Artículo de Juan Manuel Gómez, doctor en Biología y presidente de la Federación FAUNA, reproducido en Mundo Faunista con autorización expresa del autor.
Ha salido en todos los telediarios: un lince ibérico (Lynx pardinus) llamado «Veneno» ha sido grabado en Cabañas de Yepes, un pueblo de Toledo, cazando gatos callejeros. Las asociaciones que cuidan las colonias felinas de ese pueblo han manifestado su preocupación, ya que aparentemente la colonia se ha visto reducida al haber capturado al menos a 20 gatos.
Es cierto que en sus redes sociales también mencionan el riesgo para el propio lince —atropellos, posibles contagios de enfermedades— o la posibilidad de que ataque a un perro o a un niño. Pero parece claro que su preocupación prioritaria son los gatos.
Dos varas de medir
Personalmente me resulta curioso que en las diversas noticias se haga mención a que esta situación «genera alarma social». Y me es curioso porque los gatos callejeros depredan constantemente sobre la fauna autóctona y son una auténtica amenaza contra la biodiversidad: pájaros, pequeños reptiles, mamíferos… son presas constantes de estos cazadores natos, y eso no parece generar alarma más que entre los científicos.
La «sociedad» no parece alarmada por esa sangría. De hecho, parte de la respuesta habitual desde los colectivos animalistas cuando los colectivos científicos señalan esta problemática suele ir acompañada de frases del estilo: «está en su naturaleza», «es parte de su biología» o «siempre ha sido así y hay que respetarlo porque es lo que hacen los gatos».
Así que ahora resulta cuanto menos curioso que se genere «alarma social» cuando un «gato» algo más grande hace exactamente lo que está en su naturaleza y es parte de su biología: quitarse competencia en su territorio de caza.
La biología del superpredador
Esto es algo conocido de sobra por la biología: los depredadores que están arriba en el escalafón —superpredadores o predadores alfa— reducen el número de los depredadores que están por debajo. No quieren competencia. Como decía uno de mis profesores: «la Mafia controla que no haya pequeños delincuentes».
De hecho, no es la primera vez que se observa este comportamiento. Hace apenas unas semanas se publicó un vídeo de un lince capturando un gato en Jaén. Curiosamente, lo que no parecen hacer es comérselos —o al menos eso no se ha comprobado—, aunque el de Jaén parece llevárselo y quizá sí que lo hiciera, pero no hay pruebas de ello.
El verdadero problema: las enfermedades
Es evidente que con el éxito de los planes de reintroducción de linces y el repunte de las poblaciones, este fenómeno de expansión va a llevar a los ejemplares a tener contactos con gatos, y esas interacciones van a resultar problemáticas tarde o temprano. No solo por la caza de gatos, sino más bien porque no todos los gatos de esas colonias gozan de buena salud, y tarde o temprano habrá alguna transmisión de enfermedades a los linces.
Eso sí es preocupante: el riesgo sanitario que representan las colonias de gatos callejeros sin control veterinario para una especie en peligro de extinción a la que debemos cuidar. El lince cazando gatos es biología. El lince contagiándose de un gato enfermo es una amenaza real para la conservación de la especie.
Doctor en Biología. Cuidador de animales de zoológico especializado en reptiles y anfibios. Educador e intérprete ambiental. Presidente de la Federación FAUNA.
Blog: iberozoo.blogspot.com | federacionfauna.org
Las opiniones expresadas son exclusivamente del autor y no representan necesariamente la posición editorial de Mundo Faunista.
Fuentes:
El País ·
El Tiempo ·
Club de Caza

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