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El canto del jilguero y sus parientes, según la ciencia

El jilguero, el verderón, el lúgano, el pardillo y el verdecillo están entre los mejores cantores de Europa. Tres estudios científicos permiten comparar sus cantos con datos: cuántas sílabas distintas manejan, cuánto duran sus estrofas, a qué velocidad trinan y si los más coloridos cantan mejor. Y, de paso, por qué casi ninguno de ellos es ya un Carduelis.

Por Redacción Mundo Faunista octubre 10, 2026 13 min lectura Avicultura
El canto del jilguero y sus parientes, según la ciencia

Jilguero en Tarn (Francia). Por Pierre Dalous - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0

Pocos grupos de aves europeas cantan tanto y tan bien como los parientes del canario: el jilguero, el verderón, el lúgano, el pardillo o el verdecillo. Cualquier aficionado sabe distinguirlos de oído. Pero ¿qué diferencia exactamente el canto de uno y otro? ¿Quién tiene más repertorio, quién canta más rápido, quién más agudo?

La ciencia lleva décadas midiendo estos cantos, y tres trabajos recientes permiten ponerlos en perspectiva. Antes, sin embargo, conviene aclarar una cuestión de nombres que afecta a todo el artículo.

Casi ninguno es ya un Carduelis

Durante mucho tiempo, el jilguero, el verderón, el lúgano, el pardillo y el pardillo sizerín compartían el género Carduelis. En avicultura se sigue hablando así. Pero en 2012, un estudio genético dirigido por Dario Zuccon, del Museo Sueco de Historia Natural, demostró que ese género agrupaba linajes que no estaban emparentados de forma directa.

Los parecidos entre ellos, como los colores o la forma del pico, eran en buena parte convergencias: soluciones parecidas a formas de vida parecidas. El género se dividió, y hoy cada especie tiene su propio nombre.

Jilguero: Carduelis carduelis. Sigue en Carduelis, junto al verderón serrano y el verderón corso.
Verderón común: Chloris chloris.
Lúgano: Spinus spinus, en el mismo género que el cardenalito de Venezuela y los jilgueros americanos.
Pardillo común: Linaria cannabina.
Pardillo sizerín: Acanthis flammea.
Verdecillo: Serinus serinus, el pariente más cercano del canario.

A todos ellos, junto con el canario y sus parientes africanos y asiáticos, los agrupamos aquí bajo el nombre de carduelinos. Es la forma más cómoda de hablar de todos ellos sin caer en nombres ya superados.

Cómo se mide un canto

Para comparar cantos con rigor, los científicos los convierten en espectrogramas: gráficos que muestran el sonido con el tiempo en el eje horizontal y la frecuencia, lo agudo o grave, en el vertical. Sobre ellos se identifica la unidad básica del canto, la sílaba: un sonido o grupo de sonidos que el ave emite sin volver a coger aire. Cuando una misma sílaba se repite seguida varias veces, forma un trino.

A partir de ahí se miden muchas variables. Un estudio de Agustín Casale, Pablo Tubaro y Darío Lijtmaer, del Museo Argentino de Ciencias Naturales, analizó con este método 1.248 cantos de 92 especies de fringílidos. Es un preprint publicado en diciembre de 2025, es decir, todavía pendiente de revisión por otros científicos.

Duración del canto: cuánto dura cada estrofa.
Frecuencia máxima y mínima: los sonidos más agudos y más graves.
Ancho de banda: la distancia entre ambos.
Tipos de sílaba: cuántas sílabas distintas aparecen.
Tasa de sílabas: cuántas sílabas por segundo emite el ave.
Índice de repertorio: cuánto cambian las sílabas de una estrofa a la siguiente; cuanto más alto, más variado es el canto.
Desviación vocal: cuánto se acerca un trino al límite físico de lo que el ave puede producir.

Cinco cantos, vistos

Para que el lector pueda ver lo que describen los estudios, hemos preparado los espectrogramas de cinco de estas especies a partir de grabaciones libres de xeno-canto, la mayoría hechas en Castilla y León. Todos están en la misma escala: 4,5 segundos de tiempo y de 0 a 12 kilohercios de frecuencia.

Espectrogramas comparados de una estrofa de verdecillo, jilguero, lúgano, pardillo común y verderón común, en la misma escala de tiempo y frecuencia
Una estrofa de cada especie. Grabaciones de xeno-canto: verdecillo XC1091645, jilguero XC1151089, pardillo XC1106590 y verderón XC1165037, de João Ferreira Tomás; lúgano XC703974, de Lars Edenius. Espectrogramas: Mundo Faunista.

Las diferencias saltan a la vista. El verdecillo canta más agudo que ningún otro, con la mayor parte de la energía entre 5 y 8 kilohercios, y encadena notas a una velocidad vertiginosa. El verderón hace justo lo contrario: toma una nota, la repite en un trino, y pasa a la siguiente. En esta estrofa encadena tres trinos, el primero de unas 24 notas por segundo y el último de apenas cuatro.

El pardillo gorjea sin apenas repetir nada, con un característico zumbido nasal hacia los 4,5 kilohercios. El jilguero mezcla ambas estrategias: series rápidas de notas descendentes y notas variadas entre ellas, con un final ascendente. Y el lúgano alterna un gorjeo suave con una frase silbada y descendente que repite como una firma, y con un zumbido áspero muy suyo.

Nuestras medidas (medianas de cada grabación completa):
Verdecillo: estrofas de 3,2 s · energía principal entre 4,9 y 8,1 kHz · máximo hacia 5,9 kHz.
Jilguero: 2,6 s · entre 3,9 y 5,7 kHz · máximo hacia 4,3 kHz.
Lúgano: entre 3,8 y 4,7 kHz · máximo hacia 4,3 kHz.
Pardillo común: entre 2,9 y 4,9 kHz · máximo hacia 4,1 kHz.
Verderón común: 1,5 s · entre 3,1 y 4,5 kHz · máximo hacia 3,9 kHz.

Son medidas orientativas, sacadas de una sola grabación por especie, no un estudio científico. Aun así, coinciden bien con los datos publicados: el estudio de Casale da 2,40 s al jilguero y 1,64 s al verderón, y Cardoso y Mota, unos 3 segundos al verdecillo. No damos la duración del pardillo ni la del lúgano: el gorjeo del primero tiene pausas muy irregulares, y la grabación del segundo dura solo 13 segundos.

Un último detalle: el verderón, el más robusto de los cinco, canta casi un kilohercio más grave que el jilguero, mientras que el pequeño verdecillo es, con diferencia, el más agudo. Pero como veremos más abajo, en este grupo esa relación entre tamaño y tono dista mucho de ser una regla.

Nueve especies, cara a cara

El material suplementario del estudio de Casale y sus colegas incluye los valores medios de cada especie, calculados sobre entre 5 y 10 machos grabados en xeno-canto y en la Macaulay Library. Eso permite comparar directamente a varios de nuestros fringílidos.

Gráfico de barras que compara la duración de la estrofa, la velocidad en sílabas por segundo y el índice de repertorio de nueve fringílidos europeos: jilguero, verderón corso, verderón común, pardillo común, pardillo piquigualdo, canario silvestre, pinzón vulgar, piquituerto y picogordo
Duración, velocidad y variedad del canto de nueve fringílidos europeos. Datos: Casale, Tubaro y Lijtmaer (2025), tabla S5. Gráfico: Mundo Faunista.

Jilguero: estrofas de 2,40 s · 10,08 sílabas por segundo · índice de repertorio 6,21.
Verderón común: 1,64 s · 12,10 sílabas/s · índice 1,93.
Pardillo común: 2,85 s · 11,01 sílabas/s · índice 7,90.
Pardillo piquigualdo: 1,82 s · 6,98 sílabas/s · índice 5,70.
Verderón corso: 0,65 s · 8,57 sílabas/s · índice 1,63.
Canario silvestre: 3,41 s · 5,52 sílabas/s · índice 3,84.
Pinzón vulgar: 2,49 s · 9,32 sílabas/s · índice 3,94.
Piquituerto: 2,36 s · 6,03 sílabas/s · índice 3,26.
Picogordo: 3,88 s · 2,02 sílabas/s · índice 4,00.

Los números confirman lo que dice el oído. El verderón es el más rápido de todos, con más de 12 sílabas por segundo, pero también uno de los menos variados: repite mucho, porque su canto es casi todo trinos. El pardillo común es el campeón de la variedad, con el índice de repertorio más alto de la lista, y además canta muy deprisa. El jilguero combina ambas virtudes: rápido y variado.

Llama la atención el verderón corso, pariente cercanísimo del jilguero, con estrofas de apenas 0,65 segundos y muy poca variedad. Y el picogordo, que canta despacio, con solo dos sílabas por segundo.

¿Y el lúgano? Se analizó con otro método: como sus cantos son muy largos, se midieron fragmentos de 10 segundos en lugar de estrofas completas, así que sus cifras no son directamente comparables. Aun así, su índice de repertorio, 8,64, es el tercero más alto de los 17 Spinus estudiados, en un género que el estudio destaca por reunir algunos de los cantos más complejos de la familia.

Conviene tener presente que estas cifras dependen del método. Por ejemplo, este estudio da al canario silvestre estrofas de unos 3,4 segundos, mientras que Cardoso y Mota, con otros datos y otro criterio, hablan de unos 10. Lo importante es la comparación entre especies medidas de la misma forma.

Repertorios: del verderón al jilguero

Los carduelinos aprenden su canto, como el resto de los pájaros cantores. Eso les permite acumular repertorios de sílabas muy variados. En un capítulo publicado en 2024 en el libro The Canary, de la editorial Elsevier, los investigadores portugueses Gonçalo Cardoso y Paulo Gama Mota recopilan lo que se sabe de algunas especies.

Verderón común: unas 20 sílabas distintas.
Verdecillo: de unas 40 a más de 80 sílabas.
Canario silvestre: unas 60 a 80 sílabas.
Jilguero: un repertorio que, según los estudios de Güttinger y Clauss, parece ser aún mayor.

El jilguero es, por tanto, uno de los cantores más ricos del grupo, algo que cualquier aficionado al silvestrismo intuía. Su canto mezcla gorjeos y trinos, pero siempre incluye su reclamo característico de tres sílabas.

Trinos frente a variedad

Los carduelinos se reparten a lo largo de una escala. En un extremo están las especies que casi nunca repiten una sílaba, como el canario del Cabo. En el otro, las que trinan casi todo el canto, como el verderón. Por eso el canto del verderón suena más repetitivo y el del jilguero, más variado.

El contraste más llamativo es entre dos especies hermanas: el verdecillo y el canario silvestre de Canarias.

Verdecillo: estrofas de unos 3 segundos, con solo un 30 % de las sílabas formando trinos.
Canario silvestre: estrofas de unos 10 segundos, con un 60 % de sílabas en trinos.
Canario doméstico: según la raza, la proporción de trinos puede acercarse al 100 %.
Media del grupo: en 44 especies estudiadas, la estrofa media dura unos 5 segundos; en algunas se acerca a 10.

El verdecillo es además un caso extremo. Canta con frecuencias más agudas de lo que le correspondería por su tamaño, tiene los intervalos más cortos entre sílabas de todo el grupo y los trinos más rápidos. Y aun así, sus sílabas no son más simples que las del canario: usan incluso más a menudo las dos «voces» simultáneas que permite la siringe, el órgano vocal de las aves.

Cardoso y Mota apuntan dos posibles explicaciones, que pueden actuar a la vez. El verdecillo podría haber estado sometido a una selección sexual especialmente intensa. O el canario, aislado en sus islas, con poblaciones más densas y menos competencia por pareja, podría haber relajado esa presión y simplificado su canto.

Proezas vocales

Los trinos son también una forma de demostrar capacidad física. Repetir una sílaba muy deprisa y, a la vez, recorrer un gran rango de frecuencias exige mover los músculos de la siringe, el pico y la garganta a toda velocidad. Hay un límite fisiológico, y las aves que se acercan a él demuestran su calidad.

El estudio de Casale y sus colegas confirma que en eso los fringílidos son excepcionales.

Trinos de récord. Algunas especies de fringílidos alcanzan trinos de hasta 75 sílabas por segundo. Varias mantienen anchos de banda de 3 a 5 kilohercios en trinos de hasta 50 sílabas por segundo, muy por encima de lo que se observa en otras familias de pájaros. Entre las especies con los trinos más rápidos del estudio figuran el pinzón vulgar y el piquituerto.

En los trinos lentos, el ave coge aire entre sílaba y sílaba con minirrespiraciones. En los muy rápidos no hay tiempo: el ave mantiene la presión del aire constante y controla el paso del aire con los músculos de la siringe, en un patrón pulsátil.

El tamaño no manda

En casi todos los animales, las especies más grandes emiten sonidos más graves. Sus órganos vocales, mayores, producen y amplifican mejor las frecuencias bajas. Los carduelinos son una excepción notable: no hay relación entre su tamaño y lo agudo de su canto. La especie más grande del grupo, un verdecillo africano de pico grueso, Crithagra burtoni, tiene uno de los cantos más agudos.

El tamaño sí influye en los trinos. Las especies más grandes, con picos más grandes y lentos de mover, tienen trinos de menor rendimiento. Entre las pequeñas, en cambio, hay de todo: el tamaño pone un techo, pero no obliga a nadie a alcanzarlo.

Cantar más al norte

Cardoso y Mota señalan otro patrón curioso. Las especies de latitudes más altas, y las que ocupan un rango de latitudes más amplio, tienen de media cantos más largos, con más sílabas y más complejas. En el norte, las temporadas de cría son más cortas y la competencia por pareja, más intensa, lo que favorecería cantos más elaborados.

Aprendizaje, dialectos e híbridos

Al ser un canto aprendido, aparecen dialectos. La mayoría de los verderones de una misma localidad comparten sus sílabas, pero no con los de otras zonas. Y los verdecillos vecinos comparten más sílabas que los que viven a unos kilómetros, o que los grabados en el mismo lugar años después.

Pero no todo es aprendizaje. Los estudios de Güttinger con híbridos de canario y verderón, y de canario y jilguero, mostraron que su canto es intermedio entre el de las dos especies parentales. Los pollos nunca habían oído un canto así, luego la forma de estructurarlo tiene que venir en parte de los genes.

Para el avicultor. Estos estudios explican lo que los criadores saben por experiencia. El canto se aprende de un tutor, y por eso importa tanto con quién crece un pájaro joven: los jilgueros criados junto a canarios tienden a perder su canto y su reclamo propios. Pero cada especie tiene también una «gramática» heredada, y por eso los mixtos tienen un canto propio, distinto del de sus dos padres.

¿Cantan mejor los más coloridos?

Darwin sugirió que las aves con cantos más elaborados suelen tener colores más discretos, como si ambos adornos se compensaran. Los estudios en carduelinos han dado respuestas contradictorias. En 2002, un trabajo de Alexander Badyaev encontró esa relación negativa. En 2024, Cardoso y sus colegas hallaron lo contrario: las especies más coloridas tenían trinos de mayor rendimiento. Pero ellos mismos comprobaron que la relación desaparecía al tener en cuenta el tamaño corporal.

El preprint de Casale, Tubaro y Lijtmaer, el más amplio hasta la fecha, no encuentra relación alguna, ni en el conjunto de la familia ni dentro de los géneros Spinus y Crithagra. Todo indica que en los fringílidos el color y el canto evolucionan cada uno por su lado. El jilguero, a la vez colorido y gran cantor, es un buen ejemplo.

Fuentes:
Casale, A. I., Tubaro, P. L. y Lijtmaer, D. A. (2025). Evaluating the association between vocalizations and colouration in finches (Fringillidae), a passerine group with elaborate signals. bioRxiv (preprint), con material suplementario, tablas S5 y S7. DOI: 10.64898/2025.12.02.691818
Cardoso, G. C. y Mota, P. G. (2024). Evolution of song and colour across the canary relatives. En: The Canary. Elsevier. DOI: 10.1016/B978-0-443-15350-1.00007-1
Zuccon, D., Prŷs-Jones, R., Rasmussen, P. C. y Ericson, P. G. P. (2012). The phylogenetic relationships and generic limits of finches (Fringillidae). Molecular Phylogenetics and Evolution, 62: 581–596.

Redacción Mundo Faunista

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