Tiene el tamaño de una rata grande, la cola rematada en un pincel y unos incisivos de un naranja intenso. El degú es un roedor del centro de Chile. Allí es tan común que se considera una plaga agrícola, pero en pocas décadas se ha convertido en una mascota apreciada en media Europa. Es activo de día, sociable y muy comunicativo.
Pero el degú tiene además una segunda vida, mucho menos conocida, en los laboratorios. Ve en ultravioleta, aprende a manejar un pequeño rastrillo y se usa para estudiar la diabetes, el sueño y el envejecimiento del cerebro. Pocas mascotas tienen un currículum científico tan brillante.
Quién es el degú
El degú común, Octodon degus, pertenece a la familia de los octodóntidos, un grupo de roedores exclusivo de Sudamérica. Está emparentado con las cobayas y las chinchillas, todos ellos dentro del grupo de los caviomorfos. El nombre de la familia alude a la forma en ocho de la superficie de sus muelas.
Lo describió en 1782 el naturalista chileno Juan Ignacio Molina, que lo bautizó como Sciurus degus, es decir, como una ardilla. La palabra «degú» procede del mapudungun, la lengua mapuche, y significa ratón o rata.
Nombre científico: Octodon degus (Molina, 1782)
Familia: Octodontidae
Distribución: centro de Chile, aproximadamente entre los 28° y los 35° de latitud sur
Hábitat: matorral mediterráneo semiárido, desde el nivel del mar hasta unos 1.200 metros
Tamaño: de 32 a 44 cm con la cola; de 170 a 300 gramos
Gestación: unos 90 días; camadas de unas seis crías, que nacen con pelo y los ojos abiertos
Esperanza de vida en cautividad: de 5 a 8 años
Estado de conservación: Preocupación menor (UICN); no figura en CITES
Su vida en los matorrales de Chile
En libertad, el degú vive en el matorral del centro de Chile, un paisaje mediterráneo de arbustos y espinos muy parecido al de nuestras sierras. Es tan abundante que se considera el mamífero más común en su área de distribución. También ha aprendido a aprovechar los pastizales y los cultivos, donde daña chumberas, trigales, viñedos y frutales.
Es un animal diurno, con picos de actividad por la mañana y al atardecer, cuando el calor afloja. Excava complejos sistemas de galerías comunales, que a veces comparte con otros roedores, y sale al exterior para buscar comida. Se alimenta de hojas, cortezas, semillas y hierbas, y almacena provisiones para el invierno. Como los conejos, reingiere parte de sus heces para aprovechar mejor los nutrientes.
Una sociedad de madrigueras
Los degús viven en grupos de uno o dos machos y varias hembras emparentadas, que defienden un territorio común. Las hembras comparten nido y llegan a amamantar a las crías de otras. Es un comportamiento poco frecuente entre los mamíferos.
¿Por qué viven en grupo? En 2009, un equipo dirigido por el ecólogo chileno Luis Ebensperger comprobó que los grupos más numerosos no criaban más ni mejor. Los investigadores sugirieron que la ventaja está en otra parte: en un grupo grande hay más ojos para detectar a los depredadores mientras se come al descubierto. Y depredadores no faltan: zorros culpeos, lechuzas, búhos campestres y águilas moras.
Para escapar, el degú tiene un recurso extremo. Si un depredador le atrapa por la cola, puede desprenderse de la piel y el pincel final. La cola no se regenera, y la parte expuesta acaba secándose y cayendo.
Curiosidades científicas
Ve en ultravioleta y marca con orina que brilla
En 2003, un equipo chileno y alemán demostró que la visión del degú se extiende al ultravioleta. Y descubrió para qué le sirve. La orina fresca del degú refleja sobre todo luz ultravioleta, mientras que la seca apenas lo hace. Las plantas, la tierra y las piedras de su entorno reflejan muy poco.
Así, las marcas de orina en los senderos comunes y en los baños de arena destacan para otros degús como señales luminosas. Los investigadores propusieron que les permiten distinguir las marcas recientes de las antiguas y orientarse mejor que con el olfato. El inconveniente es que algunos depredadores, como los cernícalos, también ven en ultravioleta.
Un roedor que usa herramientas
En 2008, investigadores del instituto japonés RIKEN publicaron en PLoS ONE que los degús pueden aprender a usar un pequeño rastrillo para acercarse semillas fuera de su alcance. Hasta entonces, ese tipo de entrenamiento solo se había conseguido en primates. Los degús llegaron a desarrollar una técnica eficaz y mostraron entender para qué servía la herramienta.
Quince palabras
El degú es muy vocal. En 2007, la investigadora británica Charlotte Long analizó más de 3.500 sonidos y distinguió 15 tipos de vocalizaciones. Su uso cambia con la estación y el contexto, algo coherente con una jerarquía social compleja. Algunas llamadas parecen exclusivas de un sexo, y otras no las emiten las crías.
Del día a la noche
El degú es uno de los pocos roedores de laboratorio diurnos, lo que lo convierte en un modelo valioso para estudiar los ritmos circadianos humanos. Además, puede cambiar su horario según las condiciones. La temperatura, la melatonina o el olor de otros degús influyen en que se active de día o de noche.
Un modelo para la diabetes
La insulina del degú tiene una estructura distinta a la de otros mamíferos y es menos eficaz. Por eso desarrolla diabetes con facilidad si su dieta contiene azúcares libres. Las cataratas, frecuentes en degús mal alimentados, son a menudo una consecuencia de esa diabetes. Esta curiosidad científica tiene una traducción muy práctica para quien lo cuida, como veremos.
El degú y el Alzheimer: una historia con giro
En 2005, el grupo del neurocientífico chileno Nibaldo Inestrosa describió en degús viejos depósitos de beta-amiloide y de proteína tau, las dos marcas del Alzheimer. Era la primera vez que se veía en un roedor no modificado genéticamente. El degú parecía el modelo ideal para estudiar la forma más común de la enfermedad.
Pero en 2016 y 2017, dos laboratorios europeos no encontraron esas lesiones en sus degús viejos. La investigadora Patricia Cogram sospechó de la consanguinidad. Muchas colonias de laboratorio descendían de muy pocos animales, y cada una había derivado genéticamente en una dirección distinta.
Cogram trabajó entonces solo con degús capturados en la naturaleza. En 2022, su grupo encontró placas y tau en aproximadamente un tercio de los degús viejos. Esos animales, además, rendían peor en pruebas cognitivas y de conducta. La historia es una buena lección sobre la importancia de la diversidad genética, también en las colonias de cría.
El degú como mascota
Su carácter diurno, su curiosidad y su vida social lo han convertido en una mascota cada vez más popular. Pero no es un animal para tener solo ni para cualquier jaula. Conviene conocer sus necesidades antes de llevarlo a casa.
Nunca solo: es un animal muy social; lo ideal es mantener al menos dos ejemplares del mismo sexo, a ser posible hermanos
Espacio y altura: jaula amplia, con varios niveles, metálica y resistente, porque roe el plástico y la madera blanda
Rueda maciza: de superficie continua y tamaño grande, nunca de barrotes, para proteger patas y cola
Heno a voluntad: es la base de la dieta, junto con un pienso específico para degús
Sin azúcar: nada de fruta, golosinas ni piensos con melaza o miel; el riesgo de diabetes es real
Baños de arena: varias veces por semana, con arena específica para chinchillas o degús
Material para roer: ramas de frutales sin tratar y madera dura, para el desgaste de los dientes
Calor, con cuidado: tolera mal las temperaturas altas; hay que evitar el sol directo y los ambientes por encima de 25 °C
Nunca por la cola: podría desprenderse; se coge por el cuerpo, con las dos manos
Un último consejo de salud: sus incisivos deben ser de color naranja. Unos dientes pálidos pueden indicar problemas de alimentación, y unos ojos que se vuelven blanquecinos, cataratas asociadas a diabetes. En ambos casos, conviene acudir a un veterinario especializado en animales exóticos.
Una mascota que también es un aviso
En algunos lugares, la capacidad del degú para adaptarse y reproducirse ha despertado temor a que se convierta en invasor. Varios estados de Estados Unidos, como California, Utah, Georgia, Connecticut o Alaska, prohíben su tenencia. Es una razón más para la tenencia responsable: un degú nunca debe soltarse en el campo.
Bien cuidado, el degú es un compañero longevo, activo y sorprendente. Cuando lo veamos darse un baño de arena o charlar con sus compañeros, merece la pena recordarlo: es uno de los roedores que más han enseñado a la ciencia.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Animal Diversity Web: Octodon degus ·
Mammal Diversity Database: Octodon degus ·
Hayes, L. D. et al. (2009). Fitness consequences of group living in the degu Octodon degus, a plural breeder rodent with communal care. Animal Behaviour, 78(1) ·
Chávez, A. E. et al. (2003). Retinal spectral sensitivity, fur coloration, and urine reflectance in the genus Octodon. Investigative Ophthalmology & Visual Science, 44 (nota del Instituto Max Planck) ·
Okanoya, K. et al. (2008). Tool-use training in a species of rodent: the emergence of an optimal motor strategy and functional understanding. PLoS ONE, 3(3): e1860 ·
Long, C. V. (2007). Vocalisations of the degu Octodon degus, a social caviomorph rodent. Bioacoustics, 16(3) ·
McMurray, C. (2024). How inbreeding almost tanked an up-and-coming model of Alzheimer’s disease. The Transmitter ·
Inestrosa, N. C. et al. (2005). Human-like rodent amyloid-beta-peptide determines Alzheimer pathology in aged wild-type Octodon degu. Neurobiology of Aging, 26: 1023
