El kakariki de frente roja (Cyanoramphus novaezelandiae) figura en el Apéndice I de CITES. Sin embargo, el Reglamento (CE) 865/2006, en su Anexo X, lo exime de los requisitos de documentación CITES por ser una especie cuya cría en cautividad está plenamente establecida y extendida en avicultura. Los ejemplares nacidos en criaderos europeos se comercializan y tienen libremente sin necesidad de certificado CITES UE amarillo
Hay aves que parecen haber sido diseñadas para la avicultura. El kakariki (nombre maorí que significa literalmente «pequeño loro verde») es una de ellas: activo hasta el frenesí, fácil de criar, resistente al frío, prolífico y capaz de llenar cualquier aviario de movimiento constante. En Europa lleva décadas completamente establecido como ave doméstica, hasta el punto de que la regulación comunitaria lo ha reconocido explícitamente con una exención que pocos aficionados conocen.
Pero la historia del kakariki tiene una segunda cara, más sombría y más urgente. Mientras Cyanoramphus novaezelandiae prospera en aviarios de toda Europa, su pariente más cercano -el kākāriki karaka, o periquito de frente naranja (Cyanoramphus malherbi)- sobrevive en estado crítico en apenas dos valles de los Alpes del Sur de Nueva Zelanda, con una población total estimada en torno a los 300-450 individuos silvestres. Dos especies del mismo género. Dos destinos radicalmente distintos.
Nueva Zelanda: la isla que no tenía mamíferos
Para entender por qué los kakarikis son lo que son (aves que pasan tanto tiempo en el suelo como en los árboles, que escarban con sus largos dedos como si fueran gallinas, que tienen las plumas más densas y esponjosas que cualquier psitácida de tamaño comparable), hay que recordar dónde evolucionaron.
Nueva Zelanda fue durante millones de años un archipiélago sin mamíferos terrestres. En ese vacío ecológico, las aves llenaron los nichos que en otros continentes ocupan los roedores, los insectívoros o los herbívoros de pequeño tamaño. Muchas se volvieron incapaces de volar. Las que mantuvieron el vuelo, como los kakarikis, desarrollaron adaptaciones para explotar el suelo forestal: patas largas, dedos prensiles potentes, plumaje denso que los protege de las temperaturas de un país situado justo sobre la Antártida.
Ese plumaje excepcionalmente esponjoso, tan distinto del de una cotorra tropical o una ninfa australiana, tiene una implicación práctica para el criador europeo: el kakariki tolera bien el frío pero puede sufrir golpes de calor en verano si no tiene sombra y ventilación suficientes. Es quizás su único punto delicado.
El kakariki de frente roja en la naturaleza: una historia de islas
Desde la llegada humana a Nueva Zelanda hace unos 700 años, y de forma acelerada desde la colonización europea en el siglo XIX, el kakariki de frente roja fue perdiendo terreno en las islas principales. Los depredadores introducidos (ratas negras, armiños, gatos asilvestrados) hicieron el trabajo que ningún depredador autóctono había hecho nunca: los kakarikis que pasaban tanto tiempo en el suelo, que anidaban en huecos de árboles accesibles, eran presas fáciles para cualquier mamífero que supiera trepar. A finales del siglo XIX todavía se registraban bandadas que causaban daños en cultivos y convivían con otras dos especies de Cyanoramphus. Hoy están prácticamente ausentes de la Isla Norte y de la mayor parte de la Isla Sur.
La excepción en las islas principales es Wellington, donde ejemplares dispersos desde el santuario cercado de Zealandia y desde la isla Matiu/Somes aparecen ocasionalmente en jardines urbanos (un caso singular de recolonización espontánea facilitada por la gestión activa de un enclave libre de predadores).
Donde el kakariki de frente roja sigue siendo abundante es en las islas oceánicas: la Isla Stewart, las islas Auckland, las islas Antípodas y, con poblaciones gestionadas, las islas Chatham y las Kermadec. Esa distribución insular no es una casualidad. Las islas sin mamíferos introducidos, o con programas de erradicación completados, reproducen las condiciones en que evolucionó la especie: bosques y matorrales sin depredadores terrestres donde los kakarikis pueden explotar el suelo y anidar sin vigilancia constante. La especie tiene actualmente estatus UICN de Preocupación Menor, con una población estimada entre 16.500 y 35.300 individuos, concentrada mayoritariamente en esos enclaves insulares.
El género Cyanoramphus en su conjunto presenta un gradiente de amenaza que refleja exactamente esa vulnerabilidad a los depredadores introducidos. En un extremo, el kakariki de frente roja (C. novaezelandiae), con estatus LC gracias a sus poblaciones insulares intactas. En el otro, el kākāriki karaka (C. malherbi), confinado a dos valles continentales y calificado como En Peligro Crítico. Entre ambos, especies como el kakariki de las Chatham (C. forbesi, Vulnerable) o el kakariki de la Isla Norfolk (C. cookii, En Peligro) ilustran que la distribución restringida a un único enclave es, para cualquier especie de este género, una sentencia de muerte en diferido si los depredadores no se controlan.
C. novaezelandiae — Kakariki de frente roja. LC. 16.500-35.300 ind. Islas oceánicas y enclaves sin depredadores.
C. auriceps — Kakariki de frente amarilla. NT. 10.000-30.000 ind. Bosque montano de hayas y podocarpos.
C. malherbi — Kākāriki karaka. CR. 300-450 ind. silvestres. Dos valles de Canterbury e islas gestionadas.
C. forbesi — Kakariki de las Chatham. VU. 250-999 ind. Mangere Island y Little Mangere Island.
C. unicolor — Kakariki de las Antípodas. VU. 2.000-3.000 ind. Islas Antípodas.
C. cookii — Kakariki de Norfolk. EN. Menos de 100 ind. Isla Norfolk (Australia).
El kakariki en la avicultura europea
El kakariki de frente roja (Cyanoramphus novaezelandiae) es la especie más extendida en avicultura de entre las seis reconocidas del género Cyanoramphus. Junto a él, el kakariki de frente amarilla (C. auriceps) tiene también una presencia consolidada en criaderos europeos, aunque menos numerosa. Ambas especies comparten un perfil de manejo muy similar.
Son aves dimórficas: los machos pesan alrededor de 75 gramos y las hembras unos 55, con cabeza más pequeña y pico más estrecho y delicado en ellas. La diferencia es apreciable una vez que el criador aprende a verla, y permite el sexado visual sin necesidad de prueba de ADN. Los pollos pueden sexarse ya con los cañones recién abiertos si se comparan los anchos de pico.
Nombre científico: Cyanoramphus novaezelandiae
Nombre maorí: Kākāriki («pequeño loro verde»)
Tamaño: Unos 27 cm. Macho ~75 g, hembra ~55 g
Dimorfismo: Sí. Macho con cabeza mayor y pico más ancho
Longevidad en cautividad: 15-20 años
Puesta: 8-12 huevos por nidada; muy prolíficos
Status CITES: Apéndice I. Exento de documentación por Reglamento (CE) 865/2006, Anexo X
Particularidad: Plumaje denso y esponjoso adaptado al frío; susceptible al calor excesivo
Cría en cautividad: lo que hay que saber
El kakariki es, para su tamaño, uno de los psitácidas más prolíficos que existen. Una hembra puede poner entre 8 y 12 huevos por nidada y, si se le ofrece una segunda caja nido, iniciar una segunda puesta mientras el macho termina de cebar a los pollos de la primera. Los criadores experimentados suelen retirar huevos sobrantes cuando la nidada supera la capacidad de incubación efectiva de la hembra (generalmente unos seis o siete huevos) y los colocan bajo nodrizas.
El comportamiento en el aviario es característico: son aves que utilizan cada centímetro del espacio disponible, que inspeccionan y manipulan todo lo que encuentran y que pasan una parte significativa del tiempo en el suelo, escarbando y buscando semillas caídas. Esa conducta de suelo (heredada de millones de años de evolución en bosques sin depredadores mamíferos) hace que los comederos abiertos sean poco prácticos: los kakarikis lanzan la comida en todas direcciones con su característica acción de rascado. Los comederos cubiertos o con deflector resuelven el problema.
La dieta no presenta dificultades especiales. Aceptan pellets con facilidad (son de los psitácidas más receptivos a la conversión, posiblemente por su extrema curiosidad) y consumen verduras y frutas con entusiasmo. Como la mayoría de las psitácidas de Nueva Zelanda, muestran preferencia por las leguminosas: las arvejas son a menudo lo primero que comen en una mezcla de verduras congeladas.
La aspergilosis ha sido señalada por algunos criadores como una vulnerabilidad específica de la especie, aunque no existe consenso claro al respecto. La prevención pasa por la higiene habitual del aviario y evitar sustratos húmedos o con materia orgánica en descomposición. El otro problema frecuente en las hembras es la alopecia parcial -pérdida de plumas en la cabeza, generalmente reversible en la muda-, que puede tener origen genético, relacionado con consanguinidad, o ser consecuencia de un macho excesivamente activo en el acicalamiento.
El Anexo X del Reglamento europeo 865/2006 establece una lista de especies incluidas en los Apéndices de CITES para las que se eximen los requisitos habituales de documentación y marcado, por tratarse de animales criados en cautividad de forma plenamente establecida. Cyanoramphus novaezelandiae está incluido en ese Anexo. Los ejemplares nacidos en criadero dentro de la Unión Europea no necesitan certificado CITES individual para su comercialización y tenencia, solo los ejemplares salvajes. Obviamente, los mutados no lo son.
El kākāriki karaka: el pariente que no tuvo la misma suerte
A unos 18.000 kilómetros de los aviarios europeos donde los kakarikis de frente roja crían sin dificultad, el pariente más cercano de la especie libra una batalla de supervivencia que lleva décadas al límite. El kākāriki karaka (Cyanoramphus malherbi), conocido en inglés como orange-fronted parakeet, es el más raro de los seis kakarikis neozelandeses. Y uno de los pájaros forestales continentales más amenazados del país.
Su área de distribución silvestre se ha reducido a dos valles de las montañas de Canterbury —el valle Hawdon en el Parque Nacional Arthur’s Pass y el Hurunui South Branch en el Parque Forestal Lake Sumner— más una población isleña establecida artificialmente en Ōruawairua/Blumine Island. La población total oscila entre 300 y 450 individuos en el mejor de los casos, y ha llegado a estar tan cerca de la extinción que la especie fue declarada extinta dos veces en el pasado, antes de ser redescubierta en cada ocasión.
Las causas del colapso son las mismas que han devastado la fauna de Nueva Zelanda desde la llegada humana: depredadores introducidos (ratas, armiños, gatos asilvestrados, zarigüeyas) y pérdida de hábitat forestal. El kākāriki karaka nidifica en huecos de árboles, lo que lo hace especialmente vulnerable a la depredación por armiños y ratas, que acceden fácilmente a los nidos. En 2001, una sola plaga de ratas eliminó el 85 % de una de las poblaciones de valle en una temporada.
El programa de recuperación: cautividad al servicio de la conservación
El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda (DOC) y Te Rūnanga o Ngāi Tahu (el iwi maorí que reconoce el kākāriki karaka como especie taonga, de valor cultural e identitario) lideran desde hace décadas un programa de recuperación que combina control intensivo de depredadores, cría en cautividad y translocaciones a nuevos enclaves seguros.
La cría en cautividad comenzó en 2003 en el Isaac Conservation and Wildlife Trust de Christchurch. Desde entonces, el Trust ha criado más de 600 ejemplares y ha liderado el desarrollo de las técnicas de manejo que hoy utiliza el programa. El Zoo de Auckland y el Orana Wildlife Park de Christchurch se sumaron posteriormente como instalaciones de cría colaboradoras.
El hito más reciente del programa fue la translocación de noviembre de 2021 al Brook Waimārama Sanctuary de Nelson: la primera vez que el kākāriki karaka era introducido en un santuario cercado libre de depredadores. Los resultados han superado las expectativas. En las últimas estimaciones, el santuario alberga entre 250 y 300 ejemplares, lo que lo convierte en la mayor población conocida de la especie en el mundo.
En marzo de 2025, el programa completó una nueva translocación a la isla Pukenui/Anchor Island en el fiordo Tamatea/Dusky Sound de Fiordlandia, estableciendo así una cuarta población en un enclave libre de depredadores.
El contraste entre Cyanoramphus novaezelandiae y Cyanoramphus malherbi ilustra con precisión el papel que puede desempeñar la avicultura en la conservación. El kakariki de frente roja lleva décadas tan establecido en criaderos europeos que la propia regulación CITES reconoce que su población cautiva no depende del medio silvestre. El kākāriki karaka, que nunca alcanzó esa masa crítica en avicultura, depende hoy de programas institucionales de cría intensiva y de la existencia de santuarios libres de depredadores para no desaparecer. No son conclusiones, sino datos: la presencia extendida de una especie en avicultura puede ser, bajo determinadas condiciones, un recurso de conservación real.
Mundo Faunista es la publicación digital de la Federación FAUNA.
Fuentes:
Feisty Feathers — Red-fronted Kakariki ·
DOC Nueva Zelanda — Orange-fronted Parakeet / Kākāriki Karaka ·
RNZ — Big boost to tiny kākāriki karaka (2019) ·
Brook Waimārama Sanctuary — Translocation of kākāriki karaka ·
Reglamento (CE) 865/2006 — Anexo X
