Cuando repasamos la historia de Hanako, el koi al que se atribuyen 226 años, quedó pendiente una cuestión más interesante que la propia cifra: ¿desde cuándo mantienen los japoneses carpas en estanques solo para mirarlas?
La respuesta más antigua que existe está en el Nihon Shoki, la crónica oficial compilada en el año 720. Son cuarenta caracteres escuetos, sin adorno alguno, sobre un emperador, un estanque y unas carpas. Y esos cuarenta caracteres han dado lugar a un sitio histórico que todavía puede visitarse en la prefectura de Gifu.
El texto, tal y como está escrito
El pasaje corresponde al cuarto año del reinado del emperador Keikō, segundo mes de primavera. Conviene leerlo antes de leer cualquier versión de él:
於是天皇、權令弟媛至而居于泳宮/泳宮、此云區玖利能彌揶/鯉魚浮池、朝夕臨視而戲遊。時弟媛、欲見其鯉魚遊而密來臨池、天皇則留而通之。
«Entonces el emperador hizo que Otohime residiera provisionalmente en Kukurinomiya (泳宮 se lee Kukurinomiya). Soltó carpas en el estanque y las contemplaba mañana y tarde, entreteniéndose. Entonces Otohime, queriendo ver nadar aquellas carpas, se acercó furtivamente al estanque. El emperador la retuvo y la tomó.»
Eso es todo. La estratagema del estanque ocupa una sola frase. Antes de este fragmento, la crónica cuenta que el emperador viajó a la provincia de Mino —la actual Gifu— y oyó hablar de la belleza de Otohime, hija de Yasakairihiko no Mikoto; al saber que el emperador venía a por ella, la joven se escondió en un bosque de bambú.
Después del fragmento, Otohime argumenta que su carácter no es adecuado para la vida de la corte y propone en su lugar a su hermana Yasakairihime. El emperador acepta. Yasakairihime le dará siete hijos y seis hijas, trece en total, el primero de los cuales será el futuro emperador Seimu.
Lo que el texto no dice
La versión que circula hoy por internet, en español y en inglés, es considerablemente más romántica que el original. Merece la pena señalar las diferencias, porque son instructivas sobre cómo se construyen las historias que después damos por buenas.
La crónica no dice que Otohime se escondiera en «densos bosques de montaña»: dice bosque de bambú (竹林), que es un paisaje distinto y mucho más concreto. No dice que los peces nadando fueran un espectáculo inusual y cautivador en la época: eso es añadido moderno. No dice que el emperador «le declarara su amor»: dice 留而通之, que significa que la retuvo y mantuvo relaciones con ella. Y no dice absolutamente nada sobre que Otohime pasara después una vida solitaria y melancólica en los bosques de Mino; eso pertenece a la tradición local posterior, no a la crónica.
Las versiones divulgativas de esta historia presentan a un emperador cortés que corteja y es rechazado con elegancia. El texto clásico describe algo más incómodo: el emperador retiene a la joven que se había escondido de él y consuma la relación. Solo después ella alega que no sirve para la corte y ofrece a su hermana. No es un detalle menor, y su desaparición sistemática de las versiones modernas dice bastante sobre cómo se editan los mitos fundacionales para hacerlos presentables.
La fecha: qué significa realmente «año 74»
Muchas fuentes fechan el episodio en febrero del año 74 d.C. La cifra es correcta como conversión de la cronología tradicional japonesa, pero conviene entender qué es esa cronología.
Keikō es el duodécimo emperador según el orden sucesorio tradicional, y se le considera legendario. La crónica le atribuye un reinado de 71 a 130 y una muerte a los 143 años de edad. Ningún historiador toma esas cifras como datos biográficos reales: el Nihon Shoki se compiló en el 720, seis siglos y medio después de los hechos que narra aquí, y proyecta hacia atrás una cronología construida con criterios políticos y cosmológicos más que documentales.
Lo honesto es decir que el episodio está fechado en el año 4 del reinado de Keikō, que la tradición sitúa en el 74 d.C., y dejar claro que se trata de cronología legendaria. El dato sólido es otro: el texto que lo recoge se escribió en el 720, y eso ya lo convierte en la mención más antigua de carpas mantenidas para contemplación en la literatura japonesa.
El lugar: Kukurinomiya, en Kani
El sitio identificado con aquel palacio provisional se encuentra hoy en el distrito de Kukuri, en la ciudad de Kani, prefectura de Gifu, en la dirección Kukuri 1606-4. Es un pequeño parque con estelas conmemorativas, incluido un monumento con un poema del Man’yōshū que menciona el lugar.
Ahora bien, la identificación de ese punto concreto con el palacio de la crónica no procede de la arqueología, sino de la erudición de época Edo. El sitio se transmitió por tradición oral durante siglos, pero se hizo ampliamente conocido a partir de 1819, cuando Chimura Nakao, noveno de la familia Chimura de Kukuri y versado en estudios nacionales, escribió el Mino no kuni Kukurinomiya kō. En 1869, Kushida Dōko, vasallo de esa misma familia, publicó el Mino no kuni Kukurinomiya ryakki.
La propia ciudad de Kani lo reconoce sin rodeos en su página oficial: no se sabe si es un hecho histórico. Lo que sí es real es que los vecinos de Kukuri llevan generaciones llamando afectuosamente «la princesa» a Otohime, y que el lugar funciona como un espacio de memoria local.
El nombre: ¿de verdad viene de «nadar»?
La explicación más repetida es bonita: kuguru es un verbo antiguo relacionado con sumergirse o pasar por debajo, y el topónimo Kukuri vendría de las carpas que nadaban sumergiéndose en el estanque. El carácter 泳, que significa «nadar», se lee precisamente kukuri en este nombre propio, lo que da mucha fuerza a la idea.
Pero no es la única hipótesis. El Gifu Shimbun recoge una lectura alternativa: kuku o kugu se asocian a kugumoru, con el sentido de estar encerrado o amortiguado, y se aplicaban a lugares situados entre montañas. Kukuri es exactamente eso: un pequeño asentamiento sobre un abanico aluvial, rodeado de montañas, con el río Kukuri pasando por detrás del sitio.
Las dos explicaciones pueden convivir, e incluso reforzarse. Pero conviene no presentar la versión de las carpas como etimología establecida cuando es, en el mejor de los casos, una de dos posibilidades.
Aquellas carpas no eran koi de colores
Este es el punto que más importa a quien mantiene un estanque hoy, y el que casi todas las versiones de la leyenda pasan por alto.
El carácter que aparece en la crónica es 鯉, que en japonés significa sencillamente «carpa». No dice nada sobre color ni sobre variedad. Las carpas del estanque de Keikō eran, con toda probabilidad, magoi: carpas comunes de color oscuro, el mismo pez que se criaba como alimento.
Siglo VIII (texto) / siglo I (cronología tradicional): carpas oscuras en un estanque, contempladas por su movimiento en el agua, no por su color.
Principios del siglo XIX: en las aldeas montañosas de Niigata —Yamakoshi, hoy parte de Nagaoka, y Ojiya— aparecen mutaciones de color entre las carpas magoi criadas como fuente de proteína para el invierno. Los agricultores empiezan a seleccionarlas. Hacia 1830 se obtiene la sarasa, de fondo blanco con marcas rojas.
1914: los nishikigoi alcanzan proyección nacional al exhibirse en la exposición de Ueno, en Tokio, como «carpas singulares de Echigo».
Es decir: entre el estanque de la crónica y el primer koi de colores median unos dieciocho siglos, y el nexo entre ambos no es genético ni técnico, sino cultural. Lo que el Nihon Shoki documenta no es el origen del koi ornamental, sino algo distinto y en cierto modo más interesante: el momento en que alguien decidió que un pez podía ser digno de ser mirado.
Conviene además recordar la precisión taxonómica que ya señalamos al hablar de Hanako: el koi ornamental deriva de la carpa del este de Asia, Cyprinus rubrofuscus, largamente confundida y sinonimizada con la carpa común europea Cyprinus carpio.
Lo que sí hereda la acuariofilia de esta historia
Si se retira todo lo añadido —el romanticismo, la etimología dudosa, la atribución de un origen que no le corresponde—, queda algo pequeño pero sólido.
Queda la primera descripción escrita en Japón de un estanque construido a propósito, poblado deliberadamente con peces, observado de forma repetida y con horario: mañana y tarde, chōseki (朝夕). Es exactamente la rutina de cualquiera que mantenga un estanque hoy. Y queda la constatación, implícita en el relato, de que ese espectáculo tenía capacidad para atraer a alguien que no quería ser atraído.
Mantener el estanque en época Heian siguió siendo un pasatiempo restringido a la nobleza cortesana, y así continuó bien entrado el periodo Edo. La afición no se democratizó hasta que unos agricultores de Niigata, criando carpas para comérselas en invierno, se fijaron en que algunas salían de otro color y decidieron que merecía la pena conservarlas. Ese sí fue el nacimiento del koi tal como lo conocemos, y ocurrió por accidente, en la montaña, entre gente que criaba peces por necesidad.
El pasaje de Kukurinomiya en el Nihon Shoki es real y es la mención documentada más antigua de peces mantenidos para contemplación en Japón. Pero la fecha es cronología legendaria, la identificación del sitio es erudición de época Edo y no arqueología, la etimología del topónimo está en disputa, y las carpas de la historia eran peces oscuros sin relación con el nishikigoi, que nació en Niigata dieciocho siglos después. La historia es lo bastante buena sin los adornos.
Fuentes:
Ciudad de Kani (可児市), 泳宮(くくりのみや), página oficial del municipio — city.kani.lg.jp
Asociación de Turismo de Kani, C-12. 泳宮 — kani-kankou.jp
Gifu Shimbun (岐阜新聞), artículo sobre el topónimo 泳 y la tradición del emperador Keikō — gifu-np.co.jp
Zen Nippon Airinkai (ZNA), Keep Nishikigoi — zna.jp
Ministerio de Tierra, Infraestructura, Transporte y Turismo de Japón, ficha Nishikigoi (Ojiya) — mlit.go.jp
Texto clásico del Nihon Shoki, sección del emperador Keikō, año 4, segundo mes de primavera.
Asociación Española del Koi
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