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Ivan Dibble, el acuarista que salvó al pez tequila de la extinción

En el año 2000, el acuarista Ivan Dibble viajó desde el Zoo de Chester a México con diez parejas de Zoogoneticus tequila en una nevera. Sin ese viaje, hoy no existiría población silvestre de esta especie. Diecisiete años después, 1.500 ejemplares fueron liberados en el río Teuchitlán. Pero la historia no ha terminado: el guatopote manchado, un pequeño pez invasor, sigue amenazando todo lo conseguido.

Por Redacción Mundo Faunista mayo 16, 2026 11 min lectura Acuarios
Ivan Dibble, el acuarista que salvó al pez tequila de la extinción

Ivan Dibble, foto mejorada por IA

Especie protagonista — Zoogoneticus tequila

El pez tequila (Zoogoneticus tequila) es un pequeño vivíparo endémico de la cuenca del río Ameca, en el estado de Jalisco, México. Declarado Extinto en la Naturaleza a principios de la década de 2010, fue reintroducido con éxito en 2017 gracias a décadas de trabajo coordinado entre acuaristas, zoos y científicos de varios países. Actualmente figura en la Lista Roja de la UICN como En Peligro, con población en aumento.

25 de diciembre de 2009. Ivan Dibble, acuarista inglés de 72 años, muere sentado frente a su ordenador trabajando en un nuevo proyecto para proteger otra especie amenazada en Jalisco. Hasta el último día, los peces.

Dibble no vivió para ver el momento —que llegaría en 2017— en que 1.500 ejemplares del pez tequila fueran liberados en el río Teuchitlán. No vivió para ver cómo la UICN cambiaba en 2019 el estatus de la especie de «Extinta en la Naturaleza» a «En Peligro con población en aumento». Pero fue él quien lo hizo posible. Doce años antes de esa reintroducción, fue Ivan Dibble quien fundó el Arca de los Peces Mexicanos. Y todo empezó con una promesa hecha a orillas de un río.

Un pez descrito justo antes de desaparecer

La historia del pez tequila tiene algo de tragedia académica: la ciencia lo describió formalmente en 1998, en un artículo de Webb y Miller basado en ejemplares recogidos décadas antes en el río Teuchitlán. Para entonces, las poblaciones silvestres habían desaparecido en más de un 99,5 %. La especie fue bautizada y catalogada casi simultáneamente.

El río Teuchitlán, un pequeño cauce de apenas un kilómetro en la parte alta de la cuenca del Ameca, en Jalisco, había albergado una comunidad íctica extraordinariamente rica, con una docena de especies nativas entre las que se contaba el pez tequila. La construcción de una presa en los años cincuenta, el uso del agua para riego y la degradación progresiva del ecosistema por actividades humanas fueron borrando esa diversidad especie a especie.

En 2001, una pequeña población de menos de cien individuos fue redescubierta en un afluente secundario. La última captura silvestre documentada tuvo lugar en 2008. Una sequía severa en 2010 secó el último refugio conocido de la especie. Cuando los investigadores volvieron a buscar, no encontraron nada.

La situación del pez tequila a principios de los 2010

Extinto en la naturaleza. Supervivencia dependiente de colonias en cautividad cuya base genética se reducía a cuatro parejas fundadoras capturadas en 1990 en el río Teuchitlán por el acuarista británico Derek Lambert. Todo lo que existe hoy desciende de esos ocho individuos.

Una promesa a orillas del Teuchitlán

Ivan Dibble había pasado toda su vida rodeado de peces. Según contó su hermana Yvonne Doyle a los escritores John y Susy Pint, quienes colaboraron con Dibble en sus últimos proyectos en Jalisco, de niño —tendría cinco o seis años, en plena Segunda Guerra Mundial— desapareció durante un bombardeo. La familia lo buscó desesperada entre el ruido de las explosiones y la tormenta. Lo encontraron bajo un puente, completamente ajeno al caos, pescando.

Décadas después, en los años setenta, Dibble se especializó en peces vivíparos y empezó a criar y distribuir especies raras entre coleccionistas de todo el mundo. En 1995, visitó el río Teuchitlán, un pequeño cauce a 40 kilómetros al oeste de Guadalajara, al pie del yacimiento arqueológico de Guachimontones. Lo que vio le marcó. Varias de las especies que habitaban ese río —Goodeidae, vivíparos endémicos del altiplano mexicano— habían desaparecido de su hábitat natural.

Al finalizar la visita, Dibble le hizo una promesa al ictiólogo mexicano Arcadio Valdés: «Sea lo poco que sea, haré todo lo que pueda por las especies de ese río.» No era retórica. Era un contrato.

En mayo de 1997, Dibble viajó a Morelia con dos especies extintas en la naturaleza — Skiffia francesae y Zoogoneticus tequila — y fundó junto al personal del laboratorio de la Universidad Michoacana el Arca de los Peces Mexicanos. Durante los años siguientes recaudó dinero entre aficionados de todo el mundo para mantener el proyecto operativo. No tenía respaldo institucional. Lo construyó pieza a pieza.

El recuerdo de Arcadio Valdés

«Lo presenté como ‘un hombre impulsado, siempre al mando, siempre obstinado, siempre preocupado por el futuro de los vivíparos, siempre angustiado por sus Goodeidos y por eso muy duro y difícil de entender, pero al mismo tiempo una persona muy cálida’. Todo eso era necesario para liderar a la gente y convencerla de la conservación de aquellos peces entonces desconocidos, y Ivan tenía esas cualidades. Nadie ha estado nunca más seriamente preocupado por la conservación de los peces mexicanos, y nadie ha hecho más que Ivan Dibble.»

La cadena de custodia: de un río de Jalisco al mundo

La historia genética del pez tequila en cautividad es igualmente extraordinaria. Todo arranca con Derek Lambert, aficionado a los vivíparos mexicanos, que en 1990 recoge cuatro parejas en el Teuchitlán y las mantiene en el Reino Unido. En 1995, algunos individuos llegan al Museo de Bolton y después al Zoo de Chester. Esas cuatro parejas fundadoras —ocho individuos— son la base genética de toda la población cautiva mundial. Toda colonia de Zoogoneticus tequila que existe hoy, en acuarios, laboratorios o en el río Teuchitlán, desciende de ellas.

Paralelamente, la American Livebearer Association (ALA) distribuye juveniles entre sus miembros en Estados Unidos y Europa para construir una red de respaldo en cautividad. Durante más de una década, el Arca de Morelia monitoriza la colonia: fertilidad estable, ningún signo visible de depresión endogámica, individuos en buen estado de condición.

Lo que nadie sabía aún era si esos peces, criados durante décadas bajo cuidado humano, serían capaces de sobrevivir en la naturaleza.

El experimento del jardín botánico

Antes de plantearse cualquier reintroducción, el equipo científico dirigido por Omar Domínguez Domínguez necesitaba responder una pregunta: ¿puede un Zoogoneticus tequila de acuario aprender a vivir en el mundo real?

En 2012, cuarenta parejas de la colonia de Morelia fueron liberadas en un estanque de tierra de 250 metros cuadrados en el Jardín Botánico de la Universidad. No era un acuario. Era un espacio con fluctuaciones estacionales reales de temperatura y oxígeno, con depredadores —aves, tortugas, serpientes—, con competencia, con parásitos. Un ensayo de vida silvestre controlada.

El resultado fue positivo. Entre 2015 y 2016, los datos de la colonia en condiciones seminaturales mostraban una población bien establecida, con reproducción activa, una dieta diversificada en función de la disponibilidad estacional de presas y una carga parasitaria baja. Los peces de acuario habían superado la prueba.

Un dato revelador: en condiciones de cautividad estricta, las hembras producían una media de tres embriones por camada. Tras la reintroducción en el río Teuchitlán, esa media se dobló hasta seis. La naturaleza, cuando es adecuada, resulta mejor incubadora que el acuario.

Noviembre de 2017: el regreso al Teuchitlán

La selección del lugar de suelta fue meticulosa. Durante dos años, el equipo evaluó seis zonas a lo largo de un tramo de 1,6 kilómetros del río: calidad del agua, comunidades de fitoplancton, zooplancton y macroinvertebrados, dieta de las especies de peces presentes, carga parasitaria. Los tramos altos, cerca de los manantiales, ofrecían mejor calidad de hábitat y menor presencia de especies invasoras. Se eligieron los puntos A y B del estudio.

En noviembre de 2017, 1.500 ejemplares fueron liberados en las nacientes del río Teuchitlán con una proporción de tres hembras por cada macho. Todos desparasitados previamente. Todos marcados con elastómeros para el seguimiento posterior.

Cuatro meses después, en febrero de 2018, las primeras capturas de seguimiento mostraban hembras preñadas entre los ejemplares marcados. Doce meses más tarde, en noviembre de 2018, ninguno de los individuos capturados llevaba marca: la generación fundadora había dado paso a una primera generación nacida en libertad en el río Teuchitlán por primera vez en más de una década.

En mayo de 2023, una nueva población fue descubierta a 1,5 kilómetros del punto de suelta original, cerca del embalse de La Vega. Los peces no solo habían sobrevivido: se habían expandido.

El problema que no se va: el guatopote manchado

Pero la historia de recuperación del pez tequila tiene una sombra que todavía no se ha disipado. El río Teuchitlán alberga hoy más de un 80 % de especies exóticas, entre ellas el Pseudoxiphophorus bimaculatus, conocido coloquialmente como guatopote manchado, de la familia Poeciliidae. Fue introducido para el control de larvas de mosquito y para la pesca. Y resultó ser un competidor y depresor directo del pez tequila.

Un experimento de comportamiento diseñado por Morelia Camacho Cervantes, investigadora del Laboratorio de Ecología de Especies Invasoras de la UNAM, documentó con detalle cómo cambia el comportamiento del pez tequila en presencia del invasor. En condiciones de coexistencia con el guatopote, los peces tequila evitaban la zona superficial del agua —donde el invasor domina—, reducían sus interacciones sociales y presentaban menor actividad reproductiva. La presión no es solo de depredación directa: es una presión continua que deteriora la condición física y el éxito reproductor de la especie nativa.

Los análisis de dieta muestran que ambas especies comparten nicho trófico en los tramos medios y bajos del río. Y los estudios de comportamiento señalan conflictos directos, con el guatopote adoptando conductas agresivas frente al pez tequila. Los tramos altos donde se realizó la suelta tienen menor densidad de invasores, pero la presión existe y no desaparece sola.

El invasor en cifras

El río Teuchitlán registra más del 80 % de su comunidad de peces compuesta por especies exóticas. La eliminación o control de las poblaciones de invasores se considera condición necesaria para garantizar la viabilidad a largo plazo del pez tequila y de las más de 30 especies de Goodeidae amenazadas que comparten problemáticas similares en México.

Lo que el pez tequila le debe a los acuaristas

El recorrido del Zoogoneticus tequila desde el Teuchitlán hasta Bolton, Chester, Morelia y de vuelta al Teuchitlán tiene un protagonista que no aparece en los titulares científicos con la frecuencia que merece: el acuarista aficionado y profesional que durante décadas mantuvo colonias de esta especie cuando ninguna institución oficial tenía capacidad ni interés para hacerlo.

Derek Lambert la recogió cuando nadie la conocía. Ivan Dibble la transportó cuando hacerlo suponía un esfuerzo considerable y ninguna garantía de resultado. Los criadores del Goodeid Working Group y otras redes de aficionados europeos han mantenido y siguen manteniendo colonias de docenas de especies de Goodeidae que sin ese cuidado habrían desaparecido antes de que la ciencia tuviera oportunidad de estudiarlas.

El propio artículo científico que documenta la reintroducción, publicado en 2025 y firmado por más de veinte investigadores de la Universidad Michoacana, el Zoo de Chester y otras instituciones, agradece expresamente en su sección de reconocimientos «a los acuaristas de todo el mundo que ayudan a conservar los peces mexicanos». No es un gesto retórico: es el reconocimiento de que sin esa red de conocimiento y experiencia acumulada, la reintroducción no habría sido posible.

Es una lectura directa para el debate actual sobre los listados positivos y la regulación de la tenencia de peces exóticos. Cuando la ciencia necesitó una población viable de Zoogoneticus tequila para plantearse una reintroducción, fue a los acuaristas a quienes encontró. Habían mantenido encendida la llama durante treinta años.

El siguiente paso: un plan para toda la familia

El éxito con el pez tequila ha abierto la puerta a un proyecto más ambicioso. El equipo científico, junto al Zoo de Chester y a organizaciones como Shoal Conservation, trabaja en el desarrollo de un Plan de Acción para la Conservación de los Goodeidos Mexicanos que permita extender el modelo a otras especies de la familia en situación crítica.

No todas llegarán a tiempo. Algunas ya se han perdido. Pero el pez tequila ha demostrado que la combinación de cría en cautividad rigurosa, investigación previa al lugar de suelta, monitoreo a largo plazo y participación comunitaria puede revertir una extinción en la naturaleza. Es un modelo que merece replicarse.

Y todo empezó cuando un acuarista tomó un avión con una nevera llena de peces.

¿Quieres saber más sobre la conservación de los Goodeidae? El Goodeid Working Group coordina la cría de estas especies entre acuaristas de todo el mundo. El Zoo de Chester mantiene información sobre el programa en chesterzoo.org.

Redacción Mundo Faunista

Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.

Fuentes:
Domínguez-Domínguez et al. (2025) — SSRN Preprint  · 
Mongabay Latam  · 
UICN Lista Roja — Zoogoneticus tequila  · 
Goodeid Working Group  · 
Tropical Fish Hobbyist, sep/oct 2018 — «Keeping (and Saving) Mexico’s Endangered Goodeids»  · 
John y Susy Pint — «Ivan Dibble, the Man Who Loved Mexican Fish» (ranchopint.com)

Zoogoneticus tequila - Aquarium Tropical du Palais de la Porte Dorée - Paris/France - 29/04/2015. Loury Cédric
Zoogoneticus tequila – Aquarium Tropical du Palais de la Porte Dorée – Paris – 29/04/2015. Loury Cédric

Etiquetas: acuariofiliaChester Zooconservacióncría en cautividadespecies invasorasGoodeidaeIvan DibbleMéxicopez tequilareintroducciónZoogoneticus tequila
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