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Mordeduras de serpiente: hasta 513.000 muertes al año

La mordedura de serpiente mata cada año a entre 274.000 y 513.000 personas, según la estimación más completa hecha hasta hoy. Es muchísimo más de lo que se creía. El nuevo estudio confirma además que no es un problema de serpientes, sino de pobreza: casi la mitad de las víctimas están en el África subsahariana y en Europa la cifra es anecdótica.

Por Sociedad Herpetológica Valenciana SOHEVA octubre 2, 2026 8 min lectura Actualidad
Mordeduras de serpiente: hasta 513.000 muertes al año

Bothrops jararaca. Por Uptoblue - Trabajo propio

Las mordeduras de serpiente matan a mucha más gente de la que se pensaba. Un estudio publicado el 25 de agosto en PLOS Medicine calcula que cada año se producen en el mundo al menos 2,1 millones de envenenamientos y 274.000 muertes. Y esa es la estimación prudente. La alta eleva las cifras hasta 7 millones de envenenamientos y 513.000 fallecidos.

El trabajo lo firma un equipo internacional encabezado por Dileepa Ediriweera y Anuradhani Kasturiratne, de la Universidad de Kelaniya (Sri Lanka), con la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool. Es la actualización de la estimación mundial que el mismo grupo publicó en 2008, diecisiete años después, y ha tenido eco también en la prensa especializada en reptiles.

Muchas más muertes de las que se creía

La estimación de 2008 hablaba de entre 20.000 y 94.000 muertes al año. La nueva multiplica esa horquilla. Los autores no creen que el problema haya crecido: sus datos no muestran tendencia temporal en el periodo estudiado. Lo que ha cambiado es la capacidad de medirlo.

La clave está en el subregistro. En el trópico rural, muchas víctimas nunca llegan a un hospital y acuden a curanderos. Los registros hospitalarios y las bases de datos nacionales se quedan cortos. Las encuestas casa por casa, en cambio, detectan muchos más casos.

Estimación baja: 2,1 millones de envenenamientos y 274.000 muertes al año.
Estimación alta: 7 millones de envenenamientos y 513.000 muertes al año.
Mordeduras totales: al menos 4 millones al año, suponiendo que la mitad inyecta veneno.
Discapacidad grave: al menos 825.000 casos al año, entre amputaciones y otras secuelas permanentes.
Países con serpientes venenosas: 170, de los que 91 carecen de datos fiables sobre envenenamientos.

Cómo se ha hecho el cálculo

Los investigadores revisaron casi 4.000 publicaciones en cualquier idioma, aparecidas entre 2007 y marzo de 2025. Tras filtrarlas, se quedaron con 84 trabajos sólidos y seis fuentes oficiales, entre ellas ministerios de sanidad y centros de toxicología.

Con esos datos construyeron modelos geoestadísticos. Cruzaron la información con variables climáticas, demográficas, socioeconómicas y con la distribución de las serpientes de mayor importancia médica. Así pudieron estimar también la carga en los países sin datos propios.

Las dos cifras no son un margen de error. Son dos escenarios. La baja corrige en parte el subregistro con datos hospitalarios. La alta refleja lo que se vería si en todos los países se hicieran encuestas en las comunidades.

El mapa del problema

La mortalidad se concentra en el cinturón tropical, donde las temperaturas apenas varían y las serpientes están activas todo el año. El África subsahariana soporta el 45 % de los envenenamientos y de las muertes, con una incidencia casi tres veces mayor que la del sur de Asia. Los autores subrayan que ese patrón no se había identificado antes.

Le siguen el sur de Asia, con el 27 % de las muertes, y Asia oriental y el Pacífico, con el 13 %. América Latina y el Caribe suman un 10 %.

Por países, la India encabeza la lista, con unas 37.600 muertes al año en la estimación baja. Detrás van Nigeria, Pakistán y la República Democrática del Congo. En Latinoamérica destacan México, con unas 12.000 muertes, y Brasil, con unas 8.000. Veinte países acumulan el 78 % de la mortalidad mundial.

¿Y en Europa? Europa y Asia central suman menos del 1 % de la carga mundial: entre 1.150 y 2.100 muertes al año, y buena parte de esa región carece de datos propios. El conjunto de los países de renta alta registra unas 150 muertes anuales. Más abajo detallamos las cifras de España y de los países de su entorno.

Las estimaciones país por país

El material suplementario del estudio da cifras para cada uno de los 170 países con serpientes venenosas. En los países de renta alta hay una sola cifra, porque los autores consideran que allí el subregistro es escaso. En el resto, damos la horquilla entre la estimación baja y la alta.

Los diez países con más muertes (estimación baja–alta, muertes al año)
India: 37.600–70.100
Nigeria: 29.600–55.300
Pakistán: 26.700–50.500
República Democrática del Congo: 20.700–38.700
México: 12.000–22.500
Indonesia: 11.900–22.100
China: 10.200–19.000
Etiopía: 9.400–17.600
Brasil: 8.000–15.000
Kenia: 7.200–13.500

En envenenamientos, el orden cambia algo. La India vuelve a encabezar la lista, con entre 409.000 y 1,38 millones al año, seguida de Nigeria, Indonesia y la República Democrática del Congo. Las incidencias más altas se dan en el África subsahariana: en Sudán del Sur, Uganda, Malaui, Kenia o la República Democrática del Congo, la estimación alta supera los 400 envenenamientos por cada 100.000 habitantes.

Latinoamérica (envenenamientos · muertes al año, estimación baja–alta)
México: 16.300–55.000 · 12.000–22.500
Brasil: 48.000–162.000 · 8.000–15.000
Venezuela: 14.500–48.800 · 2.450–4.550
Colombia: 19.600–66.100 · 1.450–2.750
Guatemala: 7.550–25.500 · 1.300–2.500
Perú: 7.000–23.600 · 750–1.450
Argentina: 2.350–7.900 · 500–950
Bolivia: 1.600–5.450 · 300–550
Ecuador: 4.650–15.700 · 200–400
Costa Rica: unos 300 · unas 7

El caso de México llama la atención. El modelo le atribuye bastantes menos envenenamientos que a Brasil, pero muchas más muertes. Se explica porque el estudio calcula envenenamientos y muertes con modelos separados, de modo que la proporción entre ambas cifras no siempre es coherente para un país concreto. En el otro extremo está Costa Rica, cuyas estimaciones son muy bajas pese a tener una fauna de serpientes peligrosa. Es además uno de los países con más tradición en la producción de antivenenos.

España y su entorno (envenenamientos · muertes al año)
España: unos 450 · unas 6
Portugal: unos 150 · alrededor de 1
Francia: unos 750 · unas 5
Italia: unos 450 · unas 4
Grecia: unos 100 · alrededor de 1
Alemania: unos 700 · 3–4
Reino Unido: unos 950 · unas 5
Marruecos: 7.150–24.200 · 1.000–1.950
Argelia: 3.200–10.700 · 700–1.300
Turquía: 3.550–12.000 · 200–400

Cuidado con las cifras europeas

Estas cifras hay que leerlas con prudencia, y no lo decimos nosotros: lo dicen los propios autores. Advierten de que sus estimaciones para los países de renta alta y bajo riesgo no deben interpretarse igual que las de África o Asia, y de que allí deben prevalecer los datos nacionales.

El caso español lo ilustra bien. Para España, el modelo se apoya en dos trabajos con datos hospitalarios de 1997 a 2010: el de Saz-Parkinson y colaboradores, de 2012, y el de Chippaux y colaboradores, de 2013. Ambos recogían cifras de envenenamiento claramente inferiores a los 450 casos anuales que ahora calcula el modelo.

Algo parecido ocurre en el norte de Europa. El Reino Unido, cuya única serpiente venenosa es la víbora común, aparece con unas 950 mordeduras con envenenamiento y unas cinco muertes al año. Alemania, con una fauna igual de modesta, aparece con unas 700 y entre tres y cuatro. Son extrapolaciones de un modelo pensado para medir el problema a escala mundial, no radiografías de cada país.

Lo que sí dejan claro es la escala. En España, la mordedura de víbora es un riesgo real pero pequeño. Al otro lado del Estrecho, en Marruecos, las muertes estimadas van de unas mil a casi dos mil al año.

Una enfermedad de la pobreza

El estudio deja una conclusión muy clara: la mordedura de serpiente es, sobre todo, una enfermedad de la pobreza. Los países de renta baja tienen las tasas más altas tanto de envenenamiento como de muerte.

Tres factores explican buena parte de las diferencias. Donde hay más población urbana, hay menos envenenamientos. Donde hay más desigualdad de género, un indicador de pobreza y subdesarrollo, hay más casos y más muertes. Y la mortalidad crece con la diversidad de especies de la categoría 1 de la OMS, las más peligrosas desde el punto de vista médico.

Esas especies complican el tratamiento. Sus venenos pueden provocar parálisis, trastornos de la coagulación o fallo renal. Además, la diversidad de especies obliga a menudo a usar antivenenos polivalentes, caros y complejos de fabricar, cuya eficacia varía de una región a otra.

Las víctimas típicas son campesinos y sus familias, en zonas rurales, lejos de un hospital y sin acceso fácil al antiveneno. Muchos supervivientes quedan con amputaciones o discapacidades que les impiden volver a trabajar.

Lo que piden los autores

La OMS incluyó el envenenamiento por serpiente entre las enfermedades tropicales desatendidas en 2017. Su objetivo es reducir a la mitad las muertes y la discapacidad para 2030. Con estas cifras, los autores lo consideran un reto enorme, sobre todo en las regiones más afectadas.

El modelo ofrece además una pista práctica. Los envenenamientos se agrupan en radios de unos 300 kilómetros, lo que apunta a factores locales. Las muertes, en cambio, se correlacionan hasta unos 1.000 kilómetros, lo que apunta a factores regionales como el acceso al antiveneno o la organización sanitaria.

De ahí su recomendación. La prevención, con educación comunitaria y calzado adecuado, debe diseñarse a escala local. La reducción de la mortalidad exige coordinación nacional o regional. Y, sobre todo, hacen falta más datos: casi la mitad de los países con serpientes venenosas no sabe cuántas mordeduras sufre.

Serpientes, conocimiento y conservación

Para quienes trabajamos con reptiles, el estudio deja una lectura clara. El peligro de las serpientes venenosas no depende solo de las serpientes. Depende de la pobreza, del acceso a la sanidad y de la disponibilidad de antivenenos adecuados.

Conocer bien a estos animales, su biología, su distribución y la composición de sus venenos, es precisamente lo que permite fabricar mejores antivenenos. Y en eso la herpetología, también la que se hace fuera de la universidad, tiene mucho que aportar.

Fuente: Ediriweera, D. S., Kasturiratne, A., Pathmeswaran, A., Stienstra, Y., Martín, G., Iwamura, T., Murray, K. A., de Silva, H. J., Diggle, P. J. y Lalloo, D. G. (2026). Estimates of global burden of snakebite: A literature review and geostatistical modelling study. PLOS Medicine, 23(8): e1005201. DOI: 10.1371/journal.pmed.1005201. Estimaciones por país: material suplementario S4 (tablas A y B).

So.He.Va.

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Etiquetas: África subsaharianaantivenenoenfermedades tropicales desatendidasenvenenamiento ofídicoIndiamordedura de serpienteofidismoOMSPLOS Medicinesalud públicaserpientes venenosassuero antiofídico
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