Ponencia presentada en el XI Congreso Internacional sobre Papagayos de Loro Parque (Tenerife). Mundo Faunista la publica por entregas debido a su extensión. Esta es la primera.
«Si vis pacem, para bellum»
Los titulares que nadie quiso leer
Los últimos tiempos han sido pródigos en noticias con un denominador común, algunas curiosamente con loros y guacamayos como protagonistas, tema principal de este Congreso precisamente. Observen ustedes algunas de ellas.
- El actual Gobierno de España publica en el BOE y contra todo pronóstico la llamada Ley animalista 7/2023, de 28 de marzo, de Protección de los Derechos de los Animales; la ley más contestada y desobedecida de toda la democracia española, y que nunca tuvo que ser aprobada. Su objetivo: bajo la excusa del maltrato, dotar de derechos a los animales y prohibir la relación tradicional del Hombre con ellos.
- Otra: el Gobierno de España despoja de su loro yaco a una jubilada de 71 años de Madrid, un animal totalmente legal, dejándolo en depósito en casa de la señora pero a nombre del Estado.
- Otra más: el Gobierno de España envía al Congo 32 loros yacos criados en cautividad y decomisados a sus legítimos dueños, para que mueran en la selva.
- Y seguimos: el Gobierno de España intenta confiscar en Torrijos (Toledo) un cocodrilo enano a su legítimo dueño, argumentando que pesaba más de dos kilos.
- Continuamos: el Gobierno español, en connivencia con el francés y el animalismo galo e hispano, niega en un documento fantasma la acogida en España de dos orcas y doce delfines del clausurado parque francés Marineland Antibes, argumentando que nuestro país carece de instalaciones adecuadas para el mantenimiento de mamíferos marinos. El animalismo confía en que los cetáceos mueran en Francia, para así proclamar catorce mártires con los que demonizar a los zoos.
- Y no paramos: el Gobierno de España, a través de la Guardia Civil, incauta del centro El Jardín de las Aves del Hierro, aquí en Canarias, una treintena de cacatúas y guacamayos domésticos, por no portar anillas cerradas en sus muñecas, e investiga al dueño, un reconocido avicultor canario, por presuntos delitos contra la fauna. Una actuación que, probablemente, carece de amparo legal.
Y fuera de nuestras fronteras, lo mismo
Eso aquí, en casa. Pero fuera de España también ha habido noticias de este tipo, como las 300 avestruces sanas acribilladas a tiros con nocturnidad y alevosía en una granja por el Gobierno de Canadá, en aras supuestamente de la prevención del virus de la gripe aviar; los 450.000 búhos que los ecologistas pretenden exterminar de la costa oeste de EE. UU., o las 30 ballenas blancas que el Gobierno de Canadá no dejaba viajar en acogida a otros acuarios, tras cerrar el Marineland de Ontario. Aquí, al igual que en el arriba citado caso francés, se barajaba la idea de sacrificarlas a todas.
Todos estos casos tienen, como digo, un denominador común casi omnipresente —el actual Gobierno de España— y otro, que es el objetivo irrenunciable por parte de una minoría social y fanática: acabar con los valores del Humanismo y los pilares de nuestra civilización occidental. Especialmente, en el caso que nos ocupa, con la relación tradicional del ser humano con los animales, bien sea por ocio, tradición, cultura o negocio. Una relación que permitió al Hombre llegar a ser la especie dominante en la Tierra, y que hoy los intolerantes, sentados algunos en el sillón del poder, quieren suprimir a base de todo tipo de prohibicionismos hechos ley.
Humanismo contra veggie/animalismo
Cuando los ciudadanos votan y votan y siguen votando a sus verdugos, no son víctimas, sino cómplices de la situación que dicen sufrir. Nuestros padres y abuelos seguramente no darían crédito a estas increíbles actuaciones de abuso de poder que vivimos, que ocurren precisamente por nuestra culpa y gracias a todos nosotros, que hemos otorgado dicho poder a unos autócratas siervos del globalismo criminal.
Pero se preguntarán ustedes: ¿cómo es posible que hayamos permitido llegar hasta aquí? ¿Cómo es posible que hoy suframos leyes que busquen acabar con los zoos, los circos, los acuarios, los toros, la caza, la pesca, la ganadería, el pastoreo, las mascotas, los museos de historia natural, la avicultura y cría de exóticos y hasta la dieta omnívora? ¿Cómo es posible que hoy esté mal visto montar a caballo, que un invidente tenga un perro guía, salir a cazar el domingo unos conejos, ir al circo o al zoo con tus hijos o incluso comprar un solomillo en el supermercado? La respuesta es sencilla: gracias al poder del buenismo, la mediocridad y la charlatanería… y nuestra propia pasividad.
Tiempos difíciles, hombres débiles
Dijo Michael Hopf que «los tiempos difíciles crean hombres fuertes, los hombres fuertes crean tiempos fáciles, los tiempos fáciles crean hombres débiles, y los hombres débiles crean tiempos difíciles». Estamos ahora mismo en la última fase de esta famosa cita. Tiempos difíciles y oscuros, venidos a nosotros debido a nuestra propia decadencia social.
Veníamos de una época de fortaleza y tiempos fáciles, de prosperidad y de libertades y derechos conquistados a sangre y fuego, y por los que nuestros padres y abuelos dieron hasta su vida para que nosotros pudiéramos disfrutarlos. Pero los hemos dilapidado desde nuestra zona de bonanza y confort. Podíamos haberlo evitado y no quisimos.
Las señales de que la corrección política y el «wokismo» iban a llegar eran muchas, pero no les hicimos caso, y preferimos quedarnos brazo sobre brazo como dinosaurios esperando el meteorito, antes que luchar por nuestros valores, costumbres y tradiciones. Y hoy, el enemigo del Humanismo es un monstruo poderoso tan enraizado culturalmente que para vencerlo hará falta poco menos que una revolución. Porque el enemigo está hambriento, conoce nuestros complejos y debilidades —por defendernos nos llama fascistas— y viene a cortarnos la cabeza. Y la única manera de vencerle es todos unidos, lo cual, conociendo España y a los españoles, se antoja casi una utopía.
Estamos en guerra. Una guerra contra un enemigo minoritario común a todas las personas normales que tienen una relación tradicional con los animales. Un enemigo que está en contra de nuestro modo de vida capitalista occidental, y que busca negar la existencia de dicha relación Hombre-animal, y por tanto prohibir granjas, zoos, acuarios, museos, tiendas de mascotas y hasta el derecho a la independencia y soberanía alimentaria.
Un enemigo que busca igualar en derechos al Hombre y al animal, para provocar la extinción del ser humano. Pero sépanlo bien todos: ustedes están en el lado correcto de la historia. Somos los buenos. Y por ese hecho, que es una verdad incuestionable, no debemos dar ni un paso atrás en la defensa de nuestros derechos y libertades. Y desde luego la avicultura y cría de exóticos, aparte de ser actividad fundamental para la conservación de especies y del medio natural, es un derecho que nos hemos ganado con sangre, sudor y lágrimas.
El origen del mal
Pero ¿cómo es que incomprensiblemente hemos llegado hasta aquí? Voy a intentar echar una breve mirada atrás. Mirada amplia y general, para que comprendan de dónde venimos, y por qué hoy, entre otras cosas, una minoría cómplice del poder quiere prohibirnos. Porque quizás sabiendo reconocer bien a nuestro enemigo y estudiándolo a fondo, como decía Sun Tzu, seamos capaces de vencerle.
Y lo voy a hacer para que tengan ustedes argumentos contra un enemigo que no está capacitado de ninguna de las maneras para dar lecciones éticas, morales o científicas a nadie. Ese enemigo, sepan ustedes, es de carácter religioso y lo firma un triunvirato «evangélico»: el veganismo, el animalismo y el ecologismo. Los dos primeros siempre de la mano y en comandita, porque ninguno de los dos tiene razón de ser sin el otro; y el último, unido de urgencia a los dos primeros por puro interés electoral. Son los llamados «tres evangelios verdes».
No todos los animalistas son veganos —una mayoría sí—, pero lo que es impepinable es que todos los veganos son animalistas. Y por tanto, nuestros enemigos. Enemigos nuestros, que no somos ninguna de esas tres cosas. Porque nosotros solo somos conservacionistas… que no es poca cosa.
Conocer al enemigo desde el principio
Les pido un poquito de paciencia. El asunto viene de largo en el tiempo. Sé que esto que les voy a contar les parecerá que nada tiene que ver en principio con loros, cacatúas y guacamayos, que es lo que nos convoca aquí, pero creo firmemente que es necesario que conozcan la historia y al enemigo, desde el principio, para que así puedan vencerle.
Estos tres brazos religiosos mencionados pertenecen hoy a un ejército mayor: el del «wokismo» y la corrección política hoy asociada al globalismo agendista de las élites. Su verdad revelada tiene un objetivo: el especismo y su lucha para abolirlo, entendiendo especismo como la discriminación de otras especies por parte del humano.
Según el veggie animalismo, ser humanos no nos da derecho a priorizar nuestros intereses sobre el resto de especies vivientes, ni tampoco derechos especiales sobre ellas. No olviden el término, porque es la llave de todo el problema que nos ocupa: especismo. Ni que decir tiene que cualquier omnívoro es un especista para esta gente. Y si tienes mascotas, muchísimo más. Y no te digo nada ya si, como en nuestro caso, se es criador de exóticos…
El trabajo de hormiguita
Nunca se les dio importancia capital a estos movimientos en los medios ni socialmente hablando. Eran movimientos minoritarios, incapaces de competir en las portadas de prensa con la alta política, los escándalos de corrupción, las guerras o las noticias económicas. Solo eran portadores de noticias de animalitos para páginas interiores, nunca para las primeras planas.
Pero en silencio y por la puerta de atrás, estos movimientos minoritarios fueron trabajando como hormiguitas y conspirando contra la mayoría social mediante el adoctrinamiento. Y hoy, venidos arriba, pivotan todos ellos y muchos más alrededor del pilar fundamental más alto de su fe: el dogma climático, clave de bóveda de todo este desgraciado problema.
Para el Eco Veggie Animalismo, el ser humano no forma parte de la evolución de la vida sobre el planeta —de GAIA, como dicen ellos—, sino que debió de aterrizar en paracaídas sobre la Tierra y por tanto es un cuerpo extraño e invasor al que hay que exterminar. El Hombre, según ellos, actúa como un cáncer sobre la madre Naturaleza. Así, tal cual.
Próxima entrega: ecologismo no es ecología. Quiénes fueron los primeros en salir a escena, de dónde salieron y por qué la ciencia ecológica y el activismo verde son cosas distintas.
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Álex Lachhein
Naturalista de campo, escritor y divulgador. Lleva cuatro décadas trabajando con animales: en la Reserva El Rincón (hoy Safari Madrid), en parques zoológicos y como adiestrador en rodajes de cine y televisión. Es cetrero y colabora habitualmente en Cuarto Milenio y Horizonte.
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