernoulli en el siglo XVII, que la llamó spira mirabilis, la «espiral maravillosa». Y es la solución perfecta para un animal que vive dentro de su casa. El molusco añade material siempre en el borde de la abertura, sin reconstruir lo anterior. Así, la concha crece con él y conserva siempre las mismas proporciones.
El biólogo escocés D’Arcy Thompson lo explicó en 1917 en su clásico Sobre el crecimiento y la forma. Cada especie tiene su propio ritmo de expansión: unas se abren deprisa, como las orejas de mar, y otras lo hacen poco a poco, como las turritelas, largas y estrechas. La proporción áurea es solo uno de los infinitos ritmos posibles, y la naturaleza no tiene ninguna preferencia especial por ella.
Plana o en torre. El nautilo, que no es un caracol sino un cefalópodo, pariente de pulpos y calamares, enrolla su concha en un solo plano. No es ni diestro ni zurdo. Los caracoles, en cambio, desplazan cada vuelta hacia abajo a medida que crecen, y forman una espiral en tres dimensiones, como una escalera de caracol. Es ese desplazamiento el que obliga a elegir un sentido de giro, hacia la derecha o hacia la izquierda.
El nautilo, un superviviente lento
El nautilo merece un apunte propio, porque su famosa concha es también su condena. Un estudio publicado en 2011 en PLoS ONE siguió durante diez años, de 1998 a 2008, a la población de Nautilus pompilius del arrecife Osprey, en el mar del Coral australiano. Andrew Dunstan, Peter Ward y Justin Marshall capturaron, midieron y marcaron casi 2.500 ejemplares y recapturaron 247.
Crecimiento: unos 0,06 mm de diámetro de concha al día en los inmaduros.
Madurez: alrededor de 15,5 años.
Longevidad: más de 20 años.
Diámetro adulto: unos 132 mm en los machos y 119 mm en las hembras.
Profundidad: entre 200 y 800 metros.
Es lo que los biólogos llaman una estrategia de vida lenta: los nautilos crecen despacio, maduran tarde y tienen pocas crías. Por eso son tan vulnerables a la pesca dirigida para vender sus conchas como objeto decorativo. Los autores advierten de que, en algunas regiones, sus poblaciones parecen estar en rápido declive. Sus datos permiten calcular cuántos ejemplares se pueden capturar sin agotar una población.
Un truco para el acuario
Todo esto tiene una aplicación muy práctica para los acuaristas. Muchos caracoles llegan al acuario como polizones, entre las plantas. Y dos de los más habituales se distinguen a simple vista por el sentido de giro de su concha.
Fisas (Physella acuta y parientes): concha levógira. Con la punta arriba y la abertura hacia usted, la abertura queda a la izquierda.
Limneas (Lymnaea, Radix): concha dextrógira. La abertura queda a la derecha.
Planorbis: su concha plana, en espiral, disimula el sentido de giro. Por su anatomía son zurdos, aunque a simple vista no lo parezca.
Ampularias y caracoles manzana: dextrógiros.
La fisa es probablemente el caracol más común de nuestros acuarios y estanques, y se confunde a menudo con las limneas jóvenes. Basta con girar la concha y mirar dónde queda la abertura para saber de cuál se trata.
Una lección de biología en un caracol. El sentido de giro de una concha resume algunas de las grandes preguntas de la biología: cómo se decide la asimetría de un cuerpo, cómo se hereda un carácter y cómo puede un solo gen dar lugar a una nueva especie. Todo eso cabe en algo tan cotidiano como el caracol que trepa por el cristal del acuario.
Fuentes:
Hoso, M. et al. (2010). A speciation gene for left–right reversal in snails results in anti-predator adaptation. Nature Communications, 1: 133. DOI: 10.1038/ncomms1133
Abe, M. y Kuroda, R. (2019). The development of CRISPR for a mollusc establishes the formin Lsdia1 as the long-sought gene for snail dextral/sinistral coiling. Development, 146(9): dev175976.
Dunstan, A. J., Ward, P. D. y Marshall, N. J. (2011). Nautilus pompilius life history and demographics at the Osprey Reef Seamount, Coral Sea, Australia. PLoS ONE, 6(2): e16312. DOI: 10.1371/journal.pone.0016312
Science Friday. La concha del nautilo y la proporción áurea (recurso educativo)
Universidad de Nottingham (2017). RIP Jeremy the lefty garden snail.
Redacción Mundo Faunista
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA

[…] hora Las matemáticas de las conchas de los moluscos Caracoles diestros y zurdos: el giro de las conchas Gecko gigante de Nueva Caledonia: biología y cuidados XI Congreso de Papagayos de Loro […]